martes, 20 de diciembre de 2011

Aravaca reivindica una biblioteca pública


Lectura de cuento

Aravaca reivindica una biblioteca pública

Los vecinos de Aravaca salieron a la calle para reivindicar una biblioteca pública. Fueron convocados por la asamblea 15-M de allí, que organizó talleres apara niños y adultos y una lectura de cuentos cortos en la que tuve el gustazo de participar. Leí uno de los cuentos que están publicados en este blog titulado “La era del guacamayo”, que escribí siguiendo el imaginario del 15-M.

El acto se celebró el sábado 17 de diciembre en la Plaza de la Corona Boreal, una de las más céntricas del pueblo y dónde tienen su lugar en la actualidad las escasas dependencias municipales que hay allí.

Me sumé al mismo invitada por Cristina Lewis, amiga de mi madre de tantas y tantas fatigas políticas en los tiempos difíciles. Me sumé también porque Aravaca fue mi pueblo de pequeña, allí vivieron mis abuelos y abuelas y hoy todavía reside una de las hermanas de mi madre, que vive en la casa familiar que conservan entre todos en una pequeña zona que todavía se mantiene como pueblo.
Taller de lectura

Los vecinos reivindicaban que Aravaca fuera distrito municipal, al fin y al cabo, no hace tanto tiempo era un pueblo independiente de Madrid, pero hoy pertenece al distrito de Moncloa; también pedían una biblioteca pública, un instituto público y servicios municipales.
Cuentacuentos
Como se puede observar en las fotografías algunos de los participantes eran maestros de la escuela pública, que acudieron con sus camisetas verdes reivindicativas y que participaron ofreciendo una divertida clase de inglés y un Cuentacuentos para niños y adultos.
Clase de inglés

Actos como este son muy necesarios. Nuestros gobernantes deben saber que seguimos ahí, luchado por lo que es justo, que pelearemos tanto por las cosas pequeñas como por las grandes. Deben saber que somos muchas las personas que vamos a salir a la calle a seguir reivindicando lo que necesitamos y que no nos vamos a rendir. 
En este sentido, es necesario que sigamos ocupando las plazas públicas, para que los ciudadanos nos vean, para seguir explicando que las imposiciones de recortes de los servicios públicos que se llevan a cabo para saciar el apetito desmedido de los mercados no son justas y que se pueden y de deben hacer otras políticas que tengan en cuenta a las personas. Por eso hay que seguir acudiendo a las llamadas de las asambleas del 15-M, y seguir vertebrando un movimiento social que puede ser el germen de una nueva forma de hacer política desde el diálogo y la cooperación en igualdad.
Recogida de firmas para la biblioteca
A continuación pego un cuento que no leí en la Plaza, pero que quiero colocar en este post porque habla de una sociedad primitiva  y con dificultades, pero en evolución, camino de hacerse más humana. A veces hay que cuestionarse lo que nos enseñan como lo normal para poder evolucionar.

Día de matanza
Las olas del mar golpean una y otra vez contra las rocas. No nos dejan dormir. Golpean furiosas, como si anticiparan lo que tiene que ocurrir. Se escucha su estruendo como si fueran a irrumpir dentro de la choza de un momento a otro. Estamos tumbados los tres juntos y solo tenemos un pensamiento. Sufrimos pensando en lo que sucederá en lo que levante el día, menos madre y padre, que duermen entre las pieles arrullados el uno junto al otro.  Madre decidió durante la pasada luna que había llegado el momento de sacrificar al cachorro. Madre dijo que se había cumplido su tiempo y que a la carne que se cría para comer no hay que cogerle cariño. Eso dijo.


También dijo que aquí, en la Isla de las Tres Colinas escasea la carne, y que nosotros somos afortunados. Tenemos un cachorro bien cebado para compartir con los vecinos en la fiesta de la matanza. Nosotros no queremos matar al cachorro, ¿cómo vamos a comer su carne? No podemos. No se come a quien se quiere. Pero madre no lo entiende, madre repite una y otra vez que ya nos lo advirtió, que no había que jugar tanto con el cachorro, que no hay que jugar con la carne que se cría para comer, porque a la carne que se cría para comer no hay que tomarle afecto. Mis hermanos y yo tenemos esa frase de madre golpeando nuestras cabezas desde que madre anunció durante la pasada luna que había llegado el momento de comerse al cachorro. La frase nos golpea la cabeza como las olas del mar contra las rocas, que están furiosas y no nos dejan dormir.


Quedan pocas horas para que degüellen a Makuyá, así se llama el cachorro, y le saquen hasta la última gota de su sangre. Las mujeres cuajarán su sangre y la guisarán con unos cardillos, es una comida deliciosa, que se toma al inicio del festín. ¿Pero cómo nos vamos a comer la sangre de Makuyá, por muy bien guisada que esté? Makuyá es uno más de nosotros, comparte todos nuestros juegos. Le pusimos ese nombre porque desde el principio nos pareció que el cachorro era igualito que el hermano de madre, el que murió en una refriega con los de la Isla de los Tres Valles.  Es terrible lo que va a suceder. No sabemos si Makuyá duerme. Está fuera, en un corralito que está junto a la choza, atado con una gruesa liana al tronco del cocotero que cuida padre. Nosotros seguimos despiertos, temblamos como si tuviéramos frío, pero no hace frío bajo las pieles del oso, es el espanto el que nos hace temblar, el adelanto de los gritos de Makuyá cuando lo degüellen golpea sin tregua nuestras cabezas, como las olas enfurecidas arrasan las rocas del acantilado. Cuando lo capturaron era pequeño y  escuálido, pero madre dijo que bien cebado haría un buen apaño cuando llegara su momento. Y su momento ha llegado, los suaves colores del alba están a punto de aparecer por encima del acantilado, queda muy poco para que las mujeres de la aldea se reúnan y despiecen su carne para el gran festín de la cosecha de cocos.


Licor de cocos y carne de cachorro. Cada doce lunas se celebra la fiesta de la matanza, pero esta fiesta no es igual que las anteriores para nosotros. Se quieren comer a nuestro cachorro. Makuyá no debe tener más de ciento veinte lunas, es casi del mismo tiempo del hermano pequeño, pero madre solo lo ve como carne para comer. No entendemos a madre. Con lo dulce que se muestra con nosotros, ¿cómo es posible que madre pueda matar al cachorro? Ella también le ha visto crecer, le ha alimentado. Hemos comido otras veces carne de cachorro, pero éste es diferente. Es nuestro cachorro, tiene nombre, es Makuyá y nos habla, nos llama por nuestro nombre y juega con las tabas de oso mejor que nosotros.


El alba inunda ya la meseta sobre el acantilado. El mar golpea fuerte contra las rocas. Igual que la frase de madre golpea dentro de nuestras cabezas: no hay que coger afecto a la carne que se cría para comer.




lunes, 28 de noviembre de 2011

Espacios comunes en Xirivella



Reflejo


Espacios comunes en Xirivella

El jueves 24 de noviembre se inauguró la exposición de fotografías y poemas Espacios comunes en la Casa de la Cultura de Xirivella (Valencia), Plaza de la iglesia, 1. 



La muestra, que podrá contemplarse hasta el 2 de diciembre, recoge más de treinta fotografías con sus correspondientes poemas del trabajo Espacios comunes, un proyecto gráfico y poético que llevo realizando desde hace un par de años. Se compone de imágenes que recojo en los Espacios comunes de la ciudad y que han ido adquiriendo un trasfondo metafórico que completa con palabras mi visión del mundo como ser social.

Lo femenino está muy presente en mis imágenes, tanto poéticas como gráficas, en un intento expresivo de sacar la voz diferenciada de las mujeres.

La exposición se enmarca dentro de los actos conmemorativos del 25 de noviembre, día internacional contra la violencia de género que ha organizado la coordinadora de Dones por la Igualdad de Xirivella.

La muestra fue inaugurada por Carmen García Albero, presidenta de la asociación Dones en Acció de Xirivella y por Trini Martínez, Concejala de la Mujer del Ayuntamiento de Xirivella.


Después de la inauguración realicé una lectura de poemas del libro que publiqué el año pasado, Espacios comunes, en el que se recogen parte de los poemas y de las fotografías presentes en la muestra.

Pego unas fotografías del día de la inauguración, en la que me acompañaron muchas mujeres de la coordinadora.

Grupo de mujeres de la coordinadora Dones por la Igualdad


Carmen García Albero y yo.


Carmen García Albero inaugurando la muestra, con la concejala de la Mujer, Trini Martínez y la Teniente de Alcalde, Fina Cotino..

Trini Martínez, Concejala de la Mujer y yo.


Dar el salto

Esta es una de las fotografías presentes en la muestra, con su correspondiente poema:


Para dar el salto
Para dar el salto
camino lento
la distancia
que me separa de mi propia Luna.

Para dar el salto
conjuro el silencio,
acaricio suave
la añoranza de un futuro incierto.

Para dar el salto
transito un espacio casi eterno,
abrazo en mí
a todas las mujeres plenas.

Me precipito,
y tomo impulso
para dar el salto,
quiero llegar a ese lugar
donde sea perfectamente
dueña de mí misma.                                                   






sábado, 22 de octubre de 2011

“Con tu puedo y mi quiero”: Madrid, “capital de la gloria”

El joven de los carteles

“Con tu puedo y mi quiero”: Madrid, “capital de la gloria”
“Con tu puedo y mi quiero/ vamos juntos compañero”. Recupero estos dos versos de una canción de Adolfo Celdrán para iniciar una breve reflexión sobre lo que vivimos el sábado 15 de octubre en la impresionante manifestación de Madrid convocada por el Movimiento 15M.
Sol atestado
Esa tarde de un octubre veraniego Madrid volvió a ser la “capital de la gloria” (como Alberti la bautizara en los años treinta). El movimiento 15M está consiguiendo hacer de Madrid, que estaba como adormecida, la madre de una nueva rebelión global. “Con tu puedo y mi quiero” cientos de miles de madrileños (medio millón de personas) caminamos juntos para volver a reclamar una auténtica democracia. Una democracia que represente a las personas, no a los capitales. Una democracia en la que el respeto a los derechos humanos y a los derechos sociales sea un hecho cierto, y no una frase bonita escrita en un papel.

Esperando la asamblea
Una de las pancartas decía “Bilderberg siempre gana las elecciones antes de que votemos”. Por eso marchamos en Madrid y en 951 ciudades en todo el mundo, para terminar con los clubs infames, como el Club Bilderberg, en el que se reúnen los más poderosos para planificar cada estafa global. Madrid prendió la mecha de la rebelión de las palabras con la gran acampada de la Plaza Solución del pasado mes de mayo y poco a poco se ha ido contagiando a muchos lugares del mundo. Porque la estafa es global y afecta millones de personas en todo el Planeta.

La manifestación de Madrid fue una de las más numerosas. Las personas acudieron de nuevo con sus lemas, con sus frases escritas sobre cartones o sobre cartulinas de colores. Frases ingeniosas para reclamar otro mundo posible, para exigir o simplemente para expresar la frustración y la crítica. Frases como estas: “Seamos realistas, pidamos lo imposible”; “No hay revolución sin libros”; “A pueblo cobarde, roban de balde”; “Sal a la calle, crea otro mundo”; “Dictadura de bancos, NO”; “Mi futuro es ahora”; “Recortar: robo legal”; “Pienso, luego resisto”; “¿Dónde está la Tasa Tobin?”; “No somos mercancía”; “Recortar a banqueros y al clero”…

Cuando finalizó la marcha, la Puerta del Sol volvió a llenarse de personas que querían diálogo. Fue muy emocionante la conexión en directo con otras ciudades y la realización de una gran asamblea en la que muchos pidieron la palabra y participaron.
Plaza de las palabras


Mención especial merecen todas las personas que se manifestaron con la camiseta verde que identifica a quienes luchan en esta Comunidad por la dignidad de la escuela pública, la de todos, que el Gobierno neoliberal de Aguirre quiere sepultar. Fueron muchos los que acudieron vestidos de verde, mi solidaridad desde este blog hacia todos ellos, pues defienden nuestro futuro. Sin una escuela pública de calidad es imposible construir un futuro con las mínimas garantías de cohesión social e igualdad de oportunidades.
Sueña

Pego a continuación un cuento construido sobre los mimbres del imaginario colectivo que rodea al movimiento 15M. Es una propuesta realizada por Víctor García Antón al grupo de literatura y cuento creativo en el que él imparte clases en Fuentetaja y en el que participo. Crear es una manera de contribuir al cambio social y propuestas como esta nos enriquecen como personas.


La era del guacamayo
Es lunes. Hora punta. La estación del metro de Sol bulle de personas que caminan aceleradas de arriba abajo para cambiar de una línea a otra. Parecen hormigas recorriendo túneles de luz artificial sin sentido aparente. El ajetreo produce un ruido de fondo que aísla a cada una con sus propios pensamientos. Lo único que importa es ahorrar tiempo.
Es lunes. Hora punta. El andén está abarrotado. Las personas se apretujan para subir al convoy que anuncia su entrada en un minuto.
Un minuto. Solo falta un minuto para subir al tren cuando un gran pájaro de colores brillantes irrumpe en el vestíbulo justo antes de que llegue el metro. El animal planea sobre las cabezas de las personas que esperan impacientes. Bate sus alas y da varias pasadas hasta encontrar un lugar sobre el que aterrizar. El pájaro tiene las alas del color de la turquesa y el pecho escarlata. Todas pueden contemplar lo hermoso que es cuando se posa sobre una de las papeleras que hay en el centro del andén.
El murmullo del lunes en hora punta ha cesado. Se ha hecho un silencio de expectación en torno al animal. Solo se oye el roce de las ruedas del tren contra los raíles al hacer su entrada en el vestíbulo. Las personas no se montan en los vagones. Tanto las que esperaban como las que salen del metro se agolpan curiosas para ver al pájaro. Poco a poco se van sentando, haciendo una especie de círculo para poder contemplarlo como si estuviera subido en un pequeño escenario.
Es lunes. Hora punta. No es un lunes como los demás. El convoy parte vacío de la estación de Sol, que está cada vez más abarrotada de personas que se apretujan unas con otras rodeando al pájaro de alas del color de la turquesa y el pecho escarlata.
-¡Qué hermosura! -se oye murmurar- por fin.
-¿Cómo ha llegado aquí este animal?- pregunta una señora- ¿de dónde ha salido?
-¿Qué hacemos? -dice una chica muy delgada, que se apoya en una gran maleta verde- Porque, habría que hacer algo, ¿no?, -remacha con determinación.
Un hombre tranquilo, con aspecto de profesor de secundaria, se levanta y se sitúa en el centro del corro pidiendo calma. Con tono didáctico explica a los presentes que el pájaro que están viendo es un raro ejemplar de guacamayo gigante del Amazonas. Dice que se trata de un animal muy listo y muy sensible, y que hay que tratarle con cuidado.
-Nada de movimientos bruscos a su alrededor. Hagamos lo que hagamos -dice en medio de un gran silencio, solo interrumpido por la llegada de otro tren, que escupe de sus tripas más y más personas, volviendo a partir vacío- no hay que asustarle, de lo contrario podría perder el habla.
-¡Ah!, ¿pero estos bichos hablan? –inquiere, con curiosidad, un hombre con cara de aburrido empleado de banca.
-¡Pues claro que hablan! -exclama un anciano impecablemente vestido-, ¡pues menudos son estos pájaros…!
-Propongo que llamemos a la protectora de animales-, se oye desde el fondo.
-¿A la protectora? Mejor sería avisar al zoológico. Seguro que se ha escapado de allí, comenta un chaval con pinta de jugador de baloncesto, que casi se cae a la vía por la presión de la gente.
El grupo va aumentando entorno al guacamayo de las alas del color de la turquesa y el pecho escarlata, que cualquiera diría que se siente fascinado al convocar tanta expectación. El animal hincha el plumaje de repente y extiende las alas mostrando sus vivos colores tropicales y la belleza elegante de las largas plumas del extremo de su cola,  provocando un prolongado “¡ohhhh!” de admiración de todos los presentes.
Los trenes se suceden en el andén del metro de Sol, este raro lunes en hora punta, sin que nadie se suba a ellos. Llegan más y más personas que se unen al corro, y el grupo crece y crece. El andén está abarrotado, a punto de reventar. Todo el mundo quiere opinar sobre cuál es la mejor manera de proceder.
Una hora después ya no se cabe. El recinto de la estación de Sol está atestado. Tanto, que las personas ocupan ya hasta las vías, desafiando la llegada de los trenes, que han tenido que ser retenidos causando un atasco de trenes nunca visto en la ciudad.
El caos y el ruido invade por completo el espacio. Los que están más cerca del guacamayo permanecen sentados en el suelo levantando la mano para pedir su turno para hablar, pero resulta inútil, nadie hace caso ya. Muy al fondo, se oyen los silbatos de los guardas del metro que intentan abrirse paso a empujones entre la multitud, cuando el pájaro grita de repente con las alas del color de la turquesa completamente extendidas. Se hace un silencio tal que solo se escucha con nitidez el “tic, tac” del reloj de cadena que lleva colgado de un bolsillo de su chaleco el anciano impecablemente vestido. 
Es lunes. Hora punta. No es un lunes cualquiera en la estación del metro de Sol. Es el primer lunes de la era del guacamayo de las alas del color de la turquesa y el pecho escarlata.



 

jueves, 29 de septiembre de 2011

Aprendo

Acariciando estrellas


Aprendo
Aprendo a vivir en todas partes,
y en tu lecho.
Aprendo a salir de mi silencio,
a cantar de mi consuelo.
Aprendo a palpitarte
y a gozarte.
Aprendo a sentir
en el balcón ligero
de tu pecho.
Aprendo a recorrer
Tangente
arrugas bellas,
las siembro y las palpo
en cada espejo.
Aprendo a dibujar
un beso,
succionado con fuerza
de tu sexo.
Aprendo a palpitarte
y a gozarte,
desalojado así de tu silencio.
Aprendo a escabullirte de ti mismo,
a desesperarte
y a abrazarte.
Aprendo
en un abrazo tenso
a reconstruirme
y a saciarme.
Aprendo en ti
cuanto hay de mí,
en una mano abierta
palma arriba.
Aprendo a reconocer
mi espacio
en un hueco
rosado de tu cuerpo.
Aprendo a que me esperes,
y a esperarte.
Aprendo a palpitarte
y a quererte,
aprendo.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Canción de Kiko


Mejillas tiernas

Pego un poema sobre el amor, el que perdura, el que nos acompaña a lo largo de la vida. Ese tipo de amor que intentamos olvidar un día, pero se quedó ahí, muy dentro, como dormido, esperando el momento de ser acariciado con delicadeza para salir otra vez, como en la época de las mejillas tiernas, como galletitas. 
La foto es de unas mejillas tiernas un poco enjauladas, un poco soporte de gallinas. Las dos imágenes estaban bien pegaditas sobre una de esas puertas de madera recia, viejas y sucias de un rincón perdido en la urbe barcelonesa. La suerte quiso que un artista urbano decidiera darle nueva vida. A veces en las puertas viejas puede resurgir la vida en un destello. Y así pasó aquí. La puerta revivió.
La foto y el poema se complementan. Van por Kiko Veneno, que me ha prestado canciones para poner banda sonora a algunos momentos de mi vida. 

Canción de Kiko
Desde la época de las mejillas tiernas,
estás ahí.
Desde la época de las mejillas tiernas
parpadeo con cadencia cuando pronuncio tu nombre,
muy bajito.
Y me veo a mi misma añorando tu ausencia.
Una palabra tuya
en el correo de media mañana,
el cerebro ágil,
la imaginación fresca,
los sentidos despiertos,
la piel de gallina al imaginar un sutil roce.
Una palabra tuya...
y vuelvo a estar perdida.
Comencé otra vez a añorar tu ausencia.
Como en la época de las mejillas tiernas,
…como galletitas,
sigo escuchando esta canción de Kiko.
Y aunque ya no tengo las mejillas tiernas,
digo lo que realmente pienso,
con la mirada.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Tiempo abierto




Ángel dormido


Con los brazos abiertos

Hola!, ya estoy de vuelta. Primera entrada en el blog tras las vacaciones. Pego dos imágenes que contrastan y un poema de amor.

Las imágenes las tomé este verano en Italia. La primera en El Valle de los Templos en Agrigento, la Magna Grecia en plena Sicilia. Se trata de una escultura de Igor Mitoraj. Contemplar los cuerpos clásicos rotundos y gigantescos de Mitoraj rendidos a los pies de templos griegos milenarios fue una experiencia visual sorprendente y táctil. Recorrimos con nuestros ojos y nuestras manos las formas redondeadas de los cuerpos de bronce caldeados por el sol ardiente del medio día siciliano. Parecía que este ángel estaba dormido ante nuestros rostros y que en cualquier momento podía extender sus alas y alzarse como un gigante sobre nuestras cabezas. Pero no sucedió, prefirió seguir así, con los ojos cerrados, en un sueño profundo y eterno.

La segunda imagen está tomada en una pared de Nápoles. Se trata de la silueta de una mujer con los brazos extendidos. O lo que queda de ella. La mezcla de colores de fondo y la insinuación de su vientre casi difuminado convierten esta imagen en una especie de recreación de los sueños. Mientras la contemplaba, tenía la sensación de no encontrarme allí, en una calleja sombría de Nápoles, sino en un espacio onírico, caminando y saboreando los colores suaves y las formas levemente insinuadas grafiteadas y emborronadas por la suciedad de la pared. Por un momento me escapé y viajé al interior de esa cara inexistente. Le puse ojos para mirar y boca para besar. Por unos instantes me vi mi misma con los brazos abiertos, esperando justo el momento para abrazar ese instante de vida que palpita cuando disfrutamos con todos los sentidos.

Para acompañar estas imágenes he colocado un poema de amor. Lo escribí en un momento especial de mi vida, cuando comencé a despertar, a salir de una atonía vital que me mantenía atada por los tobillos. Se titula "Tiempo abierto", justo donde me encuentro ahora, en el espacio que fluye dentro de un tiempo abierto.




Tiempo abierto
Pronuncio lo esencial,
y te convoco.
Te respiro a mi lado.
Te sueño.
El tacto de tu piel
acude a la yema de mis dedos,
como un pálpito callado en el silencio.
Cada poro de mi piel
se eriza,
al reproducir ese sutil roce
que electrifica mi cuerpo al conversar.
Me despierto,
empapada de ausencia,
añorando otro espacio compartido
de memoria,
de delicado presente.
De tiempo abierto.

domingo, 10 de julio de 2011

¡Menudo pájaro!

Pego un cuentecito un poco negro. La ilustración es de Astrid Saalmann, amiga y pintora excelente, que  realizó este dibujo magnífico para ilustrar el relato.

Pajaritos II, de Astrid Saalmann
¡Menudo pájaro!

“Suiza es el paraíso de los animales. Su legislación los ampara hasta el punto de considerar maltrato el hecho de tener un canario enjaulado sin una pareja”…,
-Vaya Pichí, ¿has oído lo que dice la radio esta mañana? Menudas noticias dan a las siete últimamente. Me gustaría saber si en Suiza tratan tan bien las personas…, en fin, aunque seguro que a ti te parece estupendo, claro que la radio hablaba de “canarios”,  lo mismo a los “periquitos”…¡pero que guapo eres, Pichí! ¡Te voy a dar una sorpresa!, a los niños les va encantar también, …a ver si en esta casa empezamos a disfrutar un poco, que falta nos hace.
María Encarnación era una mujer de mediana edad, rondaba los cuarenta. No había tenido una vida  fácil, lo que se traducía en una expresión de cierto desaliento sólo cuando se la pillaba distraída. Si estaba atenta, procuraba mostrar una sonrisa abierta y franca, que disipaba cualquier duda sobre su verdadero estado de ánimo.  Aquélla mañana se había despertado con más energía de lo habitual, no sabía si achacarlo a que faltaba poco para primavera, a que por fin había salido el sol -no recordaba un invierno tan frío y lluvioso en Madrid, como el que estaba a punto de finalizar -, o a que últimamente su ex marido por fin les estaba dejando un poco tranquilos a ella y a sus hijos. Sería esto último.
El caso es que se encontraba con fuerzas renovadas, y decidió dar una sorpresa sus hijos. Desde que accedió a tener aquél periquito, Pichí, se llamaba, ellos  no habían parado de pedir una hembra para que criaran. Al parecer, su hijita Ana había visto como unos poyuelos de “canario” rompían el cascarón en casa de una amiguita del cole. Fue tan gráfica,  detallada y entusiasta la descripción que realizó del hecho a su hermano Juan, que parecía que él también hubiera vivido aquél suceso. La noticia de la radio la había terminado de decidir, a ver si es que únicamente los pajaritos suizos iban a tener derecho a pareja…Despertó a Ana y a Juan con un beso en la mejilla como todos los días y cuado se sentaron a la mesa de la cocina les dio la noticia con el tazón de leche bien caliente del desayuno.
-Bravo, ¡por fin Pichí va a tener novia!, gritaba Ana alborozada.
-Pichí, Pichí, tío que por fin te van a traer una periquita, decía Juan.
De camino al colegio hicieron los planes para la tarde,  irían a la pajarería de Hajmed -cerca de la Plaza de la Cebada- donde compraron a Pichí, para que les ayudara a elegir una pareja.
Cuando dieron las cinco de la tarde, María Encarnación estaba a la puerta del colegio de sus hijos resguardada debajo de un paraguas, porque otra vez el invierno había vuelto a ganarle la partida a la primavera, y el sol matinal se había tornado mustio y enfermizo a la hora de comer, amenazando con descargar un buen chaparrón, que ya se hacía notar sobre el techo del paraguas. Decidió no hacer caso del mal tiempo y poner buena cara, que los niños estaban a punto de salir y era un día muy especial para ellos: la parejita de Pichí esperaba en la pajarería. 
El timbre del colegio la sacó de sus pensamientos. Ana salió como siempre con las coletas descolocadas y la falda retorcida, era inquieta y movidita y no tenía edad para reparar en su aspecto.  En cambio Juan era reflexivo y responsable. Se preocupaba por todo lo que había a su alrededor y pretendía prevenir tanto el devenir de los acontecimientos, que se olvidaba de disfrutar.
Haciendo honor a su carácter, cuando Juan salió  por la puerta lo primero que le dijo a su madre fue: “vaya tarde se ha puesto, mamá, esperemos que la nueva pareja de Pichí no coja frío, que hoy he leído en la biblioteca del cole que las hembras de periquito son muy sensibles al frío”.   En cambio Ana, ni frío ni nada, ya estaba disfrutando de la periquita antes de  tenerla siquiera en sus manos y había elegido cuatro nombres: Haky, Wichita, Mikío y Nayita.
-¿Qué os parecen?- preguntó. 
-Horrendos -sentenció su hermano.
-No digas eso, -dijo María Encarnación-, Mikío es un nombre estupendo para la novia de Pichí, suena exótico y sonoro, le gustará.
-Mamá, estamos hablando de un pájaro, a él qué más le da. 
-No seas tan serio, hijo, venga, es un buen nombre, tu hermana ha hecho el esfuerzo de buscar varios, y Mikío es pegadizo, no se nos olvidará.
-Está bien,…lo que os parezca. Pero le tenemos que decir a Hajmed que elija bien, que he leído que es complicado de distinguir el sexo femenino en los periquitos.
-No te preocupes tanto Juan, Hajmed es todo un experto.
Hajmed estaba como siempre. Cuidaba de sus pájaros y piaba y hacía ruiditos guturales como si fuera uno de ellos. Cuando entraron en la tienda ni se enteró. Menos mal que Lope, el Guacamayo, empezó a gritar: “ni-ños”, ni-ños”…, y es que a ese pájaro le espeluznaban los niños. Era un espécimen curioso, Hajmed no sabía bien la edad del bicho. Cuando le traspasaron la pajarería iba en el lote. Era del antiguo dueño, un hombre anciano al que todos en el barrio conocían como “El manco”. Un tipo curioso, casi de novela, que había regentado esa pajarería durante más de veinticinco años hasta el mismo día de su muerte. Los hijos del viejo se la traspasaron con todo a Hajmed, Guacamayo incluido. Un pájaro ya viejo y desplumado y con un aspecto tan destartalado que hacía reír a los niños. Se burlaban tanto del pobre animal que no los podía ver, y en cuanto alguien bajito entraba por la puerta gritaba sin consideración. Cuando “El manco” vivía contaba siempre que aquél animal era más que su hermano, que durante sus aventuras en Brasil salvó su vida en dos ocasiones, al convertirse en sus ojos y su brújula cuando se perdió en medio de la selva por avaricioso, y la naturaleza le quiso escarmentar. Pero esta es otra historia, concluía siempre “El manco”, sin terminar nunca de aclarar qué pasó. Ana y Juan no habían llegado a conocer a “El manco”, pero Hajmed les había referido tantas veces ese trocito de historia que se la sabían de memoria, y en cuanto abrían la puerta de la tienda y veían a Lope, el guacamayo  desplumado, se trasladaban a Brasil sin querer y se imaginaban rodeados de vegetación, perdidos a expensas de un hermoso pájaro de brillantes plumas verdes, amarillas y rojas, luminosas y perfectas, que les guiaba sin descanso.
-¿Qué trae por aquí a la familia Vergara? , pregunto Hajmed con su voz cantarina de acento argelino, una voz casi melódica, educada en los silencios del árabe materno y el francés perfecto de la escuela colonial.
-Hola Hajmed, queremos una novia para Pichí, contestó Ana rápidamente.
-¡Pero bueno!, veo que vuestra madre tiene el corazón de algodón, ¡qué poco habéis tardado en convencerla!. Encarna, ya verás como no te arrepientes, es precioso ver cómo cría una pareja de periquitos y vosotros… aprenderéis un montón.
-¡Eso espero! …porque con el trabajo que dan estos bichos…, en fin, a ver… antes de que  cambie de idea. Búscanos una pareja para Pichí y asegúrate bien de que es chica, que dice Juan que son difíciles de identificar.
-No hay problema, Juan -dijo Hajmed- llevo muchos años cuidando de estos pájaros y creo que sé distinguirlos.
Al poco rato, salieron los tres muy contentos de la pajarería con una periquita preciosa, de plumaje perla azulado, delicada como una brisa de tul. Hajmed les   proporcionó una jaulita bien protegida para que no cogiera frío y les advirtió que de momento no podían meterla en la jaula con Pichí. Había que proceder con cautela. Tenían que colocar las dos jaulas una frente a otra para que se fueran conociendo. Al parecer primero se tenían que hacer compañía hasta acostumbrarse cada uno a la presencia del otro, antes de juntarlos dentro de la misma jaula.
Llegaron a casa sobre las siete de la tarde. Los niños corrieron hacia el salón gritando:  “Pichí, Pichí te traemos una compañera”. El pájaro, al verlos tan excitados ,  se puso a piar muy fuerte. María Encarnación colocó la jaula de Mikío frente a la de Pichí, como había indicado Hajmed y la reacción de Pichí no se hizo esperar. Comenzó a revolotear en su jaula sin parar de  moverse, mientras que Mikío permanecía quieta sobre su palito de apoyo sin dar muchas señales de nada. Los niños no dejaban de observarlos y María Encarnación les advirtió de que no era conveniente soliviantarlos, que debían ser pacientes y dejarlos tranquilos, para darles tiempo a que se conocieran como había dicho Hajmed.
Transcurrieron los días sin incidentes relevantes. Las rutinas de la casa continuaron: los niños al colegio y María Encarnación a trabajar sin parar. Cuando volvía de su empleo de secretaria y pasante en un pequeño despacho de abogados del barrio a eso de las cuatro de la tarde, comía cualquier cosa y salía pitando para recoger a sus hijos del colegio, después a casa. Atenderlos con las tareas del cole se mezclaba con los quehaceres de la casa, los baños, las cenas, las limpiezas de las jaulas de los pájaros -a veces se decía a sí misma: “¡¡¡En qué hora!!!”-…pero luego se le pasaba cuando veía las caras de sus hijos y su ilusión. “¿Cuánto falta mamá?”, le repetían. “Ya queda poco”,  contestaba ella.
Y efectivamente, diez días después, un luminoso sábado de mediados de marzo, María Encarnación despertó a sus hijos con la ansiada noticia: “vamos perezosos, que ha llegado el día…”.
Después del desayuno los tres se dirigieron hacia el salón y Juan fue el encargado de coger a Mikío  con mucho cuidado y meterla en la jaula de Pichí. Pichí no paraba de aletear y aletear, pero Mikío estaba quieta, temblorosa… “pobrecilla” pensó María Encarnación,  “no parece que le agrade mucho este juego a la pobre”. La voz de Ana interrumpió sus pensamientos:
-Mamá, ¿tu crees que Mikío tiene miedo?.
-No lo sé Ana, pero la verdad, no la veo muy contenta que digamos, ¿a ti que te parece Juan?.
-No se qué decir, mamá, pero el que sí parece feliz es Pichí, lo mejor será que los dejemos tranquilos, son pájaros, ¿qué puede pasar? han pasado los diez días que recomendó Hajmed.
-Sí, tienes razón hijo, hay que ser pacientes, se tendrán que adaptar. Mirad, parece que Mikío ya está más tranquila.  Venga arreglaros un poco que tenemos que salir, hace un día estupendo.
Pasaron toda la mañana en el parque, los niños jugando y Encarna  disfrutando de la lectura del diario entre el sol y la sombra.
Cuando llegaron a casa, los dos se apresuraron a correr hacia el salón. Ana dio un grito y María Encarnación vio a la pobre Mikío tiesa en el suelo de la jaula. No cabía duda. Estaba muerta, y lo peor, casi totalmente desplumada. Pichí estaba subido a su columpio, balanceándose como si tal cosa. Los niños se pusieron a llorar sin entender lo que había sucedido. María Encarnación tampoco se lo explicaba. ¿Cómo era posible que Pichí hubiera hecho algo así? Si era un periquito precioso, de delicadas plumas de tonalidades del color de la turquesa. No habían estado juntos compartiendo la jaula ni cuatro horas. Sacó a la periquita muerta de allí, la envolvió en un pañuelo y la metió en una caja de zapatos. Tranquilizó a los niños y les dijo que probarían con otra periquita.
A las seis estaban en la tienda de Hajmed, que se quedó un poco sorprendido del suceso. Porque según él, eso solo pasaba cuando se juntaban dos machos, y estaba seguro de que había elegido bien, pero bueno, a la luz de los hechos, parecía que se había equivocado. Después de pensarlo, María Encarnación decidió comprar otra periquita, a la que pusieron Nayita.
Una vez en casa iniciaron el mismo proceso que con Mikío. Nayita estuvo diez largos días con su jaulita situada encima de una mesa junto al ventanal del salón frente a la de Pichí, que cantaba y revoloteaba como nunca.
Transcurrido el tiempo, llegó el día y María Encarnación levantó a los niños un poco antes porque había colegio,  y ellos  querían ver cómo se comportaba Pichí con su nueva pareja antes de irse. Juan introdujo a Nayita en la jaula con mucho cuidado y volvió a suceder lo mismo. Nayita se quedó quietecita y temblorosa apoyada en el palo y Pichí no paraba de revolotear, hasta que de repente se calmó y se puso a balancearse con delicadeza sobre su columpio. Los niños sonrieron, y se fueron confiados al colegio.
-Eso es que esta vez Hajmed ha acertado, ¿verdad mami? -dijo Ana-.
Durante el trayecto no pararon de hacer planes sobre qué harían cuando nacieran los poyuelos.
María Encarnación no despegó los labios, porque no las tenía todas consigo y prefería no agobiar a sus hijos con sus malos presentimientos. Les dio un beso y los dejó en la escuela. En cuanto entraron, ella caminó deprisa hacia su casa. No se fiaba del pájaro y prefirió echar un último vistazo antes de ir a trabajar. Abrió la puerta, notó que reinaba el silencio. Cuando atravesó el salón y llegó hasta la jaula, ya era tarde. Nayita estaba muerta y desplumada. Había corrido la misma suerte que Mikío.
María Encarnación se enfureció, todos los gritos, las vejaciones,  la violencia que había sufrido con su ex marido golpeaban su cabeza una vez más. La escena de la segunda periquita muerta había sido demasiado para ella. Estaba enfurecida, dispuesta a actuar.
-¿Pero qué especie de asesino en serie eres tú? -gritó-, mientras intentaba coger a Pichí con intención de darle su merecido. Pero el pájaro pellizcó su mano y se escapó, y como estaba abierta la parte superior de ventanal del salón, salió volando libre hacia la calle.
María Encarnación  hizo acopio de todas sus fuerzas y se tranquilizó un poco. “Mejor así”, pensó, “si encima lo llego a  matar lo mismo hasta tengo pesadillas por los remordimientos”.  “Al fin y al cabo sólo era un pájaro enjaulado, es posible que la cautividad lo tuviera un poco desquiciado”. Ahora tenía que pensar cómo se lo diría a los chicos, aunque estaba claro, “se despistó limpiando la jaula y los pájaros volaron”. Era una buena explicación -y también una buena solución- para sus hijos, que ya habían tenido bastante en su corta vida.  
Pasaron los días, y una luminosa mañana de finales de abril, cuando María Encarnación se encontraba preparando el desayuno la radio interrumpió sus quehaceres: “información local -escuchó-. Ha ocurrido un extraño fenómeno, en el céntrico parque de El Retiro se han encontrado más de treinta hembras de gorrión y periquitas muertas y desplumadas. El servicio de parques y jardines no acierta a dar ninguna explicación, al parecer hace unos cinco días que se vienen encontrando los pequeños cuerpos sin vida y, bla, bla, bla,…”.
María Encarnación apagó la radio,  se sentó despacio sobre una silla, acodó los brazos sobre la mesa de la cocina y se puso a pensar en la manera de dar caza a ese asesino.



domingo, 19 de junio de 2011

Recicla, abstrae, crea. Esculturas con la piel de cartón




Recicla, abstrae, crea. Esculturas con la piel de cartón
Museo estrambótico, Chatarrería de los pensamientos, Los enlaces, Arte inimaginado, Minimuni: lluvia de cacharros, Cacharrineitor, ESO (Exposición Sobrenatural de Objetos), DRIPI (Donde Raras Imaginaciones Participan Inventando)…Estos son algunos de los títulos que los alumnos de primero de ESO del colegio Siglo XXI  de Madrid han imaginado para denominar una muestra de escultura creativa expuesta en el centro. La exposición es un alucinante trabajo de grupo dirigido por la profesora Marian Pérez, como cierre de curso de la asignatura de Plástica.

Las piezas están realizadas con cartón, básicamente, y con diversos objetos de deshecho, que han sido reciclados por los alumnos y transformados en material para crear arte.
La propuesta artística de Marian ha consistido en un recorrido desde el plano al volumen. Los alumnos eligieron una figura animal, la descompusieron en triángulos, cuadrados, rectángulos, óvalos…, después pasaron su figura plana a un bajorrelieve y de ahí al volumen, fabricando la figura escultórica como resultado final.

Pero la propuesta no ha terminado ahí, los alumnos han dibujado su escultura y con el personaje resultante han realizado un pequeño cuento que leerán en las aulas de otros grupos de infantil y primaria.



Las piezas de cartón te atrapan nada más entrar en el aula. La mirada se queda prendida en las aristas de los objetos, recorriendo con interés cada centímetro de piel de cartón de estos animales que parecen dispuestos a pasear por el espacio en cuanto estemos distraídos. El trabajo de formas, texturas y volumen que han realizado los alumnos es un paso firme hacia la creación de objetos de arte partiendo de materiales que habitualmente tiramos a la basura.

Las fotografías muestran algunas de la piezas -había más de cincuenta-. He tenido que hacer una selección para mostrar esta exposición tan fantástica de artistas de 12 a 14 años.
Es una pena que la asignatura de Plástica no pueda continuar en segundo de ESO, porque ahora que los alumnos están motivados se cortará su línea creativa hasta tercero de ESO.
Sería necesario que se ampliaran los currículum de Plástica para fomentar más la creatividad y la imaginación, tan convenientes para buscar caminos alternativos en la vida.





domingo, 12 de junio de 2011

El hombre del balcón

Ella entre los trastos

Pego un cuento de temática negra. Es sobre el maltrato, el más extremo. La foto es de la calle, me llamó la atención la imagen de la maniquí, vestida y descalza, con las uñas pintadas de los pies, y rodeada de desperdicios pero digna. 

El hombre del balcón

El hombre del balcón fuma. Está asomado a su balcón, recostado sobre la barandilla de la terraza y fuma, fuma placidamente, con parsimonia. Fuma y exhala el humo como si le sobrara el tiempo. El sol baña su torso desnudo, como un foco de luz anaranjada y cegadora. Le da de frente, pero apenas parpadea, sigue ahí, fumando placidamente como si se hubiera convertido en una estatua iluminada por el intenso sol del atardecer de julio.

El hombre del balcón tiene una enorme barriga que enseña sin pudor a los que pasean por la acera. No le importa. Se encuentra ahí, asomado sobre la calle más concurrida del barrio y fuma, fuma con el torso desnudo y enseñando su enorme barriga. Su perfil se proyecta como una sombra dura sobre la pared del salón de su casa. Su casa está en penumbra, todas las persianas están bajadas excepto el hueco que ocupa la figura del hombre del balcón.

Una mujer está sentada dentro. Está sentada en el sofá del salón del hombre del balcón. Lleva allí, sentada en la misma posición, desde hace dos días. 

El hombre del balcón tiene un problema. Pero él solo fuma. De vez en cuando gira la cabeza y mira hacia dentro. Su sombra rotunda se cierne recortada sobre la pared del salón, se diría que es la sombra de un oso fuerte. El hombre del balcón también gira la cabeza para cerciorarse de que la mujer que está sentada desde hace dos días en su sofá sigue inmóvil.

Y así sigue. El hombre del balcón se siente poderoso, casi invencible, pero no sabe muy bien qué hacer con la mujer que está sentada en su sofá. El hombre del balcón la estranguló hace justo dos días y la dejó ahí sentada en el sofá como si nada hubiera pasado. Ahora fuma, solo fuma y enseña su enorme barriga a todo el vecindario.

El hombre del balcón tiene un problema. Mañana debe salir a trabajar. Termina el fin de semana y debe acudir a la oficina como cada lunes. Tendrá que abandonar su puesto de centinela poderoso, vestirse como dios manda y acudir a trabajar.

El hombre del balcón no tiene ropa planchada para ir a la oficina vestido como dios manda. El hombre del balcón tiene un problema.