viernes, 4 de abril de 2014

Líneas mágicas de fuga



La entrada

Pego un poema que escribí para esta fotografía, que destila aires de bolero moderno. Tomé esta foto una tarde de finales de verano a la entrada de un bar del barrio neoyorquino de Queens. Y escribí el poema esa misma noche, sentada en la cama mientras contemplaba la imagen en la pantalla de la cámara. 

Vi la foto en mi cabeza antes de hacerla, cuando entré en la cafetería y miré para atrás. Encajé en el espacio todas esas líneas mágicas de fuga que proyectaba la puerta con la estructura férrea que cierra el fondo de la imagen y disparé justo cuando entraba la persona que me seguía.  

El resultado es esta instantánea tan activa, tan de ciudad, tan callejera, tan arquitectónica, pero a la vez tan melancólica como la letra de un bolero. Podría pasar por una fotografía antigua, pero, si nos fijamos un poco, la indumentaria del modelo desmiente esa posibilidad. El blanco y negro le proporciona ese sabor a eternidad que solo se consiguen en algunas imágenes que adquieren personalidad propia.

Va el poema:

Contigo aprendí  

Contigo aprendí
Que el tiempo
Es caricia suave
Que se enrosca en los tobillos.

Contigo aprendí
Que el espacio
Está suspendido
Entre tus manos y la mías.

Contigo aprendí
Que la vida
No es un lugar
Para el olvido.

Contigo aprendí
Que la distancia
Tan solo es una línea imperfecta
Dibujada en un mapa.

Contigo aprendí
A saciarme de tiempo
A cubrir mi pecho con espacio
A cocinar la vida en ensalada
A esconder la distancia
En la espiral infinita
De tu huella dactilar.

Contigo aprendí…