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lunes, 30 de marzo de 2020

EL PUEBLO SALVA AL PUEBLO. EL PODER DE LO COLECTIVO FRENTE A LO PRIVADO EN LA CRISIS DEL CORONAVIRUS





El pueblo salva al pueblo. El poder de lo colectivo frente a lo privado en la crisis del coronavirus.

El Covid-19 se extiende como una plaga. Mientras escribo este texto se ha llevado las vidas de 4.858 personas. El virus golpea mientras la sociedad hace todo lo posible para organizarse para combatirlo. Miles de personas organizadas por las Administraciones Públicas, y desde un mando único dirigido por el Gobierno de coalición del PSOE- Unidas Podemos, están poniendo sus cuerpos para salvar vidas. Un Gobierno de coalición que está implementando medidas sin descanso para salvar lo colectivo. La última de ellas se ha dado a conocer mientras termino este artículo, ha prohibido los despidos durante la emergencia del coronavirus.

Miles de personas trabajadoras en distintos servicios esenciales como sanitarios, agricultores, trabajadores de supermercados, transportistas, policías, biólogos, científicos e investigadoras, trabajadores del servicio de basuras, limpiadoras, bomberos, periodistas, curritos del transporte público de viajeros, militares, autobuseros, veterinarios, conductoras de trenes y metro, empleados de servicios funerarios… son incontables las personas que permanecen en sus puestos de trabajo y ponen sus cuerpos para asistir a los demás, a pesar de todas las carencias y los recortes que pesan como una losa sobre el cuerpo social.

Además, surgen por doquier iniciativas solidarias de personas que quieren ayudar, desde redes de cuidados que nacen en los barrios y pueblos para llevar la compra o prestar ayuda a los que están confinados y enfermos, ancianos y personas dependientes que son grupos especiales de riesgo, hasta movimientos de trabajadores y trabajadoras, también gentes del mundo de la cultura, que ponen lo que saben hacer al servicio de los demás de forma altruista, con el único interés de contribuir a salvar vidas. El pueblo salva al pueblo. Esta crisis brutal y arrasadora está mostrando muchas realidades positivas. Lo colectivo organizado, lo público, los obreros y obreras, los de abajo están mostrando que lo que nos va a salvar es su fuerza colectiva.
Se van sabiendo cosas. Hechos importantes que nos salva como colectivo, como comunidad, como sociedad.
Ifema Madrid, montaje del hospital de campaña. Circula un video en el que un miembro del cuerpo de bomberos de Madrid explica a cámara como se ha construido en tres días (desde el lunes 23 de marzo al miércoles 26) la instalación de aire, oxígeno y vacío en una galería de subsuelo de 300 metros -con registros cada 5 metros- para asistir un pabellón  de UCI que albergará 600 camas. El bombero cuenta que la gente trabajadora acude a Ifema con sus herramientas, fontaneros, instaladores de aire, trabajadores de la construcción, obreros, autónomos, parados… hacen cola para ofrecerse de forma altruista, para ayudar en la medida de sus posibilidades. Asegura que esa galería se ha construido con ocho bomberos y entre 40 y 50 trabajadores voluntarios. La organización del Estado, de la Administración Pública, de la UME más un ejército de obreros poniendo el cuerpo para salvar al pueblo. Porque el sector público está en paños menores debido a los recortes y la gente acude a ayudar de forma solidaria.

El poder de lo colectivo frente al desgaste social que supone privatizar servicios como la sanidad. Privatizar servicios cuyo coste se cifra en vidas humanas, tal como se está viendo y comprobando especialmente en la Comunidad Autónoma de Madrid, donde el Partido Popular lleva veinte años a pico y pala deteriorando y jibarizando la sanidad pública en beneficio de incrementar recursos a las compañías privadas. Decisiones políticas que han ido dejado desnuda a la sanidad pública, mostrando graves carencias que esta crisis ha puesto en evidencia y que están costando vidas. En Madrid se contabilizan a día de hoy 2090 fallecimientos por Covid-19.
Mientras en IFEMA se afanan por ganar horas a la muerte trabajando a contrarreloj en ese macro-hospital de campaña, se sabe que en la Comunidad de Madrid (que es el lugar en el que hay también más contagiados por el virus) se permite que los hospitales privados campen por sus respetos. El periódico El Salto informa que en Madrid se están utilizando solo 2.200 camas de las más de 6.700 de las que dispone la sanidad privada. Que por cada hospitalización en la privada de una persona con coronavirus se cobra al día 250 euros y si está en UCI la cifra asciende entre 650 y 700 euros diarios (datos ofrecidos por Carlos Rus, presidente de ASPE –Alianza de la Sanidad Privada Española a Infolibre) y que en urgencias del hospital HM de Sanchinarro (centro de construcción pública en régimen de gestión privada) se han llegado a cobrar 300 euros por hacer la prueba del Covid-19.

¿Se puede confiar la salud de las personas a la iniciativa privada? Cuando esto termine es indiscutible una revisión del modelo. Habrá que exigir en las calles un sistema de salud pública fuerte, vigoroso, dotado de recursos, con personal suficiente y bien retribuido, con contratos adecuados y dignos. La vida nos va en ello. Están siendo los trabajadores y trabajadoras de las sanidad pública los que se están dejando el pellejo cada día en jornadas que no tienen fin y que los dejan exhaustos, agotados hasta el límite. Los estamos viendo trabajar de forma heroica, con bolsas de basura atadas a sus cuerpos como precarios escudos protectores, incluso con gafas de bucear para los ojos ante la ausencia de gafas de uso quirúrgico, porque los hospitales públicos tiritan, no hay material de protección para todos. A pesar de todas las carencias, de todas las privaciones, ellos y ellas, médicas, enfermeros, celadoras, cocineras, limpiadoras, acuden cada jornada mostrando como el pueblo, siempre generoso, salva a la pueblo.

Losar de la Vera, Cáceres. 26 trabajadores de la cooperativa-centro de mayores Servimayor se encierran con los ancianos para proteger sus vidas y evitar contagios. Confinados con los residentes por solidaridad y responsabilidad (Cadena Ser, 24 de marzo). Han decidido vivir allí, con ellos y ellas, y no salir a sus domicilios ni permitir visitas para cuidar y evitar que el virus entre y se lleve vidas por delante.
En Estella, Navarra, en la residencia San Gerónimo,15 trabajadores se han encerrado con los 69 residentes del lugar para proteger sus vidas. Vivirán allí todos juntos como una comunidad, que salva con solidaridad, poniendo la vida en el centro igual que en la residencia extremeña. Valientes y generosas iniciativas navegan en un océano generalizado de carencias y empleo precario en general, que se ceba con el personal asistencial de las residencias en España. Trabajadoras y trabajadores, los de abajo ponen el cuerpo. El pueblo salva al pueblo. Hacen lo que está en su mano, a pesar de las carencias.

Esto sucede en un área asistencial especialmente sensible, donde cada día están falleciendo ancianos en un goteo que se ha convertido en hemorragia, 1.517 fallecidos en residencias de ancianos, el 37% del total de muertos (Cadena Ser 27 de marzo). En España la red de atención a los ancianos está prácticamente en manos privadas. Hemos dejado las vidas de nuestros mayores custodiadas por empresas que buscan el rendimiento económico por encima del beneficio social. Hay al rededor de 6.000 residencias que albergan a 390.000 hombres y mujeres que nos dieron la vida y construyeron el país para todas nosotras. Cuando esto pase, es preciso un análisis en profundidad. ¿Qué pasa en las residencias de ancianos? ¿Cuáles son las razones por las que el índice de mortalidad está disparado? ¿Qué falla? ¿Cómo se atienden la mayoría de los centros? ¿Cuál es la proporción de residentes por cuidadores en las residencias de mayores? ¿Cuántos médicos, personal de enfermería hay en esta crisis por residente?, y ¿cuantos debería haber en realidad para que la atención sea óptima? ¿Qué medidas de salubridad, limpieza e higiene son necesarias? ¿Cuántos controles y con qué periodicidad hace la Administración Pública para asegurar el buen funcionamiento y la salud de nuestros mayores hasta este momentos? ¿Cuántos serían necesarios?  Todas estas preguntas deberán ser contestadas. Se hará perentorio reclamar que las vidas de las personas son sagradas, cuidar a los mayores es una obligación fundamental en una sociedad democrática sana, donde la dignidad vital siempre debe estar por encima de los intereses económicos de unos pocos buitres, que especulan y quieren sacar rentabilidad hasta de la última brizna de vida. Nuestros ojos no pueden volver a contemplar como los soldados de la UME -que han tenido que intervenir en numerosas residencias, especialmente en la Comunidad de Madrid, para desinfectarlas y ayudar a la atención en lo posible- se han encontrado con cadáveres que no habían sido convenientemente trasladados tras su fallecimiento, conviviendo con ancianos vivos. Esto se ha producido también, porque el servicio funerario no da abasto, impedido igualmente por años de recortes y plantillas precarias. La herida abierta es grande, dura. Las personas mayores tienen derecho a ser atendidas con medios suficientes, que garanticen su salud, integridad y dignidad personal.  

Una veintena de pueblos de Segovia puso en marcha una cadena solidaria en la que 330 mujeres cosen mascarillas a destajo desde sus casas. Taxistas y transportistas, todo el que puede, arrima el hombro para distribuirlas. La empresa Mundo Laboral provee de tejidos y corta las gomas para nutrir a este batallón de mujeres voluntarias de entre 40 y 50 años que ayudan y contribuyen en esta pandemia con lo que saben hacer, coser (información aparecida en el 22 de marzo en el diario Público). Iniciativas parecidas están surgiendo en muchos lugares de España, en Valladolid, en Álava, modistas solidarias en Zaragoza, aparadoras del calzado levantinas, se van uniendo a través de las redes sociales para ayudar… en definitiva costureras solidarias de todo es Estado que se conjuran para intentar producir entre 100 y 200 mascarillas diarias cada una de ellas. Las manos de cientos de mujeres unidas por el resistente hilo de la solidaridad y el amor a la vida. El pueblo cuida del pueblo.

La concejalía de Justicia Social de Palma de Mallorca reclama a la banca que ponga a disposición del Ayuntamiento las viviendas vacías que tienen para poder acoger en ellas a mujeres víctimas de violencia machista. Esta concejalía prevé un incremento de casos de violencia contra las mujeres, debido a que muchas víctimas de malos tratos permanecen encerradas con sus agresores desde que comenzó el confinamiento por Coronavirus. El Ayuntamiento de Palma calcula que hay unos 14 pisos en condiciones de habitabilidad que podrán acoger entre 17 y 100 personas. La regidora de Justicia Social, Sonia Vivas, –madre de la iniciativa- , explica en un artículo aparecido el 27 de marzo en el diario Público y firmado por Marisa Koham, que pide colaboración a las entidades financieras, y les recuerda que tienen una deuda con la sociedad de 64.000 millones de euros que viene de la crisis de 2008, cuando se rescató a la banca con fondos públicos para evitar la quiebra.
De momento solo están poniéndose en contacto con la concejalía personas altruistas para ofrecer sus pisos vacíos. Nada se sabe todavía de los bancos, sí de personas como una enfermera jubilada que hace mascarillas en su casa y ha ofrecido un piso de 150 metros, me informa la concejala Sonia Vivas mientras escribo este texto. Una vez más el pueblo acude al rescate.

A lo largo y ancho de la geografía española muchas personas están rebajando el alquiler a sus inquilinos que pierden el empleo durante el confinamiento, o les aplazan la renta hasta que puedan pagarlo. ¿Ocurre lo mismo con las viviendas en manos de fondos de inversión, de bancos? Se hace perentorio que el Gobierno incluya en el escudo social contra la crisis la supresión del pago del alquiler de las personas que pierdan el empleo, porque está claro que la banca y los fondos de inversión nunca ponen nada de su parte para salvar a nadie, a no ser que se les obligue. En la crisis anterior fueron rescatados con los impuestos de todos, en esta deben reponer al menos una parte de ese préstamo social que todavía deben.

Son muchas las iniciativas solidarias puestas en marcha para ayudar. Sin embargo, es el poder de la organización de las Administraciones Públicas, el peso del sector público frente al privado, lo que está dando la respuesta más contundente de salvación ante la crisis. Y lo está dando a cambio del alto precio que están pagando los y los trabajadoras de un sector público muy mermado y adelgazado desde la anterior crisis económica de 2008. La solidaridad de la gente se agradece, muestra la calidad del pueblo, la humanidad que ayuda. Es un cálido remiendo balsámico que emociona, que se desvive para ayudar a paliar todas las grietas que muestra una sociedad precarizada con un sector público adelgazado, que vive desde 2008 prácticamente con lo puesto.

Cuando todo esto finalice habrá que analizar lo sucedido y revisar prioridades, que necesariamente deberán pasar por un cambio de modelo económico en el que los que más tienen -esos que acumulan con regularidad pase lo que pase, vengan bien o mal dadas- aporten recursos a través de los impuesto para poder disponer de un Estado del Bienestar fuerte, que cuide a las personas y pueda asistirlas con dignidad, tanto en una hecatombe como la que estamos sufriendo como en situaciones de normalidad.

La caridad de algunos nombres poderosos, que salen a la palestra de los medios de comunicación ofreciendo ayuda, para lavar su imagen en medio de un drama social como el que estamos viviendo, no es suficiente para organizar una verdadera sociedad de cuidados como la que se precisa. Los grandes empresarios, financieros, banqueros, etc, deben mostrar su amor al país contribuyendo con lo que les toca proporcionalmente en cada ejercicio de la renta. Así se construye sociedad. Así se construye patria. Lo demás son milongas que engordan las desigualdades y muestran el tamaño de la desnudez en la que se encuentra de verdad la organización de los cuidados y los servicios públicos en una situación límite como la actual.

Asimismo, cuando todo esto pase, se hará necesario revisar si necesitamos una institución monárquica de la que por el momento sabemos que se ha dedicado al lucro ¿con el cobro de comisiones?, evasión y acumulación de fortuna colocada fuera de nuestras fronteras. Una institución que es financiada por el Estado de forma altamente generosa. El país entero es testigo de que en los duros momentos por los que atraviesa el conjunto de la sociedad, el Borbón heredero ha intentado lavarse las manos de forma impúdica delante de todos. El cuerpo social se resiente.

Si algo está dejando claro esta crisis es que lo público, lo colectivo organizado es lo que salva, lo que cura, lo que provee, lo que ayuda, lo que cuida, lo que se solidariza, lo que apaña, imagina, brega, trabaja, pone cuerpos, manos e inteligencia al servicio de la mayoría. Solo el pueblo salva al pueblo.
Artículo aparecido en Nueva Tribuna
Carmen Barrios Corredera. Escritora y fotoperiodista.





HA LLEGADO EL LOBO: CORONAVIRUS EN LA ERA DEL CAPITALISMO GLOBAL




HA LLEGADO EL LOBO: CORONAVIRUS EN LA ERA DEL CAPITALISMO GLOBAL

Ha llegado el lobo y amenaza con zamparse a caperucita, a la abuelita, al cazador y a la aldea entera. El lobo ha llegado infectado de coronavirus en la era del capitalismo global. Un sistema depredador sin escrúpulos que practica el darwinismo social y predica el individualismo cultural del sálvese quien pueda.  Cuando las cosas van bien ganan dinero a espuertas unos pocos y cuando van mal…también, es más, quieren ganar todavía más.
La crisis desatada por el coronavirus está poniendo en evidencia que este sistema económico es insostenible, porque cuando sucede una amenaza social como esta pandemia -que diezma la población, sobre todo en una franja de edad y con unas condiciones económicas depauperadas- que es una amenaza social inesperada y real, el sistema capitalista no da la talla, no está dispuesto a sujetar a las personas, más bien se desprende de ellas como si fueran productos desechables de usar y tirar.
A escasos dos días de que entrara en vigor en España el real decreto de estado de alarma para contener la expansión de la plaga y hacer sostenibles e intentar que no colapsen los mermados sistemas públicos de salud (hay que recordar que desde la crisis económica de 2008 los recortes han dejado tiritando la sanidad pública, en beneficio de la privada), a escasos dos días como digo, se han empezado a producir despidos por doquier, en catarata, en todo tipo de empresas, desde empresas grandes a medianas y pequeñas. ¿Qué va a pasar con estos y estas trabajadoras, desposeídas de repente de sustento? ¿Los devorará el lobo del capitalismo infectado de coronavirus? ¿O seremos capaces de impulsar entre todos un nuevo Estado protector que elabore políticas para salir de esta con la gente dentro?
El Estado español está afrontando esta crisis con un brazo atado a la espalda. La teoría dice, y hay un artículo de la Constitución, alevoso, -el 135- que lo sanciona, que hay que pagar la deuda a los bancos antes que nada. Que los beneficios de la banca privada están por encima del bienestar de las personas. Este carrusel, este mantra, sigue dando vueltas dentro de las cabezas de los responsables de economía europeos, también españoles. Hay que empujar un poco, a ver si de esta somos capaces de que cambien el chip. Europa debe volver a ser lo que era.
En la situación en la que nos encontramos, el Gobierno debe liberar recursos económicos no para gastar, sino para invertir en vidas dignas y para eso, tendrá que saltarse el grillete de la ortodoxia económica ordo liberal imperante. De lo contrario, estamos perdidos. Ahora muchos morirán por el coronavirus. Después, ¿de hambre? ¿de desesperación?, ¿de pobreza?
Se trata de poner en la balanza no solo toda la inversión en salud pública que se está haciendo, sino comenzar a pensar en liberar grandes cantidades de recursos para que esta crisis sanitaria, que se está convirtiendo a pasos agigantados en económica, no recaiga en los hombros de la clase trabajadora, como ya sucedió durante la anterior.
Me felicito de que tengamos un Gobierno al mando con sensibilidad social. Me felicito de que PSOE y Unidas Podemos estén trabajando codo con codo juntos, y lo más revueltos posible, espero (guardando el metro y medio de distancia, eso sí) para sacar al país de esta emergencia social con un resultado sanitario satisfactorio y con un resultado social espléndido. No quiero ni pensar en lo que hubiera sucedido con el PP y sus socios en el gobierno, pura distopía. Solo hay que ver las “medidas” que está tomando Ayuso en la Comunidad de Madrid, para que nos entre una cagalera de peli de terror.

Confío de verdad en este Gobierno. En España tenemos la oportunidad de demostrar que es necesario que el Estado funcione, que cuanto más Estado mejor, que una crisis como esta se soluciona mucho mejor con organización, previsión y ayudas públicas y que en eso deben contribuir también las empresas, las multinacionales y los bancos pagando impuestos, los que les corresponde por sus beneficios, y no lo que sucede ahora, que somos deficitarios en esta emergencia porque ellos se escaquean, contribuyen lo mínimo posible. Las empresas forman parte de la sociedad. Ellas mismas lo publicitan a los cuatro vientos. Todas las grandes empresas se vanaglorian en sus publicidades de ser parte de la sociedad. Que lo demuestren. Que arrimen el hombro. Que contribuyan. Que condonen préstamos, facturas, etc, mientras dure esta emergencia, que se pueden permitir perfectamente ganar menos un par de meses, o tres; que no despidan, que soporten los salarios, que no se desprendan de la gente trabajadora como si fueran un clínex después de sonarse los mocos.  
La sociedad española necesita un #PlanDeChoqueSocial mediante el que se suspenda el pago del alquiler, de la hipoteca y de los suministros básicos (luz, agua y gas) para aquellas personas que pierdan ingresos durante esta crisis. El Estado debe impedir que haya despidos y habilitar de urgencia una renta básica para quienes se queden sin ingresos. Y en tercer lugar, es necesario intervenir la sanidad privada sin compensación económica.
El bienestar de la mayoría debe siempre estar por encima de los intereses privativos de los poderosos. La democracia y el Estado de derecho está para proteger a los más débiles.
Estamos capacitados como sociedad, todas juntas, para meter al lobo en un corral y no permitir que nos coma vivas.
Artículo publicado en Nueva Tribuna.

Carmen Barrios Corredera. Escritora y fotoperiodista

martes, 22 de marzo de 2016

Mujer al límite



Mujer al límite del color


El relato que cuelgo es real como la vida misma, es un relato de la crisis, tan real que duele. Está basado en la historia de una mujer que existe y de la que no sé su nombre real. Escuchando la radio muy temprano, una mañana ella había dejado en el contestador automático de "Diario de Hoy por hoy" de la cadena SER un resumen, en pocas palabras, de su historia. Yo he fabulado intentando meterme en su cabeza. No sé si ella leerá mi cuento, si es así, espero que haya podido recuperarse de tanto destrozo existencial.

La fotografía que acompaña el relato la realicé en Portugal este verano, en un barrio decadente de la ciudad de Oporto. Me gustó mucho este apunte sobre el muro de una mujer en el límite del color. 

Volver a empezar

Trabajar, trabajar, solo tienes que pensar en eso, en trabajar. Llevas tanto tiempo con las manos caídas, como inútiles, y con la cabeza embotada, llena de nada, que te parece increíble la posibilidad de volver a trabajar. El teléfono ha sonado y una voz te ha citado para una entrevista en una de esas empresas de trabajo temporal. Cuando han preguntado por ti no reconocías ni tu propio nombre, casi respondes que se habían equivocado, pero en el último momento has acertado a decir que sí, que eras tú. Menos mal que has reaccionado con la última neurona viva que te debe quedar en el cerebro. Llevas más de dos años a la desesperada. Desde que se te terminó el subsidio de desempleo vives de la beneficencia y haciendo chapuzas que no creías ni que pudieras soportar. Tú que tenías un trabajo espléndido en una constructora, que parecía que hasta iba a llegar a urbanizar la superficie de Plutón.

De repente todo se fue a la mierda. Y en esa mierda se diluyó tu carrera de aparejadora. Has perdido hasta tu casa, se la quedó el banco, pero tú sigues ahí, pagando tu deuda como si fueras gilipollas, así es como te sientes como una gilipollas, porque lo que tendrías que haber hecho es pegarle fuego a la sucursal antes de que te quitaran la casa… pero no, hiciste como todo el mundo, te aguantaste y a tirar, a tirar con lo que venga. Y lo que vino fue un desasosiego vital, que se te pegó a la piel como la capa de alquitrán caliente se adhiere al asfalto: para siempre. De hecho, te miras en el espejo y no te reconoces. Tu cara es de color gris, estás fofa y llevas el pelo pegado, sin forma, y a medio teñir, como si fueras una indigente. Eso es lo que pareces, una indigente. Pero claro, hay que comer, comer es lo primero, ir a peluquería se convirtió hace tiempo en un lujo que no te podías permitir y has engordado, además, porque encima estás menopáusica perdida, que ya has cumplido cincuenta y dos, cincuenta y dos, cincuenta y dos…¡cincuenta y dos años!, que te pesan como si tuvieras quinientos cuatro, porque con esa edad y mujer, nadie te da trabajo, es que ni te miran. Y menos con este aspecto de pobre que llevas, que te das asco a ti misma, pero no lo puedes evitar, te sientes degradada, como si ya no fueras una mujer, más bien te sientes ¡como una cerda!...a ver, bonita, tienes que abandonar esos pensamientos que no conducen a nada y pensar en positivo…como leíste en uno de esos libros de autoayuda que te dio el psicólogo de la seguridad social: “Pensar en positivo es la mejor fórmula para tener una vida sana”. Una vida sana, una vida sana, una vida sana…te preguntas a dónde ha ido a parar tu vida sana… ya nada tiene sentido.

Otra vez, otra vez igual, no pienses así, que además hoy tienes una entrevista de trabajo. Es increíble, pero la tienes. El tiempo lo cura todo. Menos mal que no le prendiste fuego a la sucursal bancaria que se quedó con tu casa, porque ahora estarías entre rejas y no pensando en volver a empezar, porque eso es lo que puede proporcionar un empleo, volver a empezar de nuevo, cuánto necesitas sentirte una mujer normal, decente, con sus quehaceres diarios, con una vida corriente, como la de todo el mundo, sin lujos, porque no pides lujos, pero que dé para comer y pagar las facturas.

Aquí estás, clavada en la puerta de la ETT, ya has llegado. Te has adecentado lo mejor que has podido, con una boina roja que antes te favorecía mucho, ahora te sirve para ocultar ese pelo de tiñosa que llevas…sueñas con eso, con arreglarte el pelo de una vez, con podértelo teñir de un color que te favorezca y te tape las canas y llevarlo con un corte bonito, cada vez que lo necesites, como hacías antes, que siempre ibas tan arreglada y tan guapa, que daba gusto verte, pero eso era antes…antes…antes de que todo se fuera a la mierda…anda guapa hazte un favor a ti misma y deja de pensar en el pasado que vas a hacer una entrevista de trabajo, y quién sabe…a volver a empezar quizás, además…¿no habíamos quedado en eso de “mente positiva”?

Uffff! Lo has conseguido, has conseguido trabajo…no es el trabajo de tu vida, pero es un trabajo, hasta te harán un contrato, eso sí te ha dicho el encargado de la ETT que solo te pueden dar de alta media jornada…y que igual -“tendrá usted que trabajar alguna horilla más, Concha, que ya sabe usted como están las cosas”-, ha afirmado con una sonrisa un poco cómplice…pero estás contenta. Por fin vas a tener un trabajo, desde luego está muy por debajo de tu preparación, pero, como te ha llegado a decir el señor encargado, -“un empleo es un empleo, Concha, que yo sé lo mal que se pasa, en fin, qué le voy a decir a usted, que he visto en su expediente que ya se le agotó la prestación hace tiempo, y cuánta gente hay así, ¿eh?, como usted… Pero sonría mujer, que la hemos elegido a usted, ya puede respirar tranquila, tiene un empleo, para que luego digan, porque un empleo es un empleo, ¿verdad Concha?, ¿o no?”-...

La verdad es que se le veía un poco como queriendo agradar y el hombre tiene razón, un empleo es un empleo y bienvenido sea, estoy contenta. Limpiar no es tan duro, ya lo hago en mi casa todos los días y en casa de la vecina del 8º C, que mira que me da coraje, pero con eso, y limpiando el bar de la plaza, he ido sobreviviendo…sobreviviendo, sobreviviendo…sí, esa es la palabra, lo justo para comer un par de veces al día y encender la luz un rato por la noche…de calefacción ni hablamos…y cuántas veces me he duchado con el agua fría…bbbrrrrrr!!, pero todo eso va a cambiar… voy a volver a ser como la gente normal, sin lujos, pero lo normal, tres comidas, ducha caliente, calefacción, un cafetito a media tarde con una pasta, hummm! Si es que ya lo estoy saboreando.

Este trabajo es bueno, muy bueno diría yo, porque me hacen un contrato y ganaré un sueldo fijo, limpiando, sí, pero con un sueldo y contratada. El encargado me ha explicado que se trata de que el cliente, el Banco Mostrum, esté contento, me ha dado un listado de casas para limpiar con un manojo de llaves y me ha dicho que tengo que tener los pisos listos para poder enseñarlos…bueno, ya se sabe, ahora los bancos tienen un montón de casas, más que nadie…casas como la mía, que se la quedó el banco, otro banco, no este, pero qué más da si todos son iguales, y la sigo pagando aún, la sigo pagando y ya no es mi casa, pero la deuda, la deuda sí es mía, qué cosa más injusta, no me la quito de la cabeza, se quedaron con mi casa y yo sigo pagando por una nada y si no pago, qué, ¿qué me puede pasar? El del banco me dijo que la deuda seguiría creciendo y creciendo y que me meterían en una lista de morosos, y quién sabe, a lo mejor hasta en la cárcel…en fin, no sé…

Pero mujer, ¡espabila coño!, que tienes un trabajo, un tra-ba-jo no vuelvas por ahí mujer, como te ha dicho el encargado, y con buen criterio: “Concha toca usted el futuro con la mano, ahora a trabajar mujer, que comienza una nueva etapa”… “Volver a empezar” sí, qué bonito, parece el título de una película, jajaja, ha sido muy amable, el hombre, si casi me ha parecido que se emocionaba y todo por poder ofrecerme un empleo… volver a empezar, quiero volver a empezar…claro que sí, volver a empezar…

¿Volver a empezar?, ¡¡dios!!, ¡¡rediós!!!, ¿puedo volver a empezar así? Estoy aquí plantada en medio de la cocina del primer piso, el primer piso que voy a limpiar y está así, como si sus ocupantes hubieran tenido que salir apresuradamente, con lo puesto… En este piso parece que todavía vive gente…está todo tal cual, como si acabaran de estar aquí, sentados hace un momento…si están los platos sobre la mesa y la comida ahí, en el fogón…que madre mía, lo mal que huele, está podrida…a esta gente los han desahuciado y se han tenido que ir con lo puesto…seguro…¡¡ay que ver Concha!!, ¡¡otra vez!!, otra vez no, otra vez esto…¡¡NO!!

Como te pasó a ti Concha…esto es lo mismo que te pasó a ti, ¿es que ya no te acuerdas?, ¿o no quieres acordarte?, ¿“mente positiva”?, ¿recordar es “mente positiva”?...a ti te sacaron de casa con lo puesto, que te tuviste que ir unos días a casa de tu amiga Lupe, sin nada, con lo puesto, que te sacaron en pijama porque se presentaron los del juzgado a las siete de la mañana, y ella te tuvo que dejar ropa y hasta unas bragas suyas limpias, que te measte encima del estrés del desahucio y de la impotencia, que se te soltó la tripa y te pusiste echa un asco…menos mal que Lupe te echó una mano…que no te quieres acordar y solo hace ocho meses, no quieres revivir todo aquello, pero ahora con este trabajo, ¡zas!, un mazazo en la cabeza ¡Volver a empezar!, Concha, ¿no querías volver a empezar? Pues vaya mierda, si es que tendrías que haberle pegado fuego a la sucursal o mejor a la central del banco, ¿total?


Carmen Barrios