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domingo, 10 de febrero de 2013

La indignación se viste de imaginación

Gangas

El cuento que pego a continuación es un homenaje a todos aquéllos que no se quedan quietos ante las injusticias y que protestan para exigir que las cosas cambien y mejoren para el conjunto de los ciudadanos. He recogido algunas de esas frases ingeniosas (que comenzaron a aparecer con las protestas del 15M y que han proliferado desde entonces) con las que las personas se han significado en las multitudinarias manifestaciones que hay casi cada día contra los recortes, aportando imaginación a la indignación.

La fotografía que lo acompaña la realicé en El Rastro, uno de esos días mágicos en los que el desorden del final de la mañana hacen de la calle un escenario preparado para el arte.

Tanto el cuento como la fotografía han sido publicados también en la web de información www.nuevatribuna.es


El lugar en el que nunca pasa nada


El lugar en el que nunca pasa nada está comido por los murmullos, que recorren los pasillos como las cucarachas sorprendidas por un rayo de luz. Nadie sabe quién lo ha hecho, pero ha aparecido una pintada en el salón de las comidas en la que puede leerse: “Si no nos dejáis soñar, no os dejaremos dormir”. La pintada ha sido descubierta un día después  de que se suspendieran las clases de teatro en las que participaban más de la mitad de los residentes. La dirección del centro aseguró en una circular que se suprimían debido a un recorte en el presupuesto.

El lugar en el que nunca pasa nada está comido por los murmullos, que atruenan los pasillos como un grupo de adolescentes en un concierto heavy. Nadie sabe  quién lo ha hecho, pero ha aparecido una pintada en el frontispicio de la capilla en la que puede leerse: “No nos falta dinero, nos sobran ladrones”. La pintada ha sido descubierta después de que se supiera que las monjitas que atienden a los residentes han sido las principales beneficiarias del testamento de tres ancianos con demencia senil recientemente fallecidos.

El lugar en el que nunca pasa nada está comido por los murmullos, que retumban en los pasillos como golpes de hambre en las paredes de los estómagos de los niños. Nadie sabe quién lo ha hecho, pero ha aparecido una pintada en la que puede leerse: “Violencia es dejarnos sin galletas”. La pintada ha sido descubierta un día después de que se dejaran de repartir galletas en la merienda de los residentes. La dirección del centro aseguró en una circular que se suprimían las galletas en las meriendas debido a un recorte en el presupuesto.

El lugar en el que nunca pasa nada está comido por los murmullos, que inundan los pasillos como el agua que rebosa los pantanos en una crecida tras una noche de lluvias torrenciales. Nadie sabe quién lo ha hecho, pero ha aparecido una pintada en el consultorio médico en la que puede leerse: “¡Exigimos que nos traten como personas, no tenemos prisa para morirnos!”. La pintada ha sido descubierta un día después de que un residente muriera de una subida de tensión justo la noche en la que entraba en vigor la nueva norma por la que se han eliminado las guardias médicas nocturnas. La dirección del centro aseguró en una circular que se suprimían las guardias médicas nocturnas debido a un recorte en el presupuesto.

El lugar en el que nunca pasa nada está comido por los murmullos, que ensordecen los pasillos como una salva de cañonazos. Nadie sabe quién lo ha hecho, pero ha aparecido una pintada en la recepción del centro, frente a la puerta del director, en la que puede leerse: “Si luchas puedes perder, si no luchas estás perdido”. La pintada ha sido descubierta un día después de que se repartiera una circular en la que se advertía de que comenzarán a cobrarse los medicamentos, se suspenderá el servicio de comedor para las cenas y se eliminará la consulta de fisioterapia y estimulación.

El lugar en el que nunca pasa nada, ha sido invadido por un grito sordo y unánime de protesta. Todos los ancianos de la residencia se han concentrado delante de la fachada del centro con una brocha en la mano para realizar una pintada gigante de múltiples colores en la que pueda leerse: “Cada corazón es una célula revolucionaria”. Han acampado en el jardincillo que hay a la entrada del centro con la intención de no moverse hasta que readmitan a Bernardino y a Francisca, los dos residentes del segundo piso a los que pillaron hace dos días con el spray del delito en la mano, justo después de finalizar una pintada en la que podía leerse: “Si no hay platos para todos, romperemos la vajilla”. Los dos admitieron ser los autores de las pintadas que han hecho de esta residencia de ancianos un lugar en el que han comenzado a pasar muchas cosas.

Carmen Barrios

viernes, 16 de noviembre de 2012

Cuento para el día de la protesta


Pego un cuento para conmemorar el día de la protesta más grande que ha conocido mi ciudad, Madrid. La jornada de huelga general del 14 de noviembre ha sido un día de protesta como hacía mucho tiempo que no se recordaba en Madrid y en muchas ciudades de España. Ciudadanos de todas las edades y condición han participado en la organización y en el apoyo a la huelga general y a las manifestaciones. 

Durante todo el día 14 los ciudadanos ocuparon las calles de las ciudades, clamando a voz en cuello en contra de los recortes y los retrocesos que quiere imponer la derecha en el gobierno. Las protestas y manifestaciones han sido pacíficas, solo enturbiadas por actuaciones provocadoras y desproporcionadas de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, como la carga policial que se produjo de madrugada frente a la sede de Lope de Vega de CCOO de Madrid, donde la policía llegó a entrar dentro de la sede del sindicato, persiguiendo y acosando a los integrantes de los piquetes informativos hasta el auditorio Marcelino Camacho en un acto indigno e intolerable de difícil encaje en un Estado de derecho democrático como el español.

Pego un cuento para conmemorar este día histórico y también una fotografía que tiene un punto amargo y melancólico, y que simboliza muy bien el momento en el que estamos, con seis millones de personas sin empleo y malviviendo,  pero a punto de salir del estatismo para romper las lunas de los escaparates y recuperar lo que nos están hurtando.

Muñequita linda



Un año antes de la protesta más grande…

Un año antes de la protesta más grande que ha conocido mi ciudad, la vecina del cuarto derecha preparaba deliciosas comidas en el colegio de la plaza. Los alumnos la adoraban, porque era una cocinera de sonrisa generosa con un talento exquisito para los macarrones con chorizo. Además, era especialista en el arte de escuchar. Sabía con exactitud la cantidad de canela necesaria para darle sentido a una conversación y cuánta azúcar poner en el corazón de los despechados de catorce años, por lo que siempre tenía candidatos de sobra para ocupar el puesto de pinche. 

Un año antes de la protesta más grande que ha conocido mi ciudad, los alumnos del colegio de la plaza acudían con normalidad a las clases y también a las excursiones programadas, tenían profesores de apoyo y calefacción en invierno en cada aula. Los días de música eran una fiesta para los oídos, porque las notas se colaban por todas las rendijas de la escuela y ayudaban a resolver con ritmo los problemas de matemáticas. La profesora de plástica construyó un móvil gigante y de colores brillantes con sus alumnos de tercero, que se colocó en medio del patio de la escuela para proyectar sombras de colores con los primeros rayos del sol de media mañana.  

Un año antes de la protesta más grande, los alumnos del colegio de la plaza celebraron una fiesta del otoño para recoger las hojas caídas en el huerto de la escuela y arropar las semillas de violeta con un manto fino de posos de café. Los más pequeños realizaron inventario de todo lo plantado y alertaron a su maestra de que en primavera no podrían disfrutar de la dulzura de las florecillas de té, pues las semillas se habían olvidado en un descuido de última hora.

Un año antes de la protesta, los profesores de apoyo cumplían la misión más delicada en el colegio de la plaza, pues debían sujetar con manos firmes y verbo templado al alumno que tropezaba y ayudarle a caminar con soltura por todas las veredas. En ocasiones, era preciso recurrir al valor y al ingenio del mismísimo Aquiles para despertar la atención de los muchachos, y conseguir que entraran en Troya bien resguardados en el vientre de un caballo de madera con las bridas cosidas con letras del abecedario.

Un año antes, los padres de los alumnos del colegio de la plaza tenían respaldo y confianza, y trabajo, y un hogar calentito, y armonía, y también tenían un centro de salud al que acudir si era preciso. Funcionaba el hospital a pleno rendimiento y el centro cultural de la Calle Mayor ofrecía obras de teatro los sábados por la tarde. Estaban despreocupados y apenas prestaban atención a las noticias que vaticinaban un desastre en las finanzas.

Un día antes de la protesta más grande que ha conocido mi ciudad, la cocinera del colegio de la plaza se encuentra sentada en la puerta de la sucursal de un banco. Lleva ocho días durmiendo allí, con otras veinte personas que están a apunto de perder su casa, igual que ella. Los alumnos del colegio de la plaza se acercan por las tardes a llevarle leche caliente con canela y ahora son ellos los que se han convertido en especialistas en el arte de escuchar. Hace varios meses que no enciende los fogones en el colegio. Su cocina se esfumó con todos sus enseres, la insignificante cifra de su salario fue tachada en el último presupuesto general del Estado, igual que el salario del profesor de apoyo, y el de la maestra de música. La profesora de plástica tuvo que emigrar a un país muy frío, en el que cuelgan carámbanos de sus móviles y ya no proyectan sombras de colores, porque el sol apenas se atreve a abrir las cortinas plomizas del Otoño para evitar que el invierno se cuele antes de tiempo.

El colegio de la plaza ya no tiene calefacción, fue tachada en la lista del mismo presupuesto general del Estado. El centro de salud y el Hospital se están fuera del presupuesto, pues se han vendido a precio de saldo al mejor postor del negocio sanitario y los niños del colegio de la plaza se han quedado sin atención médica, y sus padres también y sus abuelos, y el vecino del tercero, y el del sexto y el del quinto, y también Rosa, la florista, y todos y cada uno de los vecinos del barrio.

Un día antes de la protesta más grande que ha conocido mi ciudad los padres y los alumnos del colegio de la plaza se reunieron en el patio del centro. Tomaron la decisión de apoyar la protesta porque no quieren ver a la cocinera con talento para los macarrones con chorizo tendida sin casa en la puerta de un banco. No quieren prescindir del ingenio ni de la valentía de Aquiles. No pueden permitir que desaparezcan los profesores de apoyo, ni los de música y quieren que vuelva del frío la profesora de plástica. Exigen agua para regar el huerto del patio del colegio de la escuela y que el presupuesto del Estado vuelva a incluir la inversión en calefacción para las aulas. Igualmente reclaman que el centro de salud y el hospital vuelvan a ocupar su lugar en el presupuesto y mantengan las puertas abiertas para quien lo necesite.

El día de la protesta más grande que ha conocido mi ciudad todos los vecinos del barrio del colegio de la plaza han ocupado las calles y gritan muy alto para salvaguardar su propia dignidad.

Este cuento también ha sido editado en la web www.nuevatribuna.es