sábado, 11 de mayo de 2019

Juegos de circo

Ilustración: Kastarnado


La imaginación fluye. Surgen imágenes en forma de palabras que vuelven a convertirse en imágenes de la mano de un dibujante. He recuperado a mi amigo Kastarnado después de muchos años de ausencia. La vida es curiosa y nos ha juntado de nuevo para crear juntos, para darle una oportunidad a la belleza de la mano de Eros. Kas es fotógrafo como yo, creo que antes que nada, como yo, pero le apasiona dibujar, igual que a mi me apasiona escribir. Dibuja con trazos delicados cantando a la vida. Estamos trabajando juntos un proyecto que espero vea la luz en otoño. Un libro de relatos eróticos ilustrados que nos divierte mucho a ambos. Va uno de los relatos para abrir boca.

Este relato con su ilustración ha sido publicado también en la web Nueva Tribuna: https://www.nuevatribuna.es/articulo/cultura---ocio/relatos-eroticos-juegos-circo-carmenbarrios/20190508170947162490.html


Juegos de circo


La arena del circo está vacía. Un solo foco ilumina la parte central de la pista. Claudia tiene ganas de ensayar sus habilidades de bailarina resuelta en brisa. Le gusta sentir el columpio del trapecio para ella, asirse a él con dominio y experimentar la seguridad de su cuerpo bien entrenado. Sabe que es un juego peligroso columpiarse sola. No le importa, el riesgo dispara su corazón, que salta como un tapón a presión desbordado por el gas de la adrenalina, tonificando su musculatura hasta volverla flexible e indómita como la armadura de una felina perfecta.

Esta noche es especial. En el globo de la carpa del circo hay un ojo abierto por el que se vislumbra una luna llena magnífica, grande y roja, una luna fabulosa, que la turba con su luz y lleva su imaginación a componer danzas libertinas en el aire con su compañero habitual de trapecio.

Se sube al columpio y comienza a oscilar de un lado a otro recibiendo el viento entre los cabellos. Suelta sus manos, se cuelga de las piernas boca abajo con los brazos abiertos y recibe la noche dulce y tibia toda para ella. Sus pechos caen por efecto de la bendita gravedad y asoman con osadía por encima de la malla. Los nota casi libres, tan libres como todo su cuerpo flotando de un lado a otro al amparo de la brisa nocturna. Separa un poco las piernas y alcanza sus labios más íntimos con los dedos humedecidos de saliva, se frota con cadencia sinuosa y resbaladiza, con la delicadeza de una serpiente blanca mientras se columpia. La sangre se agolpa en su cabeza, mientras permanece boca abajo y sigue jugando con los dedos entre sus pliegues interiores, provocando que su cuerpo comience a responder haciendo manar fluidos lúbricos. Una incandescente excitación inunda cada poro de su piel con una gota de humedad, que la hace brillar a la luz de la noche roja lunar como una antorcha de púrpura en medio de un festín medieval.

Está tan concentrada en su propio placer que no ve que otro columpio se cruza con el suyo.

Como si lo hubiera convocado con su mente, su compañero de trapecio se cruza con ella dos veces antes de colocarse boca abajo hasta conseguir asirla y elevarla en el aire sacándola de su goce íntimo y propio por unos momentos. La columpia varias veces hasta atraerla hacia sí y alojar en ella su lengua por completo, succionando sus labios en un beso inesperado de ventosa de carne, que funde a ambos como si les prendiera la llama que sale por la boca de un comedor de fuego.

Ella ha ido parando el columpio con su cuerpo poco a poco. Cuando están preparados, saltan abrazados sobre la cama elástica, haciendo figuras increíbles mientras se despojan de las mayas, para quedar desnudos con los cuerpos pegados y enlazados en saltos fantásticos, sicalípticos, voluptuosos, describiendo un doble tirabuzón que supera cualquier expectativa visual o física.

En cada salto dibujan una posición distinta, de forma que sus figuras entrelazadas parecen una sola, dotada de cuatro piernas trenzadas, cuatro manos que acarician enrolladas como lianas selváticas hasta perder la noción de donde comienza una y termina otra, dos cabezas situadas en lugares inverosímiles, con sus lenguas que chupan los rincones más fronterizos, impenetrables e imposibles de cada uno de los cuerpos, sin acusar descanso ni aceptar consuelo…para rebotar una y otra vez sin freno, cada vez más rápido, cada vez más alto, cada vez más frenético, más salvaje, hasta salir propulsados como el hombre bala por la claraboya de la carpa del circo y llegar a fundirse con esa luna llena roja y animal, que los atrae y los acoge con toda la envidia bárbara, que puede atesorar un cuerpo celeste hermoso y singular, pero totalmente solitario.

Carmen Barrios Corredera, mayo 2019



jueves, 25 de abril de 2019

Nosotras escribimos la historia



Nosotras escribimos la historia

Nosotras, las mujeres, sabemos lo que es escribir la historia común a base de reclamar derechos, pero sobre todo sabemos lo que significa lo que es pelear por las cosas de comer, aunque luego se nos saque del relato.
Lo saben las mujeres asturianas, que recuerdan a ese grupo de señoras que hicieron posible que la Huelgona de 1962 fuera la primera pelea por derechos laborales ganada al franquismo.
Lo saben las mujeres de Zaragoza, que vieron como su ciudad se llenaba de autocares repletos de feministas en 1976, para apoyar a una joven juzgada por delito de adulterio.
La memoria de las mujeres dice que tumbamos esa Ley de adulterio en las calles, y que entre 1976 y 1978 dimos mucho la murga, porque la famosa Ley de Amnistía sacó de la cárcel a los presos políticos, pero no a las adulteras ni a las lesbianas, tampoco a las mujeres condenadas por delito de aborto, o a las acusadas de prostitución…
Tras quemar infinidad de sostenes en las calles y hartarnos de gritar que “lo personal es político” conseguimos tumbar esa Ley en las calles, y además arrancamos una Ley de divorcio y, un poco más adelante, una Ley de aborto con todos los tanques del patriarcado apuntando a nuestras cabezas.
Pero eso no es todo, miles de mujeres organizadas en el Movimiento Democrático de Mujeres y en el movimiento vecinal en los años setenta son las que posibilitaron que los barrios periféricos de las grandes ciudades en desarrollo se dotaran de semáforos y asfalto en las calles (porque se construían los bloques de viviendas para trabajadores y trabajadoras y no se asfaltaban las calles, ni se ponían semáforos), de parques, escuelas públicas, transportes públicos, centros de salud públicos, etc.
Todas esas dotaciones que hoy existen en las ciudades que habitamos se consiguieron gracias a las exigencias de las personas que quieren escribir la historia, precisamente la escriben -la escribimos- reclamando derechos.

Individuo colectivo
Unidas Podemos ha elegido en esta compaña un lema muy significativo, un lema inclusivo, constructivo, un lema de participación, un lema que interpela de forma individual, a la vez que apela al sentimiento colectivo: “La historia la escribes tú”.  “La historia” en la que estamos todas, la escribes “tú”. “Tú” como parte de un todo. Un “tú” que avanza con las demás, en colectivo, porque sin muchas “tús” unidas es imposible escribir la historia compartida. Una historia que merezca la pena, esa que puede hacer que cuando se eche la vista atrás, la emoción recorra el cuerpo como un latigazo que dibuje que fuimos parte de algo grande, de algo que mereció la pena, de un cambio revolucionario a través de esa fabulosa herramienta que es el voto, porque entre todas las “tús” conseguimos cambiar el curso de la historia, preñando las urnas con semillas de papel en forma de votos a Unidas Podemos.
Mi abuela, que fue indómita y anticlerical hasta su muerte, a pesar de haber sido vencida en una guerra atroz; mi madre que pateó mercados protestando contra la carestía de la vida, y exigió escuelas públicas y centros de salud con sus vecinas; mis tías, que quemaron sus sostenes para reclamar esos derechos de igualdad por los que hoy seguimos peleando, ellas se emocionan en el recuerdo imborrable de esa historia compartida de pelea por los derechos de todas y de todos, que hoy van escritos en la letra de nuestra Constitución.
Me siento muy reconocida en este lema, porque soy plenamente consciente de que la historia de verdad la escribimos la gente de a pie.
La Constitución española lleva escritos derechos sociales que se arrancaron al poder franquista, también las mujeres, con una enorme presión en las calles que había en los momentos en los que se estaba negociando esa Norma.

Luchas por derechos
Se peleaba, por una parte, desde los barrios, desde las asociaciones vecinales, por el derecho a la vivienda y a las vidas dignas;  y por otra, se pelaba desde los tajos, por mejoras en las condiciones de trabajo y los salarios decentes y suficientes. Ahí están las huelgas en la industria, en el textil, en el transporte, en la construcción…
Esos derechos constitucionales no cayeron del cielo, ni por la gracia divina de los llamados “padres” de la cosa, o del rey campechano. No. Los derechos sociales escritos en la letra de esa Carta Magna -que ahora están cuestionados, puestos en almoneda al mejor postor del capitalismo real- esos derechos costaron grandes luchas en las calles.
Las mujeres lo saben. Lo sabemos. Porque ellas –nosotras- trabajaban -trabajamos- dentro y fuera de casa, y reclamaban –reclamamos- dentro y fuera de casa.
Las mujeres, a las que nunca se menta cuando se recuerdan las luchas del movimiento obrero en la España de los años sesenta, o setenta, y ellas también estaban reclamando derechos en el textil y en la industria. Ellas formaron parte de luchas fabulosas, y de pequeñas luchas -pero importantes- por la enseñanza colectiva que albergan. Luchas bellas, pero silenciadas; como la huelga de las tricotosas del pueblo de Posadas (Córdoba) en 1973, en la que 53 vecinas arrodillaron a la fábrica que las quería explotar con salarios de esclavas. O la superhuelga de la fábrica Ike en Asturias, años después, cuando las reconversiones…
El derecho al trabajo digno y con salario suficiente va escrito en el articulo 35 de esa Constitución con la sangre de trabajadoras y trabajadores que pelearon, y en ocasiones se dejaron la vida, para conseguirlos.
Me contaron una vez la historia de Isabel, una sindicalista de una naciente CCOO de la Seat en la Barcelona de los setenta, una mujer brava, a la que la policía detuvo y torturó con saña. La dejaron tirada en un descampado con una gabardina por encima. Cuando se repuso mínimamente, volvió a la fábrica, se subió en una mesa durante una asamblea y se quitó la ropa para mostrar sus marcas, a la vez que arengaba a los compañeros para no rendirse.
Ahora nos toca a nosotras, las de ahora, defender derechos. Ellas, las que nos precedieron consiguieron escribir esos derechos en la letra de nuestra Constitución. Fueron parte de su tiempo. Tejieron su parte.
Ahora nos toca a nosotras. Nos toca seguir la senda de las Kellys, de las Espartanas y sindicalistas de cocacola en lucha, de las mujeres de Inditex, de las limpiadoras de oficinas, de las trabajadoras telefonistas del 010, de las de Vodafone, o de las mujeres de negro de RTVE, de las mujeres de la PHA, de las jóvenes estudiantes…  En nuestra mano está hacer nuestra parte, todas unidas, que no es ni más ni menos que obligar a que se cumplan esos derechos, y que queden blindados, mejorados y ampliados en la Constitución.

Los derechos se defienden
Los derechos se defienden, nunca se venden, nos hemos desgañitado muchas gritando esta frase, desde que en 2010 el PSOE (entonces en el Gobierno) y el PP le dieran un cerrojazo a los derechos sociales de la Constitución. Armaron a traición una reforma constitucional a escondidas y en solitario colocando un artículo, el 135, que prima pagar la deuda a los bancos antes que invertir en las necesidades de la inmensa mayoría, en contra precisamente de invertir en servicios públicos, que son una extensión de la democracia. Fue una puñalada trapera al cuerpo social, que se ha quedado con una herida abierta, por la que se derraman las vidas dignas y van a parar al vertedero de la pobreza y la desigualdad.
A continuación vinieron dos reformas laborales, una del PSOE y otra del PP a rematar la faena, junto a una serie de retrocesos legales, como la Ley mordaza, concebida para impedir las protestas con el miedo como herramienta, que han metido a España de nuevo en el armario de la historia más negra.
Unidas Podemos lleva en su programa derogar el articulo 135 de la Constitución y las dos reformas laborales, y por supuesto la Ley mordaza.
Estos retrocesos han perjudicado de manera radical a las mujeres. Sobre nuestras espaldas ha recaído el coste brutal de la crisis en mayor medida. Nuestros empleos son más precarios, están peor pagados, con una brecha salarial escandalosa y además, a muchas mujeres se las ha vuelto a meter en casa a trabajar en empleos informales, a coser, a hacer zapatos, o a teclear metiendo datos por unas cuantos céntimos; la precariedad ha hecho mella en las limpiadoras de los hoteles, o de oficinas, también en las cajeras de los supermercados o en las dependientas de las tiendas de ropa, en las periodistas, abogadas, en las maestras de escuela y en las enfermeras o medicas de hospitales y clínicas…se han extendido los contratos basura por meses, días y hasta por horas. Tal como expresa una de las candidatas de Unidas Podemos al Congreso de los diputados, Mercedes Pérez Merino, que es sindicalista, “se ha extendido la esclavitud”.
Por todas estas razones, las mujeres estamos en pie de lucha haciendo huelgas feministas de cuidados, laborales, de consumo y en la educación los 8 de marzo últimos. Además de gritar a voz en cuello que nos matan por el hecho de ser mujeres y exigir justicia sin descanso.
Queremos cambiar las cosas. Queremos una sociedad de cuidados que ponga a las personas en el centro. Queremos derechos, vivienda digna, cultura, comer bien, salud pública, educación pública, pensiones públicas garantizadas y dignas…No queremos ser víctimas de ninguna estafa vital más. Estamos hartas. Queremos una sociedad en la que seamos respetadas, de día y de noche, en casa, en el trabajo, en la calle; no queremos caminar con miedo, ni estar apocadas en la oficina, ni ser ninguneadas, ni  maltratadas, ni agredidas, ni vejadas, violadas o asesinadas.
Hoy, los hijos del peor patriarcado capitalista y machuno apuntan de nuevo hacia nuestras cabezas a lomos de un caballo fascista. Se plantean una ¿reconquista? “por sus cojones”, aliados con señores del uniforme azul-traje, con tribuna pagada por el IBEX35.
No les vamos a dejar.
Nosotras escribimos la historia con las luchas, también con el voto. Nosotras escribimos la historia con la letra de los derechos. De nuevo, es nuestra hora.
#La historia la escribes tu: Alba, Mara, Ana, María, Paula, Raquel, Elena, Nuri, Mari Sol, Sofía, Carmen, Pura, Mar, Luisa, Aida, Julia, Mercedes, Isabel, Teresa, Gema, Celes, Beatriz, Marina, Margarita, Alejandra, Lola, Manuela, Rosalía, Eloísa, Violeta, Aurora, Paloma, Reyes, Silvia, Faustina, Berta, Lorena, Laura, Jana, Carol, Josefina, Sole, Maby, Lourdes…..

Carmen Barrios Corredera, candidata al Senado por Madrid de Unidas Podemos.
Este artículo también ha sido publicado en el diario digital NuevaTribuna  https://www.nuevatribuna.es/opinion/carmen-barrios-corredera/nosotras-escribimos-la-historia/20190426105733162181.html

sábado, 16 de marzo de 2019

8 de marzo: ahora más que nunca, "Lo personal es político"





8 de marzo: ahora más que nunca Lo personal es político
La revolución de las mujeres, el feminismo, ha venido para quedarse. Tal como expresa el lema de los setenta Lo personal es político, la pretensión de apropiación de nuestros cuerpos que hace el patriarcado a través de su herramienta económica predilecta, el capitalismo, llega a unos niveles de comercialización de nuestras vidas que nos arrasa. No estamos dispuestas a permitirlo más. Porque nos arrasa en todos los órdenes de la existencia.
La huelga feminista del 8 de marzo se ha vuelto a plantear, en este 2019, en forma de huelga laboral, de cuidados, de consumo y de huelga educativa. Las mujeres saldremos a la calle el 8 de marzo para denunciar también que se nos sigue matando, que las violencias machistas y las violaciones de nuestros derechos aumentan en un patriarcado que se rearma, como indican las alarmantes cifras de incremento de los delitos sexuales y violaciones contra las mujeres, especialmente las violaciones en manada perpetradas por grupos de entre dos y cuatro varones: desde 2016 hay registradas 89 violaciones múltiples, de las que 58, esto es el 65,2%, lo fueron en 2018. ¿Tendrá algo que ver el “mensaje” que se envió con la perversa sentencia de La manada? 
El movimiento feminista plantea una huelga general de 24 horas, y no un mero paro laboral, porque las mujeres reivindicamos decencia social, dignidad y respeto vital, y esto es algo que va mucho más allá de una huelga de producción al uso. Estamos impugnando un sistema de vida, el patriarcado, que es “el sistema” que nos oprime desde hace generaciones, casi de forma atávica, y que nos mantiene a las mujeres en el último peldaño de cualquier escala social. Además, impugnamos igualmente el capitalismo como forma imperante en las relaciones económicas, sociales, políticas, vitales, que lo impregna todo, y no solo porque haya brecha salarial, que la hay y muy profunda, sino sobre todo porque el capitalismo ha degenerado en una herramienta económica puramente consumista, basada en necesidades irreales y sostenida sobre la desigualdad de género. Bajo su escala todo lo que existe es objeto de consumo, cualquier brizna de vida puede ser rentabilizable y aquí, justo aquí, los cuerpos de las mujeres son mercancías explotables sexual, emocional y biológicamente. Además de constituir una masa laboral entre baratísima y coste cero, que trabaja dentro y fuera de casa, ahorrándole al sistema billones de euros que lejos de ser cubiertos por el Estado del Bienestar en retroceso, son cubiertos por el trabajo invisible y esclavo de las mujeres.
Cuando las mujeres hablamos de poner #LaVidaEnElCentro nos referimos a la consideración social, política y económica que afirma que la vida de animales, planeta y personas y su bienestar es un valor inalienable y a preservar, y que la sociedad en su conjunto está obligada a contribuir de forma solidaria y responsable a garantizar que los cuidados deben ser un derecho social amparado por el sistema de forma pública y para todos y todas. Ese era el pacto que las élites decidieron romper.
Hay asimismo que tener en cuenta que, fuera de casa, las mujeres nos hemos convertido en una fuerza de trabajo barato que inunda el sector servicios de cerebros que crean y manos que producen cobrando salarios exiguos, que no dan para vivir, y a menudo nos colocan en la emergencia social y en los límites de la pobreza y de la indignidad vital, con contratos precarios sin derechos que nos afectan mayoritariamente a nosotras. Por ello también la huelga del #8M2019 debe ser total.

Le Monde Diplomatique del mes de enero publicó un especial fabuloso analizando el movimiento de los “chalecos amarillos” en Francia. Entre los artículos que ofrecía había uno titulado “El inesperado poder de las trabajadoras”, escrito por Pierre Rimbert, en el que afirmaba que los sectores predominantemente femeninos de la educación, el trabajo social, la salud, la limpieza o el comercio son la invisible piedra angular de las sociedades liberales. A estas trabajadoras se les ha atribuido mucha capacidad de aguante, pero la devaluación de los salarios y de las condiciones laborales, que provocan la extenuación de las mujeres y su explotación máxima en jornadas laborales mal pagadas y penosas han hecho que las mujeres francesas no lo puedan soportar y salgan a las calles a mostrar su enfado y su rechazo a un sistema de dominación que las explota doblemente. En el citado artículo se analizaba como las rotondas francesas, las plazas y las calles se llenaron de mujeres trabajadoras de estos sectores, y se abordaba con acierto lo que esto significa o puede significar: las trabajadoras tienen un inesperado poder, forman parte de una masa de empleos que no son deslocalizables. No se pueden deslocalizar los servicios de limpieza, ni la atención a las personas dependientes ni la atención sanitaria o educativa, son trabajadoras a pie de calle, a pie de plaza, a pie de barrio, a pie de casa.
El ejemplo francés sirve para ilustrar una realidad que se está produciendo en España de un modo análogo, por lo que ya toca hacer una huelga potente e impugnadora para decir NO a un sistema que nos explota doblemente. Los sindicatos mayoritarios, CCOO y UGT no se atreven todavía a acompañarnos -aunque sí sus bases- en este recorrido vital que nos afecta a toda la sociedad. Y consideramos que se equivocan. No están sabiendo ver el alcance de este movimiento insurreccional que compromete a un poco más de la mitad de la población española y que llama a la sororidad a las abuelas, a las madres y a las nietas, a las tías, a las hermanas, a las amigas, a todas las mujeres que componen la sociedad española a decir #BastaYaDeAbusos.

Las mujeres hemos estado protagonizando las huelgas y las reivindicaciones obreras desde el principio de la industrialización en España. Las cigarreras constituyeron un potente movimiento por la consecución de derechos y mejoras en las condiciones laborales en los albores de la industrialización en España, y a menudo se las olvida. Las mujeres asturianas protagonizaron una pelea contra el franquismo heroica en la Huelgona de 1962. La mujeres del textil fueron y son hoy también (desde las tricotantes de Posadas, a las camiseras de Ike o a las aparadoras de Elche) puntales del movimiento obrero, igual que lo son en la actualidad las sindicalistas y Espartanas de CocaCola en Lucha, las Kellys y las trabajadoras de Vodafone o de Amazon o de la asistencia a domicilio …y tantas y tantas mujeres maltratadas en el empleo que se han levantado y se levantan para cuestionar el estado de cosas en cada momento que les ha tocado vivir.
Asimismo, las mujeres hemos protagonizado luchas sociales y políticas importantes. Gracias a las mujeres asociadas entorno al Movimiento Democrático de Mujeres (MDM) y al movimiento vecinal nuestros barrios periféricos de la mayoría de las grandes ciudades españolas hoy tienen las calles asfaltadas, semáforos en las esquinas y colegios públicos, porque fueron ellas las que lo reivindicaron con acciones espectaculares de lucha en los años sesenta y setenta del siglo pasado. Y son invisibles, de forma mayoritaria no se las recuerda ni con el nombre de una calle, porque son los prohombres del patriarcado los que nombran la gran mayoría de nuestras calles y plazas.

La creatividad y las luchas de las mujeres sirven para mejorar las vidas de todas las personas, pero nunca se nos reconoce. Del mismo modo que no se le reconoce al feminismo el avance social y evolutivo que ejerce.
Es de justicia recordar en este texto que la Ley de Adulterio fue tumbada por las mujeres feministas organizadas, que en 1976 acudieron desde toda España en autobuses a Zaragoza a protestar porque se juzgaba a una de nosotras por adulterio. Ellas tumbaron esa Ley injusta y trasnochada, por la que la sociedad de la época condenaba todavía a las mujeres a ser “propiedad” del marido o carne de cárcel. También es de justicia recalcar que la Ley de Amnistía sacó de la cárcel a todos los presos políticos, pero se olvidó de las adúlteras, que permanecieron encerradas hasta que se derogó la Ley de Adulterio en 1978, dos años después de aquel juicio y muchas movilizaciones y protestas en las calles.
Hemos sido igualmente las mujeres feministas las que hemos conseguido que haya una Ley de divorcio y una Ley de aborto en España, porque tenemos claro que en nuestro cuerpo mandamos nosotras. Que #LoPersonalEsPolítico es tan evidente que duele.
Las feministas que saldremos a la calle este #8M2019 no tenemos que perder de vista que venimos de generaciones de orgullosas luchadoras por los derechos de todas y de todos y que entre nuestras demandas principales está la de una sociedad inclusiva, igualitaria, amable, de cuidados y solidaria, con pensiones justas y públicas, salarios y empleo dignos, escuela para todos y todas, servicios de la dependencia y sanidad pública de calidad y universal. Los derechos que exigimos son un patrimonio social que ataca la raíz del patriarcado y el individualismo ramplón y privativo del neoliberalismo, que nos quiere siervas, esclavas y objeto preparado para ser consumido.
Tal como afirma la filósofa Rosi Braidotti en Por una política afirmativa (Ed. Gesisa, Barcelona, 2018) citando a su vez a las Riot Girls “hay una guerra en curso y las mujeres no son en absoluto pacifistas. Somos las chicas de la guerra, chicas de lucha, chicas malas. Queremos organizar una forma de resistencia activa, pero también queremos divertirnos y queremos hacerlo a nuestro modo”.  
Carmen Barrios Corredera, fotoperiodista y escritora. Candidata de Podemos al Senado por Madrid.
Elena Sevillano, activista, sindicalista y Diputada de Podemos en la Asamblea de Madrid.



     

domingo, 3 de febrero de 2019

2ª Edición de #RojasVioletasEspartanas



Orgullosa de ver la segunda edición en mis manos en tan poco tiempo. Gracias a los lectores y las lectoras que están interesándose por conocer las vidas de mujeres que se narra en #RojasVioletasEspartanas. 

El viernes pasado (día 1) estuve en Carabanchel compartiendo charla sobre este libro con Elena Sevillano y con los y las compas de la Moradita de Carabanchel. Hablamos de feminismo, del papel de las mujeres y de nuestra peculiar forma de acompañarnos y organizarnos en las luchas de manera horizontal. También hablamos de la precariedad laboral que padecemos de forma mayoritaria y estuvimos de acuerdo en que en cuanto hay una crisis nos afecta mucho más a las mujeres porque se reducen de forma automática los servicios del Estado del Bienestar. 

Seguimos camino. El viernes 15 a las 19 estaré en Villaverde de nuevo, en la Moradita. 

martes, 22 de enero de 2019

Rojas, Violetas y Espartanas sigue su andadura


La imagen que he elegido para esta entrada forma parte del libro Rojas,Violetas y Espartanas. Mujeres en lucha (Utopía, 2018). Ilustra un relato tirulado El gallo rojo y la he escogido para abrir este post porque resume la fuerza de las mujeres, el ímpetu y la alegría que infundimos a las luchas, a cualquier lucha. 

Realicé esta imagen cuando trabajaba en Mundo Obrero y es una de las fotografías que hice en aquella época que más me gusta. La realicé en una de las manifestaciones contra la reforma educativa del PSOE de aquellos años, cuando era minitro de Eduación José María Maravall. 

Continuo presentando Rojas,Violetas y Espartanas en todos los lugares a los que me invitan. A continuación voy a colocar los sitios a los que acudiré proximamente:

-Viernes 25 de Enero, a las 19h estaré en La Moradita vallecana (Calle Rafael San Narciso, 6) , junto a Elena Sevillano y Mercedes Pérez Merino.

-Viernes 1 de Febrero, Moradita de Carabanchel a las 19h.

-Sabado 23 de febrero, presentación en León. 

-Jueves 28 de febrero, presentación en Valencia, en el salón de actos de CCOO junto a Clotilde Iborra.

-Sábado 2 de Marzo en la librería Zaitegui de El Escorial.

-Domingo 10 de marzo, presentación en la asociación cultural de Aravaca ACROLA, será a las 18h y me acompañará Juan José Llopis Joga, hijo de Natalia Joga, una de las protagonistas del libro.

 -Jueves 14 de marzo, 19h,  presentación en Alicante, en el salon de actos de CCOO en compañía de Consuelo Navarro.

-Viernes 22 de marzo. Presentación en Valdepeñas.

-Jueves 11 de abril. Presentación en Rivas.

En preparación: tengo previsto acudir a Móstoles, Fuenlabrada, Leganés, Cádiz, Gijón y Barcelona.


jueves, 1 de noviembre de 2018

Rojas, Violetas y Espartanas. Mujeres en lucha comienza su recorrido de diálogo con l@s lector@s

Hedy Lamarr, la mirada inteligente desde un muro del Trastévere.


Rojas, Violetas y Espartanas. Mujeres en lucha comienza su andadura de diálogo con l@s lector@s. 
Este es un libro con el que me siento emocional y vitalmente enredada. Lo he tenido que cerrar en una etapa de mi vida difícil, muy difícil, porque de repente me faltó el suelo debajo de los pies, el de los quereres y el físico. Ha sido gracias a mis amigas, mis mujeres, todas las fabulosas mujeres que me rodean, contando también con mi madre, mi hija y mi tía, como he conseguido salir del agujero y centrarme en escribir y terminar este libro. 

He de decir que también ha habido algún que otro amigo que me ha empujado y me ha dado alas para volver a volar. Menos mal.

Los relatos que componen este libro son un recorrido por las luchas y también por los padecimientos y las explotaciones que se hacen sobre las mujeres. Está dividido en tres partes, Rojas, relatos sobre un puñado de luchadoras contra el franquismo que nos han precedido y han allanado el camino para las generaciones venideras; Violetas, cuentos basados en hechos reales sobre las violencias que se se ejercen sobre nosotras las mujeres; y Espartanas, relatos sobre las luchas de ahora, en las que estamos siendo protagonistas una vez más. La revolución será feminista o no será. Estamos en un periodo de la historia en el que cuando han caído los héroes nos hemos levantado nosotras, las mujeres, porque nosotras somos como las Cariátides milenarias de los templos griegos, eternas, siempre estamos sujetando la vida. 
                                           
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Empezamos en Madrid el miércoles 14 de noviembre a las 19,00h en la sala 'Trece Rosas' de CCOO (Lope de Vega 38).
Será un orgullo para mi y un lujazo sentarme con Elena Sevillano, que me ha hecho el gran favor de escribir un prologo fabuloso para este libro sobre nosotras las mujeres y nuestras luchas, que es una diputada del pueblo a la que admiro. Salió elegida por Podemos y pisa la calle a diario para encontrarse con todas esas mujeres y esos hombres que hacen la historia cada día reclamando derechos. Una diputada de verdad, que se preocupa por las personas, así da gusto.

Además también me acompañará Carmen Banquetero, Espartana de #cocacolaenlucha, una mujer especial que pertenece un grupo de personas que están haciendo historia del movimiento obrero y que me han dado la oportunidad de contarlo. 

Y que decir de Pilar Morales, Secretaria de Mujer de CCOO Madrid, que lleva toda su vida reclamando derechos de igualdad para las mujeres; o de Pedro Delgado, Secretario de Cultura de CCOO Madrid, amigo de largo recorrido. Una persona especial para mi, que me ha dado la mano en un momento difícil, en que me hacía mucha falta.

Hago un especial agradecimiento a Rikardo González, mi editor, que ha confiado en mi de nuevo para sacar a delante este proyecto y que estará conmigo en Madrid presentando este libro.





El jueves 15 de noviembre a las 18,00 voy a Toledo de la mano de Helena Galán, Concejala de Participación Ciudadana, una luchadora por la dignidad y la calidad de la Sanidad Pública como la copa de un pino, que ella misma tiene una historia personal de ejemplo para todas nosotras que espero poder contar en un siguiente libro.

Gema Gil, Espartana también de #cocacolaenlucha me acompañará en la mesa, mucho recorrido juntas Gema y yo y lo que nos queda, me gusta mucho escuchar a Gema porque es la voz de la sensatez y la lucidez en las luchas hecha mujer.

Y por último a Toledo vendrá también Alejandra Acosta, periodista y gran amiga. Alejandra comparte conmigo la inquietud de contar lo que nos pasa a las mujeres y de reclamar nuestro sitio en la historia. Ella realizó una serie fabulosa sobre luchadoras en el diario El País bajo el pseudónimo de Alex Niño, que debería convertir en un buen libro.

Como digo, estamos empezando una gran andadura.
-El 18 de noviembre en Colmenar Viejo, acudiré por la mañana al vermout rojo de IU.
-El 21 de noviembre a las 19,00 en el local de Podemos de Usera.
-En fecha aun por determinar a las 18,00 en Acrola, Asociación Cultural y de Vecinos de la   Urbanización Rosa Luxemburgo de Aravaca.
-El 11 de diciembre a las 19,00 en La Moradita de Moratalaz (local de Podemos de mi barrio).
-El 19 de diciembre  a las 19.00 en La Morada de Arganzuela, local de Podemos de Madrid Ciudad.
-El 14 de enero en el Marx Madera a las 19h.
-El 15 de enero acudiré al Circulo de Podemos de Canillejas-La Peineta las 19h
-El 18 de enero estaré en Córdoba
-El 25 de enero a las 19.00 estaré en la Moradita de Vallekas.
-El 28 de febrero a las 18.00 en CCOO de Valencia.
-El 14 de marzo a las 19.00 estaré en CCOO de Alicante.
-El 11 de abril a las 19.00 en Rivas, en el Centro Cultural.
-Presentaciones en Móstoles, Alcorcón, Leganés, Fuenlabrada, Getafe y Cádiz, sin fecha todavía pero ya previstas.


La fotografía que abre esta entrada la realicé el verano pasado en una pared del barrio del Trastévere en Roma. De aquí ha salido la portada de Rojas, Violetas y Espartanas. Esta portada tiene una bella historia de casualidades vitales detrás, que contaré el día de la presentación. 


Carmen Barrios Corredera


jueves, 4 de octubre de 2018

Cristina Fallarás: literatura y memoria



Subo la reseña de una novela de Cristina Fallarás que me ha fascinado. La recomiendo vivamente.
También he publicado esta reseña en la sección de cultura de la página de la Fundación Sistema https://www.fundacionsistema.com/honraras-a-tu-padre-y-a-tu-madre/  
Honrarás a tu padre y a tu madre

La infancia que llevamos dentro nos acompaña a donde vayamos durante toda nuestra existencia. Es un lugar al que acudimos con frecuencia, incluso sin querer regresar a él. Cristina Fallarás hace el ejercicio de regresar a su infancia para curarse, para entenderse y también para reconciliarse con los suyos en una novela fabulosa en la que consigue que los suyos se conviertan en los nuestros, conduciéndonos de la mano a nuestra propia memoria enterrada, la individual y la colectiva.

Honrarás a tu padre y a tu madre es una novela conmovedora, en la que cada palabra está escogida con inteligencia y emocionalidad a partes iguales, que penetra en las profundidades de una familia, la de la propia autora, con una historia dramática enterrada bajo capas de cebolla vitales difíciles de pelar. “Me llamo Cristina y he salido a buscar a mis muertos. Caminando. Buscar a mis muertos para no matarme yo (…)”, así comienza esta novela, inolvidable, íntima, unas páginas en las que las heridas salpican a golpe de crónica novelada, para conducirnos también por nuestra propia memoria histórica incómoda, injusta y reciente, la memoria de la Guerra Civil, llena de heridas abiertas como zanjas enormes llenas de huesos sin nombre todavía.

Las dos partes de su familia, su abuela paterna y sus abuelos maternos comparten un hecho definitivo, drástico, brutal. Un hecho que los marca a fuego, a ellos y a sus descendientes, a la propia Cristina, que necesita comprender y colocar para poder salir a flote, con su carga generacional a cuestas, lo más limpia posible.

La grandeza de esta novela es que ese hecho brutal que narra Fallarás es tan común y silenciado en nuestra patria, que convierte esta novela en material de interés para que podamos entender la necesidad de hacer memoria histórica y colocar en su lugar todos esos hechos brutales que por desgracia se sucedieron en esa España negra como la sangre coagulada, que se derramó con usura durante la brutal Victoria franquista.

Leyendo esta novela y profundizando en su interior se llega a la conclusión de que igual que el fruto presente de una familia determinada no puede caminar sin sacudirse, comprender y colocar donde corresponde los muertos del pasado, un país como el nuestro tampoco puede caminar con la cojera histórica de no hacer el necesario ejercicio de memoria, justicia y reparación con las víctimas del franquismo, desde el mismo minuto uno de esa guerra injusta, ilegal y contra la democracia española, que causó una oligarquía egoísta y asesina, que sometió por la fuerza de las armas una sociedad que demandaba reparto y democracia. Queda demasiado por saber. 

Necesitamos hacer memoria de una vez en España y ser conscientes de todo lo que significó esa Victoria franquista sobre nuestra cultura de país. Vázquez Montalbán ya alertó de los peligros de no ser capaces de sacudirnos el franquismo cultural, estructural y sociológico que estaba instalado en la sociedad española, aunque hubiera llegado la democracia. Lo hizo hace casi 20 años, igual ya va tocando, porque la ponzoña solo se puede quitar con la decisión de un pueblo valiente que sea capaz de mirarse en el espejo después de hacer el ejercicio de saber con todas sus consecuencias qué es lo que pasó, quienes son los muertos, dónde están, por qué los mataron y los desaparecieron, quiénes se enriquecieron con este desastre y cómo, a consta de quién y por qué…nos quedan tantos porqués…

Recomiendo esta novela de Cristina Fallarás. Desde la primera frase hasta la última me la he bebido sin respirar, con ansia por saber y también he vuelto a releer y releer, enroscándome en frases y palabras que me han emocionado profundamente. Hago mía la historia que narra con dolor Cristina Fallarás, porque es una historia común y compartida por tantas, por miles de personas en este país que tanto queremos y que se llama España. 

Decía Víctor Manuel en unos versos “España camisa blanca de mi esperanza/ a veces madre y siempre madrastra/ reseca historia que nos abrasa/ con acercase solo a mirarla/ (…) quisiera poner el hombro y pongo palabras/ que casi siempre acaban en nada/cuando se enfrentan al ancho mar (…)…Fallarás en esta novela pone el hombro y las palabras. Cuantas más palabras y más hombros se pongan para conocer nuestra propia historia, más capaces seremos de atravesar el ancho mar para llegar esa otra orilla que se llama democracia con el pasaje completo.

Carmen Barrios Corredera