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sábado, 11 de mayo de 2019

Juegos de circo

Ilustración: Kastarnado


La imaginación fluye. Surgen imágenes en forma de palabras que vuelven a convertirse en imágenes de la mano de un dibujante. He recuperado a mi amigo Kastarnado después de muchos años de ausencia. La vida es curiosa y nos ha juntado de nuevo para crear juntos, para darle una oportunidad a la belleza de la mano de Eros. Kas es fotógrafo como yo, creo que antes que nada, como yo, pero le apasiona dibujar, igual que a mi me apasiona escribir. Dibuja con trazos delicados cantando a la vida. Estamos trabajando juntos un proyecto que espero vea la luz en otoño. Un libro de relatos eróticos ilustrados que nos divierte mucho a ambos. Va uno de los relatos para abrir boca.

Este relato con su ilustración ha sido publicado también en la web Nueva Tribuna: https://www.nuevatribuna.es/articulo/cultura---ocio/relatos-eroticos-juegos-circo-carmenbarrios/20190508170947162490.html


Juegos de circo


La arena del circo está vacía. Un solo foco ilumina la parte central de la pista. Claudia tiene ganas de ensayar sus habilidades de bailarina resuelta en brisa. Le gusta sentir el columpio del trapecio para ella, asirse a él con dominio y experimentar la seguridad de su cuerpo bien entrenado. Sabe que es un juego peligroso columpiarse sola. No le importa, el riesgo dispara su corazón, que salta como un tapón a presión desbordado por el gas de la adrenalina, tonificando su musculatura hasta volverla flexible e indómita como la armadura de una felina perfecta.

Esta noche es especial. En el globo de la carpa del circo hay un ojo abierto por el que se vislumbra una luna llena magnífica, grande y roja, una luna fabulosa, que la turba con su luz y lleva su imaginación a componer danzas libertinas en el aire con su compañero habitual de trapecio.

Se sube al columpio y comienza a oscilar de un lado a otro recibiendo el viento entre los cabellos. Suelta sus manos, se cuelga de las piernas boca abajo con los brazos abiertos y recibe la noche dulce y tibia toda para ella. Sus pechos caen por efecto de la bendita gravedad y asoman con osadía por encima de la malla. Los nota casi libres, tan libres como todo su cuerpo flotando de un lado a otro al amparo de la brisa nocturna. Separa un poco las piernas y alcanza sus labios más íntimos con los dedos humedecidos de saliva, se frota con cadencia sinuosa y resbaladiza, con la delicadeza de una serpiente blanca mientras se columpia. La sangre se agolpa en su cabeza, mientras permanece boca abajo y sigue jugando con los dedos entre sus pliegues interiores, provocando que su cuerpo comience a responder haciendo manar fluidos lúbricos. Una incandescente excitación inunda cada poro de su piel con una gota de humedad, que la hace brillar a la luz de la noche roja lunar como una antorcha de púrpura en medio de un festín medieval.

Está tan concentrada en su propio placer que no ve que otro columpio se cruza con el suyo.

Como si lo hubiera convocado con su mente, su compañero de trapecio se cruza con ella dos veces antes de colocarse boca abajo hasta conseguir asirla y elevarla en el aire sacándola de su goce íntimo y propio por unos momentos. La columpia varias veces hasta atraerla hacia sí y alojar en ella su lengua por completo, succionando sus labios en un beso inesperado de ventosa de carne, que funde a ambos como si les prendiera la llama que sale por la boca de un comedor de fuego.

Ella ha ido parando el columpio con su cuerpo poco a poco. Cuando están preparados, saltan abrazados sobre la cama elástica, haciendo figuras increíbles mientras se despojan de las mayas, para quedar desnudos con los cuerpos pegados y enlazados en saltos fantásticos, sicalípticos, voluptuosos, describiendo un doble tirabuzón que supera cualquier expectativa visual o física.

En cada salto dibujan una posición distinta, de forma que sus figuras entrelazadas parecen una sola, dotada de cuatro piernas trenzadas, cuatro manos que acarician enrolladas como lianas selváticas hasta perder la noción de donde comienza una y termina otra, dos cabezas situadas en lugares inverosímiles, con sus lenguas que chupan los rincones más fronterizos, impenetrables e imposibles de cada uno de los cuerpos, sin acusar descanso ni aceptar consuelo…para rebotar una y otra vez sin freno, cada vez más rápido, cada vez más alto, cada vez más frenético, más salvaje, hasta salir propulsados como el hombre bala por la claraboya de la carpa del circo y llegar a fundirse con esa luna llena roja y animal, que los atrae y los acoge con toda la envidia bárbara, que puede atesorar un cuerpo celeste hermoso y singular, pero totalmente solitario.

Carmen Barrios Corredera, mayo 2019



domingo, 13 de julio de 2014

Poema de la hora dulce

Contorno de luz










Estoy aquí

Hoy estoy aquí,
un poco yo,
un poco tú.

Hoy estoy aquí,
un poco pies pequeños,
un poco manos grandes.

Hoy estoy aquí,
un poco trenzas,
un poco barba.

Hoy estoy aquí,
un poco nalga,
un poco pierna.

Hoy estoy aquí,
un poco miel,
un poco crema.

Hoy estoy aquí,
un poco dentro,
un poco fuera.

Hoy estoy aquí,
en la hora dulce
del espacio lento.

lunes, 12 de mayo de 2014

El vuelo de la gacela

El vuelo de la gacela



De vuelos interiores

Una mujer vuela, da un salto interior que la catapulta hacia otro espacio, hacia otro tiempo, hacia otra dimensión, lugares todos ellos que se encontraban dentro de lo más íntimo de su ser, pero no los veía. Ella tuvo la sensación de que se salía de sí misma, para poder encontrarse de nuevo con la persona que fue. Era como si volara, como si su cuerpo se hubiera transformado en una especie de tul impulsado por la brisa y dio un salto ágil como el vuelo de una gacela.

Representar este vuelo daba vueltas dentro de mi cabeza y una fructífera mañana de invierno, visitando el interior de la catedral de Lisboa, supe que iba a conseguir captar esa imagen. Vi cómo mi hija y la hija de mi compañero se divertían dando saltos -como auténticos vuelos de gacela- por los pasillos desiertos del claustro de la catedral. La iluminación era perfecta, envolvente, suave y decadente, una auténtica invitación para poder plasmar mis pensamientos. Comencé a disparar fotografías mientras ellas jugaban y conseguí captar esta imagen tan armoniosa, tan bella y tan etérea.  

Al contemplarla, se eleva una con ella, se diría que el cuerpo de la niña se ha descompuesto durante el salto, casi ha desaparecido, para volver a recomponerse después, justo cuando su pié llegue por fin a hacer contacto con el suelo. Pero esta recomposición se recrea solo dentro de nuestras cabezas, como un acto mágico de la imaginación que necesita cerrar la cadencia del salto, porque la fotografía solo muestra el instante del impulso, el ímpetu del inicio de la acción del salto.

Me gusta mucho esta fotografía, porque el estatismo frío y muerto de la piedra contrasta con el ímpetu y la fuerza de la vida. Además, el encuadre triangular es perfecto y equilibrado y la luz acaricia la imagen con magia, lo suficiente para que se pueda ver el cuerpo difuminado de la saltadora, acentuando así la fuerza del impulso y del movimiento.

Escribí este poema antes de tomar la fotografía. Puede ser un complemento para la foto, porque habla de vuelos interiores, de aquellos vuelos cotidianos que solo puede dar una misma.

Vuelo

Vuelo,
con zapatillas nuevas
de andar por casa.

Vuelo,
con zapatillas nuevas,
de mi lecho a otro lecho.

Vuelo,
con zapatillas nuevas,
de mi casa a otra casa.

Vuelo,
con zapatillas nuevas,
de mi vida a otra vida.

Vuelo,
con zapatillas nuevas,
con la luz encendida.
De mi lecho a otro lecho,
de mi casa a otra casa,
de mi vida a otra vida,
con zapatillas nuevas,
de andar por casa.




domingo, 8 de julio de 2012

Poema para un atardecer de julio


Sobre tu pecho


Si pudiera... 

Si pudiera contarte
con palabras
lo que anhelo…

Si pudiera reírte
con sonrisas
lo que espero…

Si pudiera cantarte
con canciones
lo que ansío…

Si pudiera tocarte
te contaría,
te reiría,
te cantaría.

Sólo,
si pudiera tocarte.


La piel respira eterna, acariciada por la luz suave del caer de la tarde. Se dibujan las formas más cálidas, cuando una estela de luz perfila el contorno de los cuerpos. Esta fotografía goza del regalo de la luz suave del ocaso, en pleno verano. El calor se sale de la imagen y circula libre, imponiendo casi un deseo de dulce brisa que agite el tul que rodea la modelo. 

Continuo persiguiendo líneas de luz en los bellos cuerpos de los  vivos, y pego este poema sobre el deseo, el eterno deseo, que mueve tantas voluntades cuando se libera.