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viernes, 11 de diciembre de 2015

Cinco años exigiendo Stop Desahucios




El derecho a una vivienda digna y adecuada está recogido en el artículo 47 de la Constitución española. Sin embargo, en España durante la crisis miles de personas han perdido su hogar, han sido desahuciadas de sus viviendas sin que los poderes públicos se inmutaran, hasta que nació un movimiento social que puso en la agenda política este asunto. Las Plataformas de Afectados por las Hipotecas llevan cinco años exigido que se paralicen los desahucios, la modificación de la ley hipotecaria española para que se acepte la ración en pago y la exigencia de que la vivienda sea un derecho blindado en la Constitución española.

Como me interesaba el tema realicé un reportaje que he publicado en la web www.radicaleslibres.es un espacio que hemos creado un grupo de amigos inquietos y preocupados por nuestro ecosistema político, social, económico y cultural.

Cinco anos exigiendo Stop Desahucios


Cinco años. Han pasado cinco años desde que en 2010 comenzara la campaña Stop Desahucios en Barcelona. Han pasado cinco años desde que el 3 de noviembre se consiguiera parar el primer desahucio. Fue en Bisbal del Penedés donde 30 miembros de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca de Barcelona se congregaron delante de la casa de Lluís Martín, un mecánico en paro con un hijo de nueve años y con unos ingresos de 426 euros, que había dejado de pagar su hipoteca. Lo primero era comer. Lluís debía 100.000 euros a CatalunyaCaixa y ese día se consiguió parar indefinidamente su desahucio, en lo que se considera la primera victoria pública de la Plataforma de Afectados por las Hipotecas (PAH).

La PAH había nacido en 2009 en Barcelona, recogiendo el testigo del movimiento “V” de Vivienda, que llevaba desde 2006 denunciando las dificultades de los jóvenes para acceder a una vivienda justo en unos momentos en los que parecía que se nadaba en la abundancia y solo unos cuantos economistas se atrevían a decir que se estaba gestando una burbuja inmobiliaria de difícil pronóstico, si llegaba a estallar. Y estalló. La burbuja se pinchó un año después, en 2007, cuando el mercado americano alumbró un engendro que rápidamente contagió a Europa y se cebó en España, donde la economía tenía una dependencia espectacular del mercado inmobiliario y del sector de la construcción.

A partir de 2008 comenzó en España la era de la devaluación vital: paro, precariedad, desahucios, crisis, desigualdad, pobreza…se convirtieron en vocablos habituales en cualquier conversación. Ni el Gobierno del PSOE (que cerró su legislatura en 2011 con una reforma laboral que apuntaba maneras y una reforma del artículo 135 de la Constitución, pactada con el PP de un día apara otro, que en la práctica ha situado los intereses de los bancos por encima de los derechos de las personas) ni el del Partido Popular, que comenzó la suya con políticas de recortes sociales y económicos y de derechos, aplicando una nueva reforma laboral que dejó las manos libres al empresariado español para despedir barato y contratar precario, continuando así cuatro años de legislatura que está a punto de terminar, ninguno de estos dos partidos ha enfrentado la crisis poniéndose del lado de las personas.

Todo lo contrario. La gestión de este periodo de crisis arroja un saldo que tiene carácter de ajuste de postguerra. Cinco millones de parados, un porcentaje creciente y desproporcionado de contratos precarios y cientos de miles de familias que han perdido su hogar. Según las estadísticas del consejo General del Poder Judicial entre 2008 y el primer trimestre de 2015 se han iniciado en España 598.747 procesos de ejecución hipotecaria. En esta cifra no se especifica si son viviendas habituales o locales comerciales. Pero según los datos del Banco de España entre 2012 y 2014 se produjeron 97.577 lanzamientos. Esto quiere decir que unas 100.000 familias se han quedado sin casa en ese periodo. Detrás de estas cifras hay personas. Gentes que lo han perdido todo, el trabajo, el techo sobre la cabeza y algunos hasta la vida, porque no hay que olvidar que los procesos de desahucio han concluido en algunos casos en suicidio.

La PAH y la lucha contra la adversidad
La Plataforma de Afectados por la Hipoteca creada en Barcelona se fue extendiendo poco a poco por todo el territorio español, porque agruparse y ayudarse mutuamente es una buena forma de recuperar la autoestima y de luchar contra la adversidad. Estas plataformas consiguieron poner en la agenda política el problema de la vivienda y de los desahucios gracias al lanzamiento en 2010 de la Iniciativa Legislativa Popular para conseguir la dación en pago. Recogieron más de un millón cuatrocientas mil firmas que entregaron en el Congreso de los diputados obligando al Gobierno del Partido Popular a ceder y a tramitar la iniciativa en febrero de 2013. Es cuando Ada Colau compareció en la Comisión de Economía del Congreso de los Diputados y describió ante toda España una realidad de emergencia social en la que miles de David se enfrentan a diario al Goliat de la banca, para exigir su derecho a vivienda y mantener su casa. Colau, hoy alcaldesa de Barcelona, llegó a llamar criminales a los bancos en esa comparecencia.

Tras cinco años de luchas por el derecho a la vivienda, hoy todavía miles de familias en toda España continúan peleando con los bancos para que no les echen de sus domicilios sin apenas apoyos institucionales.

Las políticas de austeridad aplicadas por el Gobierno del PP durante estos cuatro años de legislatura han tenido sus repercusiones negativas en las políticas públicas de vivienda, que han pasado a ser casi inexistentes. Según el Informe “Derechos desalojados. El derecho a la vivienda y los desalojos hipotecarios en España”, publicado en junio de 2015 por Amnistía Internacional, España es el país de Europa en el que la vivienda social es más exigua, representa tan solo el 1%, frente al 32% de Países Bajos, el 23% de Austria, el 18% de Reino Unido o el 17% de Francia. El Informe de Amnistía Internacional relata que la mayoría de los desahucios que se han producido durante estos años de crisis han sido de viviendas adquiridas durante el periodo de expansión económica anterior. La situación en España se ha complicado mucho porque, según el informe, “las autoridades españolas no han habilitado mecanismos jurídicos que permitan defender ante los tribunales el derecho a la vivienda de las personas afectadas por desalojos hipotecarios”. Es decir, que el Estado no ha establecido ninguna fórmula o institución de arbitraje que vigile la negociación entre los bancos y las familias, haciendo del desahucio la única opción posible, con el agravante de que la legislación española tiene una dureza extra: en el procedimiento de ejecución hipotecaria en España además de perder la vivienda, el desahuciado permanece con la deuda a la que hay que sumar los intereses de demora y las costas del procedimiento.

Las únicas ayudas con las que han contado las personas pendientes de desahucio han venido de organizaciones como la PAH y otras ONGs y de familiares. Pero no todo es negativo.

Nuevos gobiernos municipales: ¿luz al final del túnel?
Desde las pasadas elecciones municipales y autonómicas algo ha comenzado a moverse en algunos Ayuntamientos en los que triunfaron las candidaturas de confluencia y unidad popular, como Madrid, Barcelona, Cádiz, Zaragoza o A Coruña. Estos nuevos gobiernos municipales son más sensibles a las demandas de los ciudadanos y llevaban en sus programas iniciativas sociales para ayudar a solucionar el problema de la vivienda, entre otros muchos.

Por ejemplo, en el caso de Madrid en 2014 hubo 7.966 lanzamientos, casi 8.000 familias se quedaron sin casa. Una cifra que puede ser parecida en 2015, según los datos del Consejo General del Poder Judicial.

La nueva corporación municipal de Manuela Carmena lleva casi cinco meses de gobierno municipal y en ese periodo ha paralizado totalmente los desahucios de los pisos que son propiedad municipal. Según explica Marta Higueras, primera teniente de Alcalde y Concejala de Equidad, Derechos Sociales y Empleo: “Cuando tomó posesión la corporación actual de Ahora Madrid, había 70 demandas de lanzamiento iniciadas por el grupo municipal de Ana Botella. La corporación de Manuela Carmena las paralizó. Se han cambiado los contratos en los casos en los que no pueden pagar y se han mantenido los alquileres sociales. La actual EMVS (Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo) no va a lanzar a nadie por falta de pago. Y por supuesto esas 2.086 viviendas de titularidad pública seguirán siendo un patrimonio de todos los madrileños”. Pero parece que poco se podrá hacer con 1.860 pisos que ya vendió Botella los a los fondos buitre. Esos pisos ya no son de titularidad pública y cuando expiren los contratos los nuevos dueños pueden subir los alquileres hasta la cifra que quieran. Según declara Higueras, el Ayuntamiento está estudiando todos esos contratos por si encuentra un resquicio legal que permita revertir esa situación, aunque ella misma asegura que es complicado, pero que en todo caso se atenderá a las familias que lo necesiten y se les ofrecerá otra vivienda.

Como demandaba Amnistía Internacional en su Informe, el Ayuntamiento de Madrid ha dado un paso en la buena dirección, ha creado una Oficina de Intermediación Hipotecaria para ayudar a negociar con los bancos a las personas que no pueden pagar su hipoteca y encontrar una solución que no sea el desahucio. Marta Higueras explica que la Oficina ya ha atendido 504 casos desde mediados de julio, cuando se creó, y que “han ido a mediación 193, de los que ya están resueltos 44 casos, en los que se ha podido renegociar la deuda con al entidad financiera y esas personas han conseguido condiciones más aliviadas que les permiten continuar pagando su hipoteca”. La concejala considera que de los 193 casos iniciados se podrán resolver casi todos.

Desde esta oficina se aspira a que se renegocien las condiciones y se fijen en una nueva escritura, para que las soluciones sean legales y definitivas, que esas personas conserven su hogar.
Ella advierte que es necesario que las personas en dificultades acudan a la Oficina “en el mismo instante en que se den cuanta de que no pueden pagar, porque una vez que el proceso judicial está en marcha y una familia está pendiente de lanzamiento es mucho más difícil todo, ya que la familia ha dejado de ser propietaria de su casa. En el momento en el que se deja de pagar la hipoteca y el banco inicia un procedimiento judicial la casa pasa a ser del banco. En estos casos es muy difícil llegar a un acuerdo, porque muchas veces el banco ya ha vendido la casa y aunque se consiga un alquiler social puede que tenga que ser en otra vivienda que el banco facilite” asegura.

Mientras tanto, en el municipio de Madrid las Plataformas de Afectados por las Hipotecas continúan también con su labor de información y apoyo a las personas, llevando acciones, en ocasiones complementarias y en otras paralelas, a las del Ayuntamiento. Las PAH están en contacto con los servicio sociales de los distritos, que son los encargados de facilitar informes oficiales sobre la situación de las personas para aportar en las negociaciones con los bancos.

Este movimiento vecinal está muy estructurado y en distritos muy azotados por la crisis como el de Vallecas continúan reuniéndose cada lunes para hacer una bienvenida a los nuevos afectados que se acercan y cada miércoles para planificar en asamblea los pasos a seguir. En estas asambleas se pueden llagar a juntar unas cincuenta personas o más cada miércoles, dispuestas a darse apoyo mutuo y a continuar con la presión sobre bancos que han sido rescatados con el dinero de todos y que tienen muchas familias pendientes de desahucio y pisos vacíos. Las acciones de presión que efectúan son ocupaciones de sucursales para protestar, mientras se negocia con la entidad la paralización de desahucios y también las ocupaciones “sociales” de inmuebles vacíos de pisos construidos y sin vender para que las entidades los cedan en alquileres sociales. Además, desde estas asociaciones activistas y abogados apoyan a las familias en proceso de desahucio, dándoles cobertura legal y acompañándoles en sus negociaciones con los bancos.

He podido comprobar que a las asambleas de la PAH de Vallecas acuden una gran mayoría de mujeres, en muchos casos con niños pequeños, que se encuentran en una situación desesperada, sin empleo o con empleos muy precarios. Allí he conocido el caso de Raquel, con dos hijas ya adolescentes, cuya vivienda está a punto de ser subastada y que lo único que persigue ya es que el banco acepte la dación en pago. Ella se quedó en paro y dejó de pagar, ahora ya ha encontrado un trabajo, muy precario, pero con el que podría pagar un pequeño alquiler y dar de comer a sus hijas, algo imposible si además de perder la casa continua teniendo que pagar la deuda más los interese a la entidad financiera que ya ha sacado su casa a subasta. También he conocido el caso de Giovanna, que tiene dos niñas pequeñas, una de ellas todavía bebé, que trabaja limpiando pisos y que está pendiente de desahucio; y el caso de Jesús que también esta pendiente de desahucio, pero que ya no puede aguantar más y ha decidido abandonar, aunque las personas de la asamblea le dicen que le apoyan y que aguante, pero él no puede, dice que el banco le agobia, que la situación le supera y que se va a casa de un familiar, que abandona la lucha, que ya no puede más…
El problema de la vivienda en Madrid, igual que en Barcelona, o el resto de ciudades con ayuntamientos unidos por el bien común, sigue siendo complicado y va a tardar en solucionarse. La buena noticia es que los nuevos Ayuntamientos están abiertos a escuchar a las organizaciones vecinales y a los ciudadanos. Tienen la voluntad de poner todos los recursos legales a su alcance para ir solucionando los problemas y no dejar a nadie en la calle.

Las Plataformas de Afectados por las Hipotecas continúan con su labor social, que es inmensa porque han devuelto la dignidad a muchas personas que suelen acudir a pedir ayuda devastadas, con complejo de culpa o con vergüenza y tras su paso por allí salen como activistas, entendiendo lo que les pasa, lo que significa una clausula suelo (que es ilegal según la legislación europea), o lo que significa tener intereses de demora, o cómo se las gasta la Ley hipotecaria española (calificada de encontrarse fuera de la legalidad europea por el tribunal de Luxemburgo en una sentencia de 2013) y por supuesto salen sabiendo que la vivienda es un derecho exigible ante un tribunal, porque el artículo 47 de la Constitución española dice textualmente que “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos”.

Cuesta comprender que cada día siga habiendo personas con riesgo de perder su casa cuando se sabe que según último Censo de Población y Vivienda (que es de 2011, no hay nuevos datos, porque este Gobierno ha paralizado las encuestas públicas en asuntos muy sensibles) hay casi tres millones y medio de casas vacías en España (casi el 30% de todas las que hay en Europa). También se sabe que la SAREB (o banco malo es una sociedad anónima de gestión de activos transferidos por las entidades bancarias nacionalizadas y en proceso de reestructuración) posee unas 80.000 casas procedentes de entidades financieras, y que esta entidad rescatada con dinero público es titular de viviendas ocupadas por personas que actualmente se defienden de un desahucio.

Como demandan tanto Amnistía Internacional como otras ONGs el Gobierno debería modificar el mandato de la SAREB y promover el uso de esas viviendas, para asegurar el acceso a las mismas de un mayor número de personas.

Pero esta es una exigencia que parece que tendrá que afrontar el próximo Gobierno que salga de las urnas el 20 de diciembre próximo, porque hasta ahora se ha dado la callada por respuesta.


Carmen Barrios

jueves, 10 de septiembre de 2015

Nosotros, la gente

La protesta


NOSOTROS, LA GENTE

Las fachadas de las calles de cualquier ciudad ofrecen bastante información, ya sea sobre la riqueza o no de sus materiales, o sobre el estado de las gentes que las habitan. A mí sobre todo me interesa este último aspecto, cómo se encuentran las personas que viven en las ciudades.

Este verano, paseando por una pequeña localidad de Portugal, la villa de Tomar, hice la fotografía que da pie a este artículo. En ella se ve una pintada que dice: “Tanta gente sin casa, tanta casa sin gente”. Liliana, la firmante de la pintada, hace una denuncia en toda regla. Como sabemos, Portugal es otro de los países de Sur de Europa a los que la troyka ha empobrecido con sus políticas de austeridad, que sirven para esquilmar grandes mayorías en beneficio de unos cuantos poderosos. Sus gentes, como las de Grecia y tantos otros lugares en Europa, como las nuestras, como muchos de nuestros vecinos y vecinas, como nosotros, la gente, sufren –sufrimos- una emergencia social y una devaluación vital que se grita de forma sorda estampando denuncias en las fachadas de las casas. El 4 de octubre los portugueses acuden a las urnas, tienen la oportunidad de transformar el clamor en acción política.

La ciudad de Madrid se llenó de palabras de denuncia en mayo de 2011. Gentes que surgieron de todos los rincones, salieron de detrás de los muros de las calles y ocuparon la Puerta del Sol durante varios días. Portaban pequeñas pancartas con sus reflexiones personales, eslóganes que una vez desarrollados en grupos de trabajo amplios dieron lugar a un proyecto de gobierno ciudadano. Unieron sus voces en un clamor contra un sistema económico antisocial, que no respeta la democracia, que crea desempleo, pobreza, desigualdad, graves carencias vitales, destruye derechos sociales que creíamos consolidados y aboca a una tristeza que empequeñece. Sus voces de protesta traspasaron nuestras propias fronteras.

La continuidad en la aplicación de dichas políticas por parte del Gobierno del PP han provocado que muchas personas perdieran su casa, se quedaran sin trabajo, sin poder estudiar o sin atención médica.

El grito de la Puerta del Sol de Madrid fue el inicio de un nuevo camino. Con el tiempo, personas que acudieron allí a protestar, decidieron dar el paso para elaborar una propuesta ciudadana que aglutinara a quienes querían un cambio en la ciudad de Madrid. Se consiguió tejer un movimiento de participación y de organización política amplio (en el que estaba Podemos, Ganemos, Equo, gentes de IU aglutinados en torno a Cambiar Madrid, Convocatoria por Madrid, gentes del movimiento asociativo vecinal, etc y muchas personas activistas sin partido ni organización concreta), que se conformó como el bloque Ahora Madrid, un espacio para la confluencia municipal en el que muchas y muchos de nosotros, la gente, nos implicamos para poner freno a esas políticas. Con diálogo, mucho trabajo y toneladas de ilusión hemos sido capaces de reconquistar el Ayuntamiento de Madrid y hemos conseguido que Manuela Carmena y los concejales de Ahora Madrid sean los representantes de las personas. En Madrid, y en otras ciudades en las que se conformaron candidaturas de confluencia para el cambio, que triunfaron, se consiguió que la protesta cristalizara en un movimiento amplio organizado. Eso dio sus frutos y ahora estamos en un peldaño más alto. La organización ha dado paso a la acción política. Ahora estamos en la fase de poner en práctica el programa con el que Ahora Madrid concurrió a las elecciones.

Los Ayuntamientos para el cambio que apuestan por políticas para el bien común, entre los que se encuentra el de Madrid, están dando lecciones de iniciativa política al Gobierno del Partido Popular, que no gobierna para las personas, para nosotros, la gente, sino para los prebostes que se reparten nuestra riqueza a través de los beneficios de las empresas del Ibex 35.

Estos Ayuntamientos se han puesto a trabajar para responder a los problemas diarios de las personas. Están proporcionando soluciones reales a las situaciones de emergencia social de las gentes que se han quedado sin casa o que están a punto de perderla. Desde los servicios sociales de estos Ayuntamientos se trabaja sin descanso para atajar situaciones de pobreza, de necesidad, de atención social que no se puede retrasar por más tiempo, porque hay familias en las que se pasa hambre, hay ancianas y ancianos que están solos, hay vecinos y vecinas que no tienen atención médica, porque este Gobierno de la derecha les expulsó del sistema porque venían de otro lugar.

Los Ayuntamientos de la gente le han dado otra lección más al Gobierno del Partido Popular. Esta vez ha sido una lección de solidaridad y de dignidad humana. Ante la emergencia de las personas que huyen de la guerra de Siria, y de tantos lugares de África, o de Oriente Próximo, que llaman desesperados a la puerta de esta isla denominada Europa estos municipios se están organizando para ofrecer su ayuda a los que vienen. Y lo más importante es que lo han hecho apoyados por nosotros, la gente. Porque muchos y muchas consideramos que cualquier persona, venga de donde venga, tiene derecho a techo, a escuela, sanidad, pan y libertad. Todos tenemos derecho a la cultura, a disfrutar de una vida digna. Tenemos derecho al pan y a las rosas, como reza uno de los eslóganes más bellos de la historia del movimiento obrero.

Es emocionante el momento histórico y político que estamos viviendo en España y en Europa. Las gentes estamos tomando conciencia de que tenemos que actuar para cambiar una realidad obstinada, que no quiere contar con la gran mayoría de las personas.

Lo que la historia ha demostrado es que cuando las personas cooperan y trabajan unidas en amplias mayorías para el bien común, las sociedades avanzan hacia lugares inclusivos en los que no se abandona a nadie. Otro Madrid es posible con la implicación de las gentes. Otro país es posible. Otra Europa es posible. Otro mundo es posible.

Nosotros, la gente, tenemos la fuerza que se necesita para cambiar las cosas. Hay que actuar. Hay que implicarse.

*Me pidieron un texto para el tercer boletín editado por Ahora Moratalaz, mi barrio, y me ha salido esto. Dejo el enlace del resto del boletín por si alguien quiere más información: http://us11.campaign-archive1.com/?u=118dfd2898140d10d25fb6e8c&id=58c3d82e88

Carmen Barrios





sábado, 22 de octubre de 2011

“Con tu puedo y mi quiero”: Madrid, “capital de la gloria”

El joven de los carteles

“Con tu puedo y mi quiero”: Madrid, “capital de la gloria”
“Con tu puedo y mi quiero/ vamos juntos compañero”. Recupero estos dos versos de una canción de Adolfo Celdrán para iniciar una breve reflexión sobre lo que vivimos el sábado 15 de octubre en la impresionante manifestación de Madrid convocada por el Movimiento 15M.
Sol atestado
Esa tarde de un octubre veraniego Madrid volvió a ser la “capital de la gloria” (como Alberti la bautizara en los años treinta). El movimiento 15M está consiguiendo hacer de Madrid, que estaba como adormecida, la madre de una nueva rebelión global. “Con tu puedo y mi quiero” cientos de miles de madrileños (medio millón de personas) caminamos juntos para volver a reclamar una auténtica democracia. Una democracia que represente a las personas, no a los capitales. Una democracia en la que el respeto a los derechos humanos y a los derechos sociales sea un hecho cierto, y no una frase bonita escrita en un papel.

Esperando la asamblea
Una de las pancartas decía “Bilderberg siempre gana las elecciones antes de que votemos”. Por eso marchamos en Madrid y en 951 ciudades en todo el mundo, para terminar con los clubs infames, como el Club Bilderberg, en el que se reúnen los más poderosos para planificar cada estafa global. Madrid prendió la mecha de la rebelión de las palabras con la gran acampada de la Plaza Solución del pasado mes de mayo y poco a poco se ha ido contagiando a muchos lugares del mundo. Porque la estafa es global y afecta millones de personas en todo el Planeta.

La manifestación de Madrid fue una de las más numerosas. Las personas acudieron de nuevo con sus lemas, con sus frases escritas sobre cartones o sobre cartulinas de colores. Frases ingeniosas para reclamar otro mundo posible, para exigir o simplemente para expresar la frustración y la crítica. Frases como estas: “Seamos realistas, pidamos lo imposible”; “No hay revolución sin libros”; “A pueblo cobarde, roban de balde”; “Sal a la calle, crea otro mundo”; “Dictadura de bancos, NO”; “Mi futuro es ahora”; “Recortar: robo legal”; “Pienso, luego resisto”; “¿Dónde está la Tasa Tobin?”; “No somos mercancía”; “Recortar a banqueros y al clero”…

Cuando finalizó la marcha, la Puerta del Sol volvió a llenarse de personas que querían diálogo. Fue muy emocionante la conexión en directo con otras ciudades y la realización de una gran asamblea en la que muchos pidieron la palabra y participaron.
Plaza de las palabras


Mención especial merecen todas las personas que se manifestaron con la camiseta verde que identifica a quienes luchan en esta Comunidad por la dignidad de la escuela pública, la de todos, que el Gobierno neoliberal de Aguirre quiere sepultar. Fueron muchos los que acudieron vestidos de verde, mi solidaridad desde este blog hacia todos ellos, pues defienden nuestro futuro. Sin una escuela pública de calidad es imposible construir un futuro con las mínimas garantías de cohesión social e igualdad de oportunidades.
Sueña

Pego a continuación un cuento construido sobre los mimbres del imaginario colectivo que rodea al movimiento 15M. Es una propuesta realizada por Víctor García Antón al grupo de literatura y cuento creativo en el que él imparte clases en Fuentetaja y en el que participo. Crear es una manera de contribuir al cambio social y propuestas como esta nos enriquecen como personas.


La era del guacamayo
Es lunes. Hora punta. La estación del metro de Sol bulle de personas que caminan aceleradas de arriba abajo para cambiar de una línea a otra. Parecen hormigas recorriendo túneles de luz artificial sin sentido aparente. El ajetreo produce un ruido de fondo que aísla a cada una con sus propios pensamientos. Lo único que importa es ahorrar tiempo.
Es lunes. Hora punta. El andén está abarrotado. Las personas se apretujan para subir al convoy que anuncia su entrada en un minuto.
Un minuto. Solo falta un minuto para subir al tren cuando un gran pájaro de colores brillantes irrumpe en el vestíbulo justo antes de que llegue el metro. El animal planea sobre las cabezas de las personas que esperan impacientes. Bate sus alas y da varias pasadas hasta encontrar un lugar sobre el que aterrizar. El pájaro tiene las alas del color de la turquesa y el pecho escarlata. Todas pueden contemplar lo hermoso que es cuando se posa sobre una de las papeleras que hay en el centro del andén.
El murmullo del lunes en hora punta ha cesado. Se ha hecho un silencio de expectación en torno al animal. Solo se oye el roce de las ruedas del tren contra los raíles al hacer su entrada en el vestíbulo. Las personas no se montan en los vagones. Tanto las que esperaban como las que salen del metro se agolpan curiosas para ver al pájaro. Poco a poco se van sentando, haciendo una especie de círculo para poder contemplarlo como si estuviera subido en un pequeño escenario.
Es lunes. Hora punta. No es un lunes como los demás. El convoy parte vacío de la estación de Sol, que está cada vez más abarrotada de personas que se apretujan unas con otras rodeando al pájaro de alas del color de la turquesa y el pecho escarlata.
-¡Qué hermosura! -se oye murmurar- por fin.
-¿Cómo ha llegado aquí este animal?- pregunta una señora- ¿de dónde ha salido?
-¿Qué hacemos? -dice una chica muy delgada, que se apoya en una gran maleta verde- Porque, habría que hacer algo, ¿no?, -remacha con determinación.
Un hombre tranquilo, con aspecto de profesor de secundaria, se levanta y se sitúa en el centro del corro pidiendo calma. Con tono didáctico explica a los presentes que el pájaro que están viendo es un raro ejemplar de guacamayo gigante del Amazonas. Dice que se trata de un animal muy listo y muy sensible, y que hay que tratarle con cuidado.
-Nada de movimientos bruscos a su alrededor. Hagamos lo que hagamos -dice en medio de un gran silencio, solo interrumpido por la llegada de otro tren, que escupe de sus tripas más y más personas, volviendo a partir vacío- no hay que asustarle, de lo contrario podría perder el habla.
-¡Ah!, ¿pero estos bichos hablan? –inquiere, con curiosidad, un hombre con cara de aburrido empleado de banca.
-¡Pues claro que hablan! -exclama un anciano impecablemente vestido-, ¡pues menudos son estos pájaros…!
-Propongo que llamemos a la protectora de animales-, se oye desde el fondo.
-¿A la protectora? Mejor sería avisar al zoológico. Seguro que se ha escapado de allí, comenta un chaval con pinta de jugador de baloncesto, que casi se cae a la vía por la presión de la gente.
El grupo va aumentando entorno al guacamayo de las alas del color de la turquesa y el pecho escarlata, que cualquiera diría que se siente fascinado al convocar tanta expectación. El animal hincha el plumaje de repente y extiende las alas mostrando sus vivos colores tropicales y la belleza elegante de las largas plumas del extremo de su cola,  provocando un prolongado “¡ohhhh!” de admiración de todos los presentes.
Los trenes se suceden en el andén del metro de Sol, este raro lunes en hora punta, sin que nadie se suba a ellos. Llegan más y más personas que se unen al corro, y el grupo crece y crece. El andén está abarrotado, a punto de reventar. Todo el mundo quiere opinar sobre cuál es la mejor manera de proceder.
Una hora después ya no se cabe. El recinto de la estación de Sol está atestado. Tanto, que las personas ocupan ya hasta las vías, desafiando la llegada de los trenes, que han tenido que ser retenidos causando un atasco de trenes nunca visto en la ciudad.
El caos y el ruido invade por completo el espacio. Los que están más cerca del guacamayo permanecen sentados en el suelo levantando la mano para pedir su turno para hablar, pero resulta inútil, nadie hace caso ya. Muy al fondo, se oyen los silbatos de los guardas del metro que intentan abrirse paso a empujones entre la multitud, cuando el pájaro grita de repente con las alas del color de la turquesa completamente extendidas. Se hace un silencio tal que solo se escucha con nitidez el “tic, tac” del reloj de cadena que lleva colgado de un bolsillo de su chaleco el anciano impecablemente vestido. 
Es lunes. Hora punta. No es un lunes cualquiera en la estación del metro de Sol. Es el primer lunes de la era del guacamayo de las alas del color de la turquesa y el pecho escarlata.