sábado, 16 de marzo de 2019

8 de marzo: ahora más que nunca, "Lo personal es político"





8 de marzo: ahora más que nunca Lo personal es político
La revolución de las mujeres, el feminismo, ha venido para quedarse. Tal como expresa el lema de los setenta Lo personal es político, la pretensión de apropiación de nuestros cuerpos que hace el patriarcado a través de su herramienta económica predilecta, el capitalismo, llega a unos niveles de comercialización de nuestras vidas que nos arrasa. No estamos dispuestas a permitirlo más. Porque nos arrasa en todos los órdenes de la existencia.
La huelga feminista del 8 de marzo se ha vuelto a plantear, en este 2019, en forma de huelga laboral, de cuidados, de consumo y de huelga educativa. Las mujeres saldremos a la calle el 8 de marzo para denunciar también que se nos sigue matando, que las violencias machistas y las violaciones de nuestros derechos aumentan en un patriarcado que se rearma, como indican las alarmantes cifras de incremento de los delitos sexuales y violaciones contra las mujeres, especialmente las violaciones en manada perpetradas por grupos de entre dos y cuatro varones: desde 2016 hay registradas 89 violaciones múltiples, de las que 58, esto es el 65,2%, lo fueron en 2018. ¿Tendrá algo que ver el “mensaje” que se envió con la perversa sentencia de La manada? 
El movimiento feminista plantea una huelga general de 24 horas, y no un mero paro laboral, porque las mujeres reivindicamos decencia social, dignidad y respeto vital, y esto es algo que va mucho más allá de una huelga de producción al uso. Estamos impugnando un sistema de vida, el patriarcado, que es “el sistema” que nos oprime desde hace generaciones, casi de forma atávica, y que nos mantiene a las mujeres en el último peldaño de cualquier escala social. Además, impugnamos igualmente el capitalismo como forma imperante en las relaciones económicas, sociales, políticas, vitales, que lo impregna todo, y no solo porque haya brecha salarial, que la hay y muy profunda, sino sobre todo porque el capitalismo ha degenerado en una herramienta económica puramente consumista, basada en necesidades irreales y sostenida sobre la desigualdad de género. Bajo su escala todo lo que existe es objeto de consumo, cualquier brizna de vida puede ser rentabilizable y aquí, justo aquí, los cuerpos de las mujeres son mercancías explotables sexual, emocional y biológicamente. Además de constituir una masa laboral entre baratísima y coste cero, que trabaja dentro y fuera de casa, ahorrándole al sistema billones de euros que lejos de ser cubiertos por el Estado del Bienestar en retroceso, son cubiertos por el trabajo invisible y esclavo de las mujeres.
Cuando las mujeres hablamos de poner #LaVidaEnElCentro nos referimos a la consideración social, política y económica que afirma que la vida de animales, planeta y personas y su bienestar es un valor inalienable y a preservar, y que la sociedad en su conjunto está obligada a contribuir de forma solidaria y responsable a garantizar que los cuidados deben ser un derecho social amparado por el sistema de forma pública y para todos y todas. Ese era el pacto que las élites decidieron romper.
Hay asimismo que tener en cuenta que, fuera de casa, las mujeres nos hemos convertido en una fuerza de trabajo barato que inunda el sector servicios de cerebros que crean y manos que producen cobrando salarios exiguos, que no dan para vivir, y a menudo nos colocan en la emergencia social y en los límites de la pobreza y de la indignidad vital, con contratos precarios sin derechos que nos afectan mayoritariamente a nosotras. Por ello también la huelga del #8M2019 debe ser total.

Le Monde Diplomatique del mes de enero publicó un especial fabuloso analizando el movimiento de los “chalecos amarillos” en Francia. Entre los artículos que ofrecía había uno titulado “El inesperado poder de las trabajadoras”, escrito por Pierre Rimbert, en el que afirmaba que los sectores predominantemente femeninos de la educación, el trabajo social, la salud, la limpieza o el comercio son la invisible piedra angular de las sociedades liberales. A estas trabajadoras se les ha atribuido mucha capacidad de aguante, pero la devaluación de los salarios y de las condiciones laborales, que provocan la extenuación de las mujeres y su explotación máxima en jornadas laborales mal pagadas y penosas han hecho que las mujeres francesas no lo puedan soportar y salgan a las calles a mostrar su enfado y su rechazo a un sistema de dominación que las explota doblemente. En el citado artículo se analizaba como las rotondas francesas, las plazas y las calles se llenaron de mujeres trabajadoras de estos sectores, y se abordaba con acierto lo que esto significa o puede significar: las trabajadoras tienen un inesperado poder, forman parte de una masa de empleos que no son deslocalizables. No se pueden deslocalizar los servicios de limpieza, ni la atención a las personas dependientes ni la atención sanitaria o educativa, son trabajadoras a pie de calle, a pie de plaza, a pie de barrio, a pie de casa.
El ejemplo francés sirve para ilustrar una realidad que se está produciendo en España de un modo análogo, por lo que ya toca hacer una huelga potente e impugnadora para decir NO a un sistema que nos explota doblemente. Los sindicatos mayoritarios, CCOO y UGT no se atreven todavía a acompañarnos -aunque sí sus bases- en este recorrido vital que nos afecta a toda la sociedad. Y consideramos que se equivocan. No están sabiendo ver el alcance de este movimiento insurreccional que compromete a un poco más de la mitad de la población española y que llama a la sororidad a las abuelas, a las madres y a las nietas, a las tías, a las hermanas, a las amigas, a todas las mujeres que componen la sociedad española a decir #BastaYaDeAbusos.

Las mujeres hemos estado protagonizando las huelgas y las reivindicaciones obreras desde el principio de la industrialización en España. Las cigarreras constituyeron un potente movimiento por la consecución de derechos y mejoras en las condiciones laborales en los albores de la industrialización en España, y a menudo se las olvida. Las mujeres asturianas protagonizaron una pelea contra el franquismo heroica en la Huelgona de 1962. La mujeres del textil fueron y son hoy también (desde las tricotantes de Posadas, a las camiseras de Ike o a las aparadoras de Elche) puntales del movimiento obrero, igual que lo son en la actualidad las sindicalistas y Espartanas de CocaCola en Lucha, las Kellys y las trabajadoras de Vodafone o de Amazon o de la asistencia a domicilio …y tantas y tantas mujeres maltratadas en el empleo que se han levantado y se levantan para cuestionar el estado de cosas en cada momento que les ha tocado vivir.
Asimismo, las mujeres hemos protagonizado luchas sociales y políticas importantes. Gracias a las mujeres asociadas entorno al Movimiento Democrático de Mujeres (MDM) y al movimiento vecinal nuestros barrios periféricos de la mayoría de las grandes ciudades españolas hoy tienen las calles asfaltadas, semáforos en las esquinas y colegios públicos, porque fueron ellas las que lo reivindicaron con acciones espectaculares de lucha en los años sesenta y setenta del siglo pasado. Y son invisibles, de forma mayoritaria no se las recuerda ni con el nombre de una calle, porque son los prohombres del patriarcado los que nombran la gran mayoría de nuestras calles y plazas.

La creatividad y las luchas de las mujeres sirven para mejorar las vidas de todas las personas, pero nunca se nos reconoce. Del mismo modo que no se le reconoce al feminismo el avance social y evolutivo que ejerce.
Es de justicia recordar en este texto que la Ley de Adulterio fue tumbada por las mujeres feministas organizadas, que en 1976 acudieron desde toda España en autobuses a Zaragoza a protestar porque se juzgaba a una de nosotras por adulterio. Ellas tumbaron esa Ley injusta y trasnochada, por la que la sociedad de la época condenaba todavía a las mujeres a ser “propiedad” del marido o carne de cárcel. También es de justicia recalcar que la Ley de Amnistía sacó de la cárcel a todos los presos políticos, pero se olvidó de las adúlteras, que permanecieron encerradas hasta que se derogó la Ley de Adulterio en 1978, dos años después de aquel juicio y muchas movilizaciones y protestas en las calles.
Hemos sido igualmente las mujeres feministas las que hemos conseguido que haya una Ley de divorcio y una Ley de aborto en España, porque tenemos claro que en nuestro cuerpo mandamos nosotras. Que #LoPersonalEsPolítico es tan evidente que duele.
Las feministas que saldremos a la calle este #8M2019 no tenemos que perder de vista que venimos de generaciones de orgullosas luchadoras por los derechos de todas y de todos y que entre nuestras demandas principales está la de una sociedad inclusiva, igualitaria, amable, de cuidados y solidaria, con pensiones justas y públicas, salarios y empleo dignos, escuela para todos y todas, servicios de la dependencia y sanidad pública de calidad y universal. Los derechos que exigimos son un patrimonio social que ataca la raíz del patriarcado y el individualismo ramplón y privativo del neoliberalismo, que nos quiere siervas, esclavas y objeto preparado para ser consumido.
Tal como afirma la filósofa Rosi Braidotti en Por una política afirmativa (Ed. Gesisa, Barcelona, 2018) citando a su vez a las Riot Girls “hay una guerra en curso y las mujeres no son en absoluto pacifistas. Somos las chicas de la guerra, chicas de lucha, chicas malas. Queremos organizar una forma de resistencia activa, pero también queremos divertirnos y queremos hacerlo a nuestro modo”.  
Carmen Barrios Corredera, fotoperiodista y escritora. Candidata de Podemos al Senado por Madrid.
Elena Sevillano, activista, sindicalista y Diputada de Podemos en la Asamblea de Madrid.



     

domingo, 3 de febrero de 2019

2ª Edición de #RojasVioletasEspartanas



Orgullosa de ver la segunda edición en mis manos en tan poco tiempo. Gracias a los lectores y las lectoras que están interesándose por conocer las vidas de mujeres que se narra en #RojasVioletasEspartanas. 

El viernes pasado (día 1) estuve en Carabanchel compartiendo charla sobre este libro con Elena Sevillano y con los y las compas de la Moradita de Carabanchel. Hablamos de feminismo, del papel de las mujeres y de nuestra peculiar forma de acompañarnos y organizarnos en las luchas de manera horizontal. También hablamos de la precariedad laboral que padecemos de forma mayoritaria y estuvimos de acuerdo en que en cuanto hay una crisis nos afecta mucho más a las mujeres porque se reducen de forma automática los servicios del Estado del Bienestar. 

Seguimos camino. El viernes 15 a las 19 estaré en Villaverde de nuevo, en la Moradita. 

martes, 22 de enero de 2019

Rojas, Violetas y Espartanas sigue su andadura


La imagen que he elegido para esta entrada forma parte del libro Rojas,Violetas y Espartanas. Mujeres en lucha (Utopía, 2018). Ilustra un relato tirulado El gallo rojo y la he escogido para abrir este post porque resume la fuerza de las mujeres, el ímpetu y la alegría que infundimos a las luchas, a cualquier lucha. 

Realicé esta imagen cuando trabajaba en Mundo Obrero y es una de las fotografías que hice en aquella época que más me gusta. La realicé en una de las manifestaciones contra la reforma educativa del PSOE de aquellos años, cuando era minitro de Eduación José María Maravall. 

Continuo presentando Rojas,Violetas y Espartanas en todos los lugares a los que me invitan. A continuación voy a colocar los sitios a los que acudiré proximamente:

-Viernes 25 de Enero, a las 19h estaré en La Moradita vallecana (Calle Rafael San Narciso, 6) , junto a Elena Sevillano y Mercedes Pérez Merino.

-Viernes 1 de Febrero, Moradita de Carabanchel a las 19h.

-Sabado 23 de febrero, presentación en León. 

-Jueves 28 de febrero, presentación en Valencia, en el salón de actos de CCOO junto a Clotilde Iborra.

-Sábado 2 de Marzo en la librería Zaitegui de El Escorial.

-Domingo 10 de marzo, presentación en la asociación cultural de Aravaca ACROLA, será a las 18h y me acompañará Juan José Llopis Joga, hijo de Natalia Joga, una de las protagonistas del libro.

 -Jueves 14 de marzo, 19h,  presentación en Alicante, en el salon de actos de CCOO en compañía de Consuelo Navarro.

-Viernes 22 de marzo. Presentación en Valdepeñas.

-Jueves 11 de abril. Presentación en Rivas.

En preparación: tengo previsto acudir a Móstoles, Fuenlabrada, Leganés, Cádiz, Gijón y Barcelona.


jueves, 1 de noviembre de 2018

Rojas, Violetas y Espartanas. Mujeres en lucha comienza su recorrido de diálogo con l@s lector@s

Hedy Lamarr, la mirada inteligente desde un muro del Trastévere.


Rojas, Violetas y Espartanas. Mujeres en lucha comienza su andadura de diálogo con l@s lector@s. 
Este es un libro con el que me siento emocional y vitalmente enredada. Lo he tenido que cerrar en una etapa de mi vida difícil, muy difícil, porque de repente me faltó el suelo debajo de los pies, el de los quereres y el físico. Ha sido gracias a mis amigas, mis mujeres, todas las fabulosas mujeres que me rodean, contando también con mi madre, mi hija y mi tía, como he conseguido salir del agujero y centrarme en escribir y terminar este libro. 

He de decir que también ha habido algún que otro amigo que me ha empujado y me ha dado alas para volver a volar. Menos mal.

Los relatos que componen este libro son un recorrido por las luchas y también por los padecimientos y las explotaciones que se hacen sobre las mujeres. Está dividido en tres partes, Rojas, relatos sobre un puñado de luchadoras contra el franquismo que nos han precedido y han allanado el camino para las generaciones venideras; Violetas, cuentos basados en hechos reales sobre las violencias que se se ejercen sobre nosotras las mujeres; y Espartanas, relatos sobre las luchas de ahora, en las que estamos siendo protagonistas una vez más. La revolución será feminista o no será. Estamos en un periodo de la historia en el que cuando han caído los héroes nos hemos levantado nosotras, las mujeres, porque nosotras somos como las Cariátides milenarias de los templos griegos, eternas, siempre estamos sujetando la vida. 
                                           
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Empezamos en Madrid el miércoles 14 de noviembre a las 19,00h en la sala 'Trece Rosas' de CCOO (Lope de Vega 38).
Será un orgullo para mi y un lujazo sentarme con Elena Sevillano, que me ha hecho el gran favor de escribir un prologo fabuloso para este libro sobre nosotras las mujeres y nuestras luchas, que es una diputada del pueblo a la que admiro. Salió elegida por Podemos y pisa la calle a diario para encontrarse con todas esas mujeres y esos hombres que hacen la historia cada día reclamando derechos. Una diputada de verdad, que se preocupa por las personas, así da gusto.

Además también me acompañará Carmen Banquetero, Espartana de #cocacolaenlucha, una mujer especial que pertenece un grupo de personas que están haciendo historia del movimiento obrero y que me han dado la oportunidad de contarlo. 

Y que decir de Pilar Morales, Secretaria de Mujer de CCOO Madrid, que lleva toda su vida reclamando derechos de igualdad para las mujeres; o de Pedro Delgado, Secretario de Cultura de CCOO Madrid, amigo de largo recorrido. Una persona especial para mi, que me ha dado la mano en un momento difícil, en que me hacía mucha falta.

Hago un especial agradecimiento a Rikardo González, mi editor, que ha confiado en mi de nuevo para sacar a delante este proyecto y que estará conmigo en Madrid presentando este libro.





El jueves 15 de noviembre a las 18,00 voy a Toledo de la mano de Helena Galán, Concejala de Participación Ciudadana, una luchadora por la dignidad y la calidad de la Sanidad Pública como la copa de un pino, que ella misma tiene una historia personal de ejemplo para todas nosotras que espero poder contar en un siguiente libro.

Gema Gil, Espartana también de #cocacolaenlucha me acompañará en la mesa, mucho recorrido juntas Gema y yo y lo que nos queda, me gusta mucho escuchar a Gema porque es la voz de la sensatez y la lucidez en las luchas hecha mujer.

Y por último a Toledo vendrá también Alejandra Acosta, periodista y gran amiga. Alejandra comparte conmigo la inquietud de contar lo que nos pasa a las mujeres y de reclamar nuestro sitio en la historia. Ella realizó una serie fabulosa sobre luchadoras en el diario El País bajo el pseudónimo de Alex Niño, que debería convertir en un buen libro.

Como digo, estamos empezando una gran andadura.
-El 18 de noviembre en Colmenar Viejo, acudiré por la mañana al vermout rojo de IU.
-El 21 de noviembre a las 19,00 en el local de Podemos de Usera.
-En fecha aun por determinar a las 18,00 en Acrola, Asociación Cultural y de Vecinos de la   Urbanización Rosa Luxemburgo de Aravaca.
-El 11 de diciembre a las 19,00 en La Moradita de Moratalaz (local de Podemos de mi barrio).
-El 19 de diciembre  a las 19.00 en La Morada de Arganzuela, local de Podemos de Madrid Ciudad.
-El 14 de enero en el Marx Madera a las 19h.
-El 15 de enero acudiré al Circulo de Podemos de Canillejas-La Peineta las 19h
-El 18 de enero estaré en Córdoba
-El 25 de enero a las 19.00 estaré en la Moradita de Vallekas.
-El 28 de febrero a las 18.00 en CCOO de Valencia.
-El 14 de marzo a las 19.00 estaré en CCOO de Alicante.
-El 11 de abril a las 19.00 en Rivas, en el Centro Cultural.
-Presentaciones en Móstoles, Alcorcón, Leganés, Fuenlabrada, Getafe y Cádiz, sin fecha todavía pero ya previstas.


La fotografía que abre esta entrada la realicé el verano pasado en una pared del barrio del Trastévere en Roma. De aquí ha salido la portada de Rojas, Violetas y Espartanas. Esta portada tiene una bella historia de casualidades vitales detrás, que contaré el día de la presentación. 


Carmen Barrios Corredera


jueves, 4 de octubre de 2018

Cristina Fallarás: literatura y memoria



Subo la reseña de una novela de Cristina Fallarás que me ha fascinado. La recomiendo vivamente.
También he publicado esta reseña en la sección de cultura de la página de la Fundación Sistema https://www.fundacionsistema.com/honraras-a-tu-padre-y-a-tu-madre/  
Honrarás a tu padre y a tu madre

La infancia que llevamos dentro nos acompaña a donde vayamos durante toda nuestra existencia. Es un lugar al que acudimos con frecuencia, incluso sin querer regresar a él. Cristina Fallarás hace el ejercicio de regresar a su infancia para curarse, para entenderse y también para reconciliarse con los suyos en una novela fabulosa en la que consigue que los suyos se conviertan en los nuestros, conduciéndonos de la mano a nuestra propia memoria enterrada, la individual y la colectiva.

Honrarás a tu padre y a tu madre es una novela conmovedora, en la que cada palabra está escogida con inteligencia y emocionalidad a partes iguales, que penetra en las profundidades de una familia, la de la propia autora, con una historia dramática enterrada bajo capas de cebolla vitales difíciles de pelar. “Me llamo Cristina y he salido a buscar a mis muertos. Caminando. Buscar a mis muertos para no matarme yo (…)”, así comienza esta novela, inolvidable, íntima, unas páginas en las que las heridas salpican a golpe de crónica novelada, para conducirnos también por nuestra propia memoria histórica incómoda, injusta y reciente, la memoria de la Guerra Civil, llena de heridas abiertas como zanjas enormes llenas de huesos sin nombre todavía.

Las dos partes de su familia, su abuela paterna y sus abuelos maternos comparten un hecho definitivo, drástico, brutal. Un hecho que los marca a fuego, a ellos y a sus descendientes, a la propia Cristina, que necesita comprender y colocar para poder salir a flote, con su carga generacional a cuestas, lo más limpia posible.

La grandeza de esta novela es que ese hecho brutal que narra Fallarás es tan común y silenciado en nuestra patria, que convierte esta novela en material de interés para que podamos entender la necesidad de hacer memoria histórica y colocar en su lugar todos esos hechos brutales que por desgracia se sucedieron en esa España negra como la sangre coagulada, que se derramó con usura durante la brutal Victoria franquista.

Leyendo esta novela y profundizando en su interior se llega a la conclusión de que igual que el fruto presente de una familia determinada no puede caminar sin sacudirse, comprender y colocar donde corresponde los muertos del pasado, un país como el nuestro tampoco puede caminar con la cojera histórica de no hacer el necesario ejercicio de memoria, justicia y reparación con las víctimas del franquismo, desde el mismo minuto uno de esa guerra injusta, ilegal y contra la democracia española, que causó una oligarquía egoísta y asesina, que sometió por la fuerza de las armas una sociedad que demandaba reparto y democracia. Queda demasiado por saber. 

Necesitamos hacer memoria de una vez en España y ser conscientes de todo lo que significó esa Victoria franquista sobre nuestra cultura de país. Vázquez Montalbán ya alertó de los peligros de no ser capaces de sacudirnos el franquismo cultural, estructural y sociológico que estaba instalado en la sociedad española, aunque hubiera llegado la democracia. Lo hizo hace casi 20 años, igual ya va tocando, porque la ponzoña solo se puede quitar con la decisión de un pueblo valiente que sea capaz de mirarse en el espejo después de hacer el ejercicio de saber con todas sus consecuencias qué es lo que pasó, quienes son los muertos, dónde están, por qué los mataron y los desaparecieron, quiénes se enriquecieron con este desastre y cómo, a consta de quién y por qué…nos quedan tantos porqués…

Recomiendo esta novela de Cristina Fallarás. Desde la primera frase hasta la última me la he bebido sin respirar, con ansia por saber y también he vuelto a releer y releer, enroscándome en frases y palabras que me han emocionado profundamente. Hago mía la historia que narra con dolor Cristina Fallarás, porque es una historia común y compartida por tantas, por miles de personas en este país que tanto queremos y que se llama España. 

Decía Víctor Manuel en unos versos “España camisa blanca de mi esperanza/ a veces madre y siempre madrastra/ reseca historia que nos abrasa/ con acercase solo a mirarla/ (…) quisiera poner el hombro y pongo palabras/ que casi siempre acaban en nada/cuando se enfrentan al ancho mar (…)…Fallarás en esta novela pone el hombro y las palabras. Cuantas más palabras y más hombros se pongan para conocer nuestra propia historia, más capaces seremos de atravesar el ancho mar para llegar esa otra orilla que se llama democracia con el pasaje completo.

Carmen Barrios Corredera


jueves, 23 de agosto de 2018

La bañera



Baño en el fiordo de Dalvík

Subo el tercero de un conjunto de relatos eróticos que voy componiendo este verano. Este es un poco fantástico, jejejeje, y hasta disparatado...pero en los fiordos del norte de Islandia puede suceder cualquier cosa...lo aseguro...y el final del verano puede ser insperado y loco.

La fotografía que acompaña el relato la realicé una tarde de agosto, hace pocos días. Una de las costumbres de Islandia es la de compartir un buen baño caliente en cuelquier sitio. Esta bañera comunitaria estaba al borde del fiordo de Dalvík, cerca de Akureiri -la segunda ciudad más grande de Islandia-. El agua estaba a 41 grados, fuera hacía seis, en pleno agosto. La costumbre es meterse en la bañera y compartir un calido baño al aterdecer con amigos o vecinos, charlan hasta que se les arruga la piel y dejan sitio a otros. 
Tomé varias fotos. La imaginación ha hecho el resto.

La bañera

La luz del atardecer descomponía el paisaje del fiordo. La bañera caliente al borde del mar estaba vacía. El agua tenía una temperatura fabulosa, 41 grados, que contrastaba con el frío de los primeros días de septiembre, tres grados a las siete de la tarde. Se quitó la ropa muy deprisa y se metió dentro del agua.

Le encantaba ver cómo desaparecía el día mirando el canal de salida del fiordo de Dalvík, que se abrazaba al mar infinito en una suerte sucesiva de vaivenes de las olas. La luz era perfecta, acaramelada y envolvente a pesar del frío intenso, y el calor del agua comenzó a subir el tono de sus poros. Estaba relajada, vencida por el sopor que le causaba la calidez del agua al final del día. Sus pechos flotaban complacidos, eran redondos y grandes. Comenzó a acariciarse con un suave roce de los dedos, casi imperceptible, pero constante. Estaba ensimismada con las posibilidades de su cuerpo, siempre le sorprendía la respuesta de su piel al tacto suave, cuando escuchó pasos a su espalda.

No volvió la cabeza para ver quien era. Estaba segura de que era él. El ser con el que llevaba compartiendo esos baños al atardecer desde hacía una semana. La cadencia se sus movimientos le delataba. Escuchó con atención como se iba despojando de sus prendas en silencio, primero oyó caer las botas, después los pantalones, y más tarde un pesado gabán.
Le intuía desnudo a su espalda. No se movió un milímetro para mirarle. Una excitación extraña, impetuosa y salvaje inundaba sus sentidos al notar su presencia tan cerca.

Él era delgado, tenía unas manos acogedoras y hábiles, y una lengua que llegaba a cualquier parte de su cuerpo. Sintió las manos de él apoderarse de sus pechos por detrás, sin decidirse todavía a entrar en el agua a compartir con ella la bañera caliente. Mientras se los amasaba y presionaba sus pezones erizados entre sus dedos sintió su lengua chupar su cuello, su lengua larga, prodigiosa, que se enroscaba al rededor y descendía resbaladiza por el canalillo firme de sus pechos hasta encontrar un hueco suave y líquido por el que colarse entre los labios de su sexo.

Poco a poco, mientras friccionaba con su lengua la parte más delicada y sensible de su ser, iba oprimiendo su cuello, de tal manera que en ocasiones parecía que le faltaba un poco el aire. La excitación iba subiendo a medida que él aflojaba o tensaba su lengua, a la vez que masajeaba el montículo delicado y cada vez más erguido entre sus labios. Cuando estaba a punto de explotar o de asfixiarse, él cedía la tensión, y ella se quedaba en el filo del máximo placer sin alcanzarlo del todo, mientras respiraba hondo para entregarse a otra nueva embestida.

De repente, cuando estaba rendida a este juego fatal, él desenroscó su lengua prodigiosa y se zambulló en el agua como una criatura dotada de secretos indescriptibles para el placer. A ella le daba la sensación de que él era en sí mismo un ser nacido para proporcionar goce y sentido a su cuerpo, hasta hacerlo latir sin freno, como una locomotora enloquecida que ha salido de los raíles que tenía marcados sin remedio.

El agua caliente compensaba el frío de la noche, que ya oscurecía por completo la silueta del escenario fantástico del fondo del fiordo. Se sentía confiada, plena, como si se encontrara en el interior de un útero meloso, a expensas de las caricias redondas que él le proporcionaba. Notó como las manos de él le separaban los muslos lo suficiente para poder meter su cabeza dentro del agua hasta pegar los labios haciendo ventosa en el pórtico de su sexo. La lengua salía y entraba en su hendidura enrojecida cada vez más rápido, cada vez más dentro, hasta casi llevarla a gritar de la emoción, pero no del todo. Él era un maestro en colocar su cuerpo al límite del precipicio de la excitación extrema sin dejarla caer en la plenitud del placer así como así.

El ser dotado de una lengua sobrehumana sacó su espléndida cabeza del agua y la besó con fiebre, la comió la boca, los labios, la lengua, la succionó el cuello con ansias de vampiro, mientras la sentaba sobre su sexo erecto, riguroso, un punto inhumano, resbaladizo como un tobogán de miel, sin llegar a permitir que el cuerpo de ella abrazara por completo la totalidad de su miembro.

La fue empujando sobre sí mismo poco a poco, hasta que ella notó una plenitud al límite de lo soportable. Estaba llena. Llena de él, cuando volvió a sentir su lengua prodigiosa rodear otra vez su cuello y descender a lo largo de su espalda hasta introducirse de forma exquisita en el anillo interior revestido por sus nalgas carnosas de mujer plena.

Él se movía con ritmo, practicando un baile álgido, denso, líquido, diestro, cuajado de lengua y de sexo, aflojando o acentuando la presión sobre su cuello, sobre sus pechos, sobre su sexo, toda ella entrando y saliendo de la bañera, entrando y saliendo del frío al calor, del calor al frío, abrazando con sus entrañas la lengua y el sexo de él, en un juego que se prolongó hasta llevarla a derramarse con fuerza, haciendo rebosar la bañera, mientras él terminaba de penetrarla emitiendo un sonido exaltado, de lujuria gutural, propio de un animal salvaje en pleno celo, que retumbó en el fondo del fiordo provocando que delfines y ballenas respondieran a coro. 

Carmen Barrios Corredera, 23 de agosto.

*Este relato también puede leerse en la sección cultura de www.nuevatribuna.es

martes, 14 de agosto de 2018

Chuches

Ellas...tras el cristal






El verano sigue fluyendo deleitoso y caprichoso. Subo un nuevo relato erótico a mi blog, que será el segundo de un libro de cuentecitos deleitosos, que espero ser capaz de componer. Me gusta la literatura erótica y creo que las mujeres tenemos una mirada distinta sobre la sexualidad, que es necesario explorar y compartir. 
La fotografía que acompaña el relato la hice en una calle de Dublín hace un par de años. Robé esta imagen de dos mujeres relajadas charlando con gesto grácil desde la acera de la calle. Me gustó la expresión de complacencia de la mujer rubia que está de pié, que se deja entrever a través de la bruma del cristal de la ventana. ¿De qué charlaban? Es un misterio. Una imagen así puede hacer que la imaginación fluya.
Va el cuento:

Chuches
Le gustaban las chuches. Desde que era una niña adoraba sobre todo los caramelos gordos de koyak, los de fresa, que se deleitaba en chupar y chupar hasta que una salivilla rosácea rebosaba el pozo de su boca y se derramaba por la comisura de sus labios.
Rememoró esa sensación placentera de la infancia al ver como su amiga Ada disfrutaba saboreando un chupa-chups de los gordos de koyak, que teñían sus labios de un rojo carmesí brillante e intenso, delatando el fulgor de su penetrante sabor.
Observar a Ada disfrutar así, con el chupa-chups entrando y saliendo de su boca entreabierta lo justo, con una presión leve, formando un anillo perfecto sobre la redondez del caramelo, una vez tras otra, en un juego líquido con la lengua relamiendo la superficie dulce y suave de la golosina, le pareció tan sensual en una adulta que se le fue un hondo suspiro involuntario.
-¿Quieres uno? –le preguntó Ada con un punto pícaro y chispeante en la mirada- que la sacó de su ensimismamiento, para fijar sus ojos en los de su amiga y comprobar así que Ada tenía las pupilas un poco dilatadas, como de loba hambrienta que ha fijado la atención en una presa, mientras se reía con los ojos.
-Vale, sí, claro que sí, hija que tienes una cara de disfrute…que, la verdad, me has dado envidia…- le contestó.
Ada comenzó a quitarle el envoltorio al caramelo con parsimonia, como si fuera el mejor de los regalos, un manjar realmente exclusivo solo concebido para ella, para un goce por encima de sus posibilidades.
Contemplar la acción acentuó su deseo e hizo crecer su impaciencia. Involuntariamente se mordió los labios al ver que Ada se metía el caramelo en su propia boca antes de dárselo a ella, que sin poderse contener se lanzó sobre el chupa-chups como una sedienta a la que le ofrecen una rodaja de sandía en medio de un desierto.
Ada no cedió el palo, y tuvo que contentarse con chupar el caramelo al ritmo que ella imponía. Un ritmo lento, pausado, roncero, calmoso en exceso, que le permitía detenerse en cada matiz de la forma y apreciar el intenso sabor a fresa con mucha más complacencia, llegando casi a la embriaguez. Estaba tan concentrada recorriendo el cuerpo redondo de esa particular ambrosía que no se dio cuenta de que Ada estaba pegada a ella y que le ofrecía su lengua de forma alternativa al chupa-chups.
Le encantó. Chupa-chups, lengua, lengua, chupa-chups, y vuelta a empezar, hasta que las dos notaron como la saliva de cada una de ellas desaguaba por sus bocas, descendía por las barbillas de cada una y fluía libre por el canalillo de sus pechos inundándolo todo.
Con un movimiento natural, pero inesperado para ella, Ada le subió la falda, le apartó la braga y le paseó el caramelo por la entrada más sonrosada y oculta de sus deseos, hasta que la fricción la llevó flotando a un estado de excitación líquida, navegando por los cauces de su propio cuerpo.
Mientras accionaba empujando el caramelo con mano firme, Ada la fue conduciendo hasta el sofá y la hizo recostarse con las piernas separadas lo justo para que quedara al descubierto el paisaje natural de la lubricidad más lujuriosa. Nunca había estado tan excitada, la lengua de Ada relamía sin freno el caramelo dentro de ella, cada vez con más ímpetu y más fruición, hasta que solo quedó el palo, justo a la vez que un rayo de electricidad  provocó que estallaran sus compuertas interiores, liberando ríos de flujo de color rosa fresón que Ada absorbió sin desperdiciar una sola gota.

Carmen Barrios Corredera. Agosto de 2018

*Este relato también puede leerse en la sección de cultura de www.nuevatribuna.es