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jueves, 5 de noviembre de 2020

FOTOPOEMAS DEL DESCONFINAMIENTO III

 FOTOPOEMAS DEL DESCONFINAMIENTO III

La nueva normalidad se está haciendo larga. Manos mal que tengo palabras para sacar en forma de poemas del alma todo lo que siento, en un diálogo fluido con mis fotografías y con las bellísimas ilustraciones que me envía Javier Castarnado. Tanto él, como yo, seguimos empeñados en este diálogo creativo que tanto nos inspira y nos conmueve.


Sombra de muerte


Sin cabeza

Mi corazón bombea y gasta vida

Solo peces de pan

La fuente de la vida

La fuerza de mil cíclopes

En mi presente

Roble eterno


lunes, 28 de septiembre de 2020

FOTOPOEMAS DEL DESCONFINAMIENTO II

 FOTOPOEMAS DEL DESCONFINAMIENTO II

Continuamos con los poemas del desconfinamiento. Javier Castarnado me invitó a bailar con una ballena y accedí encantada. Le puse palabras. Le envié unos versos para la resistencia y me devolvió una orgullosa amazona. Nuestra cooperación para crear fluye libre. Seguimos. 

El resto constituyen un diálogo con mis propias imágenes. Escribir me aclara las ideas y me motiva. 

Nunca cuerpo arrodillado


Espigas ciegas


Quiero ser ballena

Los pechos de la tierra

Ruedas de molino

Toro de fuego

Tengo mujeres en los ojos


La vida que salió de mí

El lago inmenso...de tus ojos 


Sombra de muerte

miércoles, 22 de julio de 2020

FOTOPOEMAS DEL DESCONFINAMIENTO I

FOTOPOEMAS DEL DESCONFINAMIENTO I

Comienzo una serie de fotopoemas del desconfinamiento. 
Se trata de pensamientos con foto que voy componiendo. Me gustaría ser capaz de reunir todos estos poemas en un bello libro, tanto los anteriores realizados con las ilustraciones de Javier Castarnado, como estos últimos del desconfinamiento, que he puesto a dialogar con mis fotos.


Montaña eterna


Aprendía a mar la vida


La vida pasa

                                                                                    Presente continuo

Me miro en tí





viernes, 8 de mayo de 2020

POEMAS ILUSTRADOS DEL CONFINAMIENTO



Javier Castarnado, dibujante y fotógrafo, pero sobre todo entrañable y querido amigo de largo tiempo, y yo hemos iniciado una serie titulada POEMAS ILUSTRADOS DEL CONFINAMIENTO. 

Ya colaboramos en un libro de relatos eróticos publicado recientemente, DE PALABRAS COMO LENGUAS EN TU BOCA, Utopía Libros,  noviembre de 2019 y el confinamiento nos ha proporcionado abrir la puerta a una nueva posibilidad creativa. 

Nos estamos divirtiendo retándonos el uno a la otra o la otra al uno, según la ocurrencia...y ahí vamos, creando poemas dibujados en una espiral que nos divierte y nos une como creadores una vez más. 

Por el momento llevamos 7, que voy a compartir en este post.  



Primer poema ilustrado: LA MUJER QUE HAY EN MÍ
Segundo poema ilustrado: CUANDO ESTO PASE...
Tercer poema ilustrado: CONFITADA
Cuarto poema ilustrado: DE TU MANO
Quinto poema ilustrado: QUÉ ES POESÍA
Sexto poema ilustrado: DE GANAS DE TI
Séptimo poema ilustrado: CON LOS DEDOS

sábado, 28 de septiembre de 2013

Las palabras sí importan

La resistencia












El cuento que pego a continuación es una metáfora sobre la importancia que le da el poder al control del lenguaje y al significado de las palabras, algo que podemos comprobar cada día al abrir cualquier periódico o al escuchar las noticias de radio o televisión. 

La fotografía que lo acompaña ha hice en París en una plaza cercana al centro Pompidou. Me encantó esta imagen de los artistas callejeros que animan a la resistencia ante las injusticias. En ella se reconoce la figura de Víctor Laszlo (el tercero según se mira desde la izquierda), el personaje revolucionario perseguido por los nazis en Casablanca, cantando la Marsellesa a voz en cuello. A su derecha y a su izquierda hay otros personajes que no reconozco, pero que representan distintas épocas de lucha en Francia, la revolución francesa, la época actual, la resistencia contra los nazis y el mayo del 68. Al menos esto es lo que yo he interpretado.

Tanto el cuento como la fotografía han sido publicados también en la web de información www.nuevatribuna.es en la sección de cultura. 


SIN PALABRAS

Hacía ya muchos años que en ese país habían desaparecido las palabras. Estaban secuestradas, presas en algún lugar oculto, controlado férreamente por los más poderosos. Nadie podía tener palabras, y mucho menos utilizarlas. Estaba prohibido hablar, o escribir. Solo un pequeño grupo de poderosos a los que denominaban “Los sabios” estaba autorizado a usarlas para nombrar las cosas según su conveniencia. Para los demás, poseer palabras y usarlas se había convertido en un delito castigado con la pena máxima.



Las personas se comunicaban con gestos y ya nadie leía. Los únicos libros y revistas que se publicaban tenían espectaculares ilustraciones que abusaban de los colorines, pero estaban desprovistos del más mínimo atisbo de lenguaje escrito. Por la radio solo se emitía un hilo musical permanente, cuajado de monotonía, que convertía cualquier estancia en una vulgar sala de espera. La televisión vomitaba imágenes superpuestas, que salían de la pantalla como si se tratara de una gran cascada repleta de irrealidad.



Al no utilizar el lenguaje, la memoria colectiva se estaba perdiendo y la mayoría de las personas se comportaba con una mansedumbre propia de las ovejas de corral. Las calles eran lugares ordenados, en donde las gentes se desplazaban en un silencio solo interrumpido por las bocinas de los coches o los gemidos turbios de los tubos de escape de las motocicletas.

Ya nadie recordaba lo que había pasado.

Nadie, excepto una mujer casi centenaria que había decidido desobedecer desde el principio y que se dedicó a recopilar y a conservar palabras. Para que no la descubrieran guardó todas las palabras que tenía almacenadas en su cerebro en una especie de armario gigante que construyó camuflado bajo la pared del salón de su casa. El armario estaba lleno de cajones ordenados alfabéticamente y en cada uno de ellos había depositado las palabras que se iniciaban por la letra que daba nombre al cajón. 

Así, en el cajón dedicado a la letra “A” estaban guardadas “alforja”, “alambre”, “almíbar”, “arbusto”, “araña”, “ameno”, “amor”, “amistad”, “alucinante”, “alevoso”, “aire”…, y miles de palabras más, todas las que ella había podido recordar. Lo mismo sucedía con el cajón dedicado a la “S” o con el de la “M” o con el de la “T”. Había consagrado su vida entera a escribir todas las palabras en pequeños trocitos de papel y a la tarea inmensamente peligrosa de conservarlas. 

Ella tenía predilección por el cajón destinado a la letra “P”, porque dentro de él se encontraba la palabra “pesadilla”, una palabra que parecía inocua, pero que llegó a convertirse en un término revolucionario. Esta fue la primera palabra proscrita por las autoridades. La palabra “pesadilla” fue prohibida el día dos de octubre del año 2015, justo cuando ella cumplió treinta años, por eso lo recordaba tan bien.

La palabra “pesadilla” se decía mucho por aquellos entonces, la gente no paraba de repetirla para describir la situación que se vivía y las autoridades terminaron por prohibir el uso de esa palabra, como si así todo mejorara de forma automática y se dejara de vivir en una “pesadilla” por arte de magia.

La mujer casi centenaria que decidió desobedecer desde el principio recuerda ahora que comenzaron las señales de alarma muy pronto, pero que casi nadie se daba cuenta de ello. Los maniquíes de los escaparates empezaron a fabricarse sin boca, sobre todo los que representaban la figura de las mujeres. Se convirtió en una moda, todos los maniquíes femeninos se creaban sin boca. Aquello era una premonición, pero nadie lo veía. Luego vinieron todos los demás, los que representaban a los hombres o a los niños y a las niñas.

Otra de las señales fue que se popularizó abusar de los eufemismos y dejó de llamarse a las cosas por su nombre. Por ejemplo, nadie denominaba “culo” al “culo”, las gentes se dejaron arrastrar por la moda estúpida de llamarle “pompi”. Y no digamos ya cosas importantes como “hambre”, no se pronunciaba, se sustituía por “necesidad”. Como si el hambre dejara de existir por cambiarle en nombre.

El hecho fue que la situación se hizo insostenible para las autoridades y como vieron que no era suficiente con cambiar el nombre de las cosas, decidieron que lo mejor para conservar su poder era prohibir las palabras, terminar con ellas. Y así se inició toda una campaña de reeducación brutal, donde se emplearon todos los métodos. Simplemente el lenguaje pasó a mejor vida. Todas las palabras fueron recluidas, secuestradas, prohibidas.

Cuando la mujer casi centenaria recordaba la secuencia de los acontecimientos le entraban unas ganas tremendas de gritar palabras a voz en cuello a los cuatro vientos y de abrir todos los cajones del armario de su salón para que volaran libres y salieran por los ventanales como las mariposas que anuncian la primavera, buscando el aire fresco para inundar las calles.

El momento de la liberación de las palabras estaba cerca. Había soñado con ese momento  muchas veces y tenía que hacer realidad sus propios sueños. No podía irse a la tumba con ese anhelo cosido a su hígado.

Dentro de cuatro días, el dos de octubre de 2085, iba a cumplir cien años y había llegado la hora de comenzar a luchar. Se haría un regalo. Su pequeña revolución consistiría en abrir los cajones del armario de las palabras y los ventanales del salón para colocarse en el centro de la galería con un megáfono, dispuesta para gritar una por una todas las palabras según el orden en que habían sido prohibidas: “pesadilla”, “hambre”, “educación”, “consuelo”, “solidaridad”, “física”, “boca”, “amor”, “revolución”, “igualdad”, “cuerpo”, “matemáticas”, “literatura”, “sangría”, “chorizo”, “resistencia”, “carne”, “libertad”…así miles y miles de ellas, hasta la última que nombraría, que sería la palabra “pensar”.

El momento de la liberación de las palabras estaba cerca.

Carmen Barrios