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miércoles, 22 de julio de 2015

LA CABEZA DEL HÉROE


*La cabeza
LA CABEZA DEL HÉROE

Los héroes son derrotados en muchas ocasiones. Y puede que hasta su cabeza ruede por el suelo, pero dejan una impronta sobre los demás que borra los perfiles del tiempo, traspasa eternidades y sus hazañas pueden llegar a perdurar en la memoria durante siglos.

Los griegos saben mucho de leyendas y de héroes. Puede que en parte por eso hayan dado una lección de dignidad y de democracia al resto de Europa, aunque su firmeza les costara la primera derrota en la batalla contra la Troyka.

Los medios de toda Europa y los poderosos de las finanzas, que les sustentan, respiraron aliviados al poder “vender” en sus portadas la cabeza de Varufakis y casi la de Tsipras, tras la última imposición del Eurogrupo -capitaneado con saña por Schaübel, el ministro de finanzas alemán- sobre el pueblo griego. Según las lecturas de estos días Tsipras se ha rendido a la Troyka.

Los que mueven los hilos del dinero y la Gran Coalición de liberal-conservadores y socialdemócratas (solo de nombre, porque de eso ya tienen poco) que les hacen el coro político en Europa estaban muy interesados en escarmentar a los griegos, que se atrevieron a desafiar dos veces su poder, su orden europeo y al Estado alemán, que quiere imponer sus políticas por encima de lo razonable en la Unión, aunque las costuras revienten: la primera eligiendo a un Gobierno de izquierdas, de Syriza, y la segunda teniendo la tremenda osadía de someter a votación democrática los acuerdos con la Troyka. El miedo no pudo subvertir el sentido de las votaciones en Grecia, porque sus habitantes decidieron que sus derechos democráticos estaban por encima de imposiciones económicas que huelen a un imperialismo de otras épocas. Total sus vidas ya estaban por el barro, pero la dignidad no se arrastra.

Los griegos mantuvieron su dignidad democrática y la respuesta de la Troyka ha sido sitiarlos. Las condiciones leoninas que Tsipras ha tenido que aceptar para que no les echaran del Euro han sido tan duras que los miembros del club europeo ya se están arrepintiendo. El poder se ha quitado la máscara, mostrando su verdadero rostro de verdugo implacable ante los necesitados. La historia enseña que a veces los excesos cuestan muy caros. Y querer aplastar así a los débiles, pero justos, ha sido un exceso que es difícil de explicar. En la propia Alemania ya están surgiendo voces que critican en la prensa la actitud despiadada de sus dirigentes.

Todos sabían de antemano que la deuda griega era impagable. Ahora, tras la última vuelta de tuerca, se están dando cuenta que los excesos de los ordoliberales alemanes al final pueden costar muy caros a la Unión. El Eurogrupo, liderado por Alemania, se está saltado todos los valores que sustentan la Unión Europea al apostar por políticas de austeridad a ultranza para los países del Sur que subyugan y empobrecen a muchos millones de ciudadanos, no solo griegos. En virtud de estas políticas en los países del Sur, se producen, en serie, parados y contratados precarios. En millones de casos la devaluación vital está cruzando la peligrosa línea del derecho a una vida digna. En la propia España la cifra de parados supera con creces los cinco millones de personas y el desempleo entre los jóvenes es casi del 50%, el más alto de Europa (incluso por encima del de los griegos). El trabajo precario se ha convertido en lo habitual, como si se estuviera volviendo a unas condiciones laborales propias del inicio del siglo XX, pero con pueblos y con personas educados en los valores y en los derechos del XXI. Un coctel difícil de sostener en la Europa actual.

PULSO DESIGUAL
Si para algo ha servido el pulso desigual mantenido por los griegos ha sido para que todos los ciudadanos de la Unión visualizáramos con nitidez el escaso valor democrático que otorga la Europa acreedora a los países deudores y cuánto les sobran a algunos dirigentes y poderosos los valores de solidaridad, igualdad, derechos y principios democráticos sobre los que se fundó la Unión Europea, cuando se trata de mantener determinados intereses.

La Troyka le ha impuesto al Gobierno de Syriza, para conceder el tercer rescate (y permitir su permanencia en el Euro), un nuevo paquete de duros recortes, que afectan a pensiones y derechos laborales, un trágala que confronta con el programa de este partido. Tsipras, con su partido (aunque dividido) detrás, no ha tenido más remedio que aceptar porque era eso o salir del euro, algo que tal y como está diseñada la política económica dentro de Europa se veía como un suicidio. Suponía pasar de muy mal a mucho peor que mal.

El Gobierno griego ha conseguido quedarse dentro del euro y ganar tiempo, algo extremadamente importante en política, porque después del verano hay elecciones en varios países del Sur, entre ellos España, y puede haber sorpresas. Pero a mi juicio ha conseguido algo mucho más importante que no se había producido hasta ahora: ha removido el panorama europeo y aunque derrotados y con la cabeza de alguno de sus héroes por el suelo, todos en Europa saben que la posición de Grecia era la correcta y no así la de Alemania y los países centrales. Todos saben hoy que el Gobierno de Tsipras actuó bien, democráticamente, como se debería hacer siempre, consultando a sus ciudadanos, que los griegos hicieron bien votando que NO, que así no se hacen las cosas, que la deuda griega tiene que ser reestructurada e incluso tendrá que haber una quita, como ya sucedió con Alemania tras la Segunda Guerra Mundial.

Todos sabemos hoy que no era una cuestión económica la que se dirimía. Sino política. Que se trataba de escarmentar en la cabeza de los griegos a futuros navegantes (como ha advertido recientemente en una entrevista Ignacio Fernández Toxo). Que ese mantra repetido hasta la saciedad de que las deudas hay que pagarlas y que los tratados no permiten lo contrario (como aseguraba Schaübel) es una falacia. Porque de sobra hemos visto, por ejemplo en España, como se han perdonado las deudas millonarias de personas poderosas vía amnistías fiscales cuando ha sido conveniente, o cómo se ha rescatado a entidades financieras privadas con ingentes cantidades de dinero público, que han pasado a convertirse en una deuda contraída por los Estados. Parece ser que sí ha habido dinero para rescatar depende a quiénes, pero no lo ha habido para rescatar a los griegos, básicamente porque votaron a Syiriza, una opción de izquierdas que no convenía a los intereses de la Troyka ni a los de algunos dirigentes políticos muy cortos de vista.

Hoy todos en Europa sabemos que la Unión de los valores de solidaridad y de respeto, la Unión que aboga por la defensa del Estado del Bienestar y la salvaguarda de los derechos humanos y sociales ha estado defendida, con todo el coraje de los héroes que luchan por la Justicia, por un pequeño país, Grecia (su economía solo representa el 2% del PIB de la UE), en el que gobierna un partido de izquierdas que cree que la construcción de Europa tiene que ir por otros caminos, en los que haya cohesión, derechos, solidaridad y dignidad vital para las personas. Otra Europa es posible. No se puede seguir construyendo la Unión Europea con las desigualdades tan sustantivas que se están desarrollando tanto dentro de los países como entre los países. Así no se construye Europa.

Los héroes griegos se han levantado y han caído, de momento, en esta batalla desigual. Pero otros surgirán. Porque los pueblos de Europa están repletos de personas dignas, de personas que se sacarán el lastre del miedo de los bolsillos cuando llegue el momento, y volarán, volaremos muy alto.

En España tenemos muy cerca una cita con las urnas. Es de esperar que las fuerzas transformadoras sean capaces de agruparse en un movimiento amplio, se llame como se llame (Podemos, Ahora en Común sí Podemos, Podemos todos en común… o lo que sea), pero lo suficientemente representativo para vencer las políticas de austeridad y a esa Gran Coalición que las apuntala.

Esa cabeza del héroe que está en el suelo nos recuerda que estuvo en pié, que se levantó, que su lucha fue justa, sí, pero que para poder vencer en esta guerra económica y política contra el poder económico necesitamos millones de héroes unidos, necesitamos millones de personas liberadas del lastre del miedo y unidas para ganar, porque no queremos ser héroes caídos. Españoles, portugueses, Italianos…los griegos nos esperan.


*La fotografía que acompaña este texto la tomé en Agrigento (Sicilia), en las ruinas de la Magna Grecia. La cabeza es una escultura moderna, realizada en bronce y de tamaño monumental, de Igor Mitoraj. Cuando visité este valle tuve la suerte de encontrarme con una exposición de este gran escultor de origen polaco, que ha dedicado una parte importante de su obra a los héroes caídos. Esta fotografía es una metáfora en sí misma, que dialoga con el texto escrito y le proporciona un imaginario preciso.

Tanto el texto como la fotografía han sido publicados también en la web de información www.nuevatribuna.es

Carmen Barrios

domingo, 1 de diciembre de 2013

La degradación del trabajo



El trabajo se está devaluando en Europa rápidamente. Derechos que han costado conseguir años y años de luchas obreras, se están perdiendo con celeridad en una Europa que pretende competir en la economía global degradando el empleo, precarizando los contratos y abaratando salarios y despidos.

El cuento que pego a continuación es un relato sobre condiciones de trabajo brutales y sobre todo lo que hemos perdido, lo que hemos retrocedido en derechos laborales y bienestar de vida. Está siendo tan brutal el retroceso, tan rápido y tan bien montado mediáticamente, que están consiguiendo que lo que teníamos parezca una utopía inalcanzable. Pretenden conseguir que abandonemos y que desterremos la palabra utopía de nuestro imaginario.

Tengo que decir, que este relato es una ficción completamente real. Es más, se me ocurrió tras leer un artículo de denuncia aparecido en Le Monde Diplomatique de noviembre de 2013 sobre cómo se trabaja en cierta fábrica -perteneciente a una multinacional estadounidense de la venta on-line muy conocida- instalada en el norte de Alemania, en ese país que publicita el "éxito" de su economía y a menudo se obvia la degradación que también está sufriendo allí el empleo también. 

La fotografía que acompaña el relato la realicé hace un par de años en la calle de la Cabeza de Madrid. Un grupo de artistas urbanos crearon este cartel tan sugerente, en el que se ve al gran Hitchcock portando una leyenda bien elocuente.

Tanto el cuento como la fotografía han sido publicados también en le web de información www.nuevatribuna.es en la sección de cultura.


“EL TRABAJO OS HARÁ LIBRES”


La imagen de un Unicornio Azul ha aparecido pegada en algunas columnas de la fábrica, o pendiendo de los estantes donde se colocan miles de productos preparados para la venta. Este hecho, supone el inicio de un desafío de protesta que traspasa los límites de lo imaginable, dentro de la gran fábrica de la Comarca del Norte. Un edificio enorme de ocho plantas con forma de paralelepípedo, en cuya puerta de entrada puede leerse sobre el dintel un eslogan que dice: “El trabajo os hará libres”. La poderosa fábrica ocupa una extensión equivalente a trece campos de fútbol, donde acuden a trabajar diariamente miles de personas divididas en las categorías de “recepcionadores”, “almacenadores” y “recolectores”.



La imagen del Unicornio Azul va acompañada de la letra de una antigua canción, que dice así: “Mi unicornio azul ayer se me perdió/ pastando lo dejé y desapareció./ Mi unicornio azul/ ayer se me perdió,/
no sé si se me fue,/
no sé si extravió,/
y yo no tengo más/
que un unicornio azul,/
si alguien sabe de él,
/le ruego información…”. Una canción prohibida por el dueño de la compañía, el todopoderoso Kliver Dolan, más conocido como Kliv “Amazonia”, y que está considerado el Emperador de la venta on-line.



Kliv “Amazonia” tiene la costumbre de comenzar la gran campaña de la Fiesta de las Ventas de Navidad con un discurso sobre las bondades del trabajo duro, y sobre la extensa y afortunada familia que forman todos los empleados de la fábrica, de quienes él se considera un abnegado padre y benefactor. Cada año, el discurso es transmitido por la megafonía de la fábrica, mientras los empleados trabajan a destajo sin perder un segundo. Cuando finaliza, se emite música heavy metal muy estridente, que se repite durante cada jornada del periodo navideño, enloqueciendo a los empleados, que se comportan como cobayas adiestradas en un experimento de laboratorio. Los expertos del departamento de investigación aseguran que esta música imprime un ritmo más acelerado al trabajo e impide la comunicación entre los empleados, de manera que se puede llegar a doblar la producción durante el periodo de la gran Fiesta de las Ventas.

Además, en las instalaciones de la super fábrica de la Comarca del Norte no hay calefacción durante el invierno, porque así los empleados se mueven con mayor celeridad. Los expertos del departamento de investigación han calculado que se logra la máxima productividad cuando cada individuo del batallón de “recolectores” alcanza a recorrer, durante su turno de trabajo, 25 kilómetros por los pasillos, moviéndose a toda mecha y sin descanso de un estante a otro.

La Campaña de Navidad comienza precisamente hoy. Los encargados de la fábrica -que se distinguen por su uniforme negro marcial, acompañado de un silbato dorado y relucientes botas altas de cuero con el símbolo de la compañía impreso en la hebilla- están muy nerviosos y se afanan en quitar lo más deprisa posible las imágenes del Unicornio Azul de las columnas y de los estantes, para intentar que la mayoría de los trabajadores no llegue a enterarse de que el grupo del Unicornio ha iniciado una protesta, y se pueda emitir el discurso navideño de Kliv “Amazonia”, con la solemnidad que necesitan los actos que dan inicio a la gran Fiesta de las Ventas. Pero todo parece indicar que han llegado tarde.

Los expertos del departamento de investigación habían ideado un sistema que estaba funcionando muy bien hasta la fecha. Un empleado raso pasaba a formar parte del grupo de encargados, aumentando considerablemente su salario, cuando denunciaba a otro compañero, por hurto, deslealtad o falta de profesionalidad. De esta manera se conseguía que todos se sintieran vigilados entre sí y que cada empleado se dedicara única y exclusivamente a trabajar sin descanso, y sin comunicarse con nadie, que es lo que se tiene que hacer para no perder el puesto de trabajo y ser expulsado de los límites de la productiva Comarca del Norte.

Pero algo se rompió, algo cambió. El sistema dejó de funcionar hace un año, el día en que una de las “recolectoras” de la segunda planta se sintió mal, pidió ayuda reiterada porque tenía intensas palpitaciones en el pecho y nadie la escuchó. Murió de un infarto en medio del pasillo sin ser atendida y sin que ninguna persona le prestara ayuda por miedo a ser despedida. La mujer, que era de las más antiguas de la plantilla, acababa de cumplir cuarenta y cinco años y había sido denunciada, acusada de lentitud en el trabajo, un par de días antes, por un compañero de la división de los “almacenadores”, que rápidamente pasó a formar parte del cuerpo de encargados.

A la mañana siguiente de su muerte, amaneció un día de fractura en la gran fábrica de la Comarca del Norte. Ese día, el símbolo del Unicornio Azul apareció por primera vez pintado en el muro de la fachada Este a un lado y a otro de la puerta de entrada. A partir de este momento, el grupo del Unicornio Azul no ha dejado de actuar, y sus acciones han ido proporcionando esperanza a los trabajadores de la Compañía. Los empleados, antes muy dóciles, fueron cambiando de actitud. Algunos incluso comenzaron a atreverse a tararear la música de la canción prohibida cuando se acercaba algún encargado, y lo más extraño es que nadie más volvió a ser denunciado por deslealtad, ni por falta de profesionalidad, por ninguno de sus compañeros. Fue imposible saber quién había pintado el Unicornio Azul en la fachada Este de la fábrica, y una extraña tela de solidaridad se fue tejiendo poco a poco como un manto caliente, que actúa como escudo protector ante el despotismo de los encargados.

Hoy, el día del inicio de la gran Fiesta de las Ventas Navideñas, el símbolo del Unicornio Azul ha conseguido traspasar las fronteras de la puerta de entrada y muchos han podido contemplarlo en las columnas y pendiendo de los estantes, antes de que los encargados lo pudieran arrancar. La gran legión de almacenadores, recepcionadores y recolectores están preparados en sus puestos, todos tienen una extraña expresión en sus rostros. Por primera vez, parecen contentos. Cuando da comienzo el discurso de Kliv “Amazonia” cada empleado alza la voz en un grito sordo y acompasado. Cantan hasta desgañitarse la canción del Unicornio Azul, ahogando las palabras del discurso del Emperador de la venta on-line en un océano de versos, que reclaman la posibilidad cierta de recuperar la utopía con las manos. Los empleados abandonan sus puestos de trabajo mientras cantan “Mi unicornio azul ayer se me perdió/ pastando lo dejé….
”. 

Fuera de la fábrica todavía no ha despuntado el Sol, que se adivina muy tibio, pero ahí está, preparado en su lugar de astro imponente, listo para salir, aunque se obstinen en sujetarlo por los tobillos las brumas del frío invierno incipiente.
Carmen Barrios
    

domingo, 20 de octubre de 2013

Mañana de domingo en Lavapiés


Superviviente


Los quiero ver así, apoyados en la pared, en cualquier esquina de la calle, tranquilos, esperando a un amigo o a una amiga, relajados, bien vestidos y guapos, muy guapos. Se merecen tener una vida tranquila como la tuya, como la mía, como la nuestra. Una vida en la que se pasea los domingos por la mañana, se compra el periódico y se toma el sol un ratito, mientas se espera a alguien. O simplemente se pierde el tiempo viendo pasar a la gente por la calle. 
Los quiero ver así, entre nosotros, compartiendo. Con sus derechos sanitarios intactos, con sus hijos escolarizados en la escuela pública, como lo están los tuyos o los míos, con trabajos dignos y con derecho a cobertura de desempleo si fuera necesario. No los quiero clandestinos, ni escondidos, ni ilegales, porque son personas con derechos humanos, como tu, como yo, como nosotros. 

Los quiero ver así, y no muertos, fotografiados en los periódicos mientras las olas del mar los arrastran ahogados a la orilla. No los quiero ver alineados en ataúdes iguales -capturados en el estigma inamovible de la horizontalidad de la muerte- sobre el suelo de cualquier nave de Lampedusa, o de las Islas Canarias. Quiero que puedan viajar aquí, o allí, o a donde les de la gana a buscarse la vida...igual que viaja el dinero, o los ricos, que van donde quieren y nadie les pide los papeles nunca. 

Los quiero ver así, bien guapos y vestidos de domingo mientras miran con curiosidad a la fotógrafa que una mañana de domingo se paró para hacer un retrato a la bonita fachada de "Alimentación Touba" y uno de ellos estaba allí, y se dejó retratar. Uno de ellos, uno de esos héroes supervivientes del trayecto desde África, supervivientes de las aguas del Estrecho...supervivientes. Los quiero ver así con la vida en la mirada y en la boca y en las manos.

A continuación pego un poema que escribí hace un par de años, después de leer una de esas noticias espeluznantes en la prensa, que detallaba la muerte de más de treinta personas en el estrecho, tras naufragar el cayuco en el que viajaban. Lo pego ahora, porque por desgracia estos hechos no dejan de repetirse. Y cada vez mueren más personas intentando alcanzar esta Europa prometedora, que defrauda a los justos y a los solidarios, a los amantes de la fraternidad y de la libertad. Lampedusa tiene la piel herida por la tragedia. La tierra de esta isla está anegada por las lágrimas de los muertos y de los vivos. 

Va el poema:

Cayucos

Cayucos, pateras, balsitas de lata,
espacio infinito de sueños marchitos.

Presente de lodo e incierto futuro,
con rumbo hacia un Norte
que despierta el deseo
con anuncios de cielo
y aparta a los hombres
con murallas de hierro.


Cayucos, pateras, balsitas de lata,
espacio infinito de sueños marchitos.

Sol ardiente,
¡piel bruñida!,
labios arados con surcos de sequía.
¡Manos de polvo de escamas!
¡Cuerpos de luna fría!


Cayucos, pateras, balsitas de lata,
espacio infinito de sueños marchitos.